Opinión
La literatura en FELIT 2026 Tolima
Por Edgardo Ramírez Polanía
Entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre, el Centro de Convenciones Alfonso López Pumarejo de Ibagué reunirá escritores, editores, académicos y lectores, con México como país invitado de honor, en un encuentro que busca fortalecer el libro, la lectura y la circulación de la cultura escrita.
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En el siglo XIX empezó a conocerse la novela y la poesía en el departamento del Tolima, y su desarrollo se consolidó en el siglo XX, en contraste con quienes decían que buena parte de nuestra literatura padecía las limitaciones culturales de una sociedad todavía dominada por el sentimentalismo y cierta tendencia a confundir el relato de los acontecimientos con la verdadera creación literaria. Se advertía que el documento, la denuncia o la autenticidad de una tragedia no bastaban para producir una obra de arte.
Aquella apreciación, en sus inicios, pudo ser excesivamente severa, pero encerraba una reflexión que conserva vigencia. Una cosa es contar lo sucedido y otra, muy distinta, conseguir que la realidad, después de pasar por la sensibilidad y el lenguaje del escritor, alcance la dimensión perdurable de la literatura.
Colombia ha cambiado profundamente desde entonces y, con ella, su literatura. En el Tolima han surgido nuevas generaciones de escritores, nuevas formas de narrar y una mayor conciencia de que la cultura nacional no pertenece exclusivamente a los grandes centros urbanos.
Las regiones adquirieron voz propia y la provincia dejó de ser solamente un paisaje remoto para convertirse en territorio de memoria, conflicto, imaginación e identidad. En ese proceso, el Tolima ha construido una tradición que merece ser reconocida no solamente por el número de sus escritores, sino por la diversidad de los asuntos humanos y sociales que han llevado a sus páginas y que, en algunos casos, han alcanzado trascendencia internacional.
La creación literaria tolimense tampoco se concentra únicamente en Ibagué. En El Espinal, El Guamo, Líbano, Ortega, Honda, Mariquita, Melgar, Ambalema, Chaparral, Dolores y otras ciudades y municipios del departamento han surgido escritores que, desde la novela, el cuento, la poesía, la crónica y el ensayo, han convertido en materia literaria los problemas sociales, la memoria colectiva, la vida campesina, las luchas por la tierra y las transformaciones de sus comunidades.
Algunos de esos trabajos han merecido reconocimientos y todos contribuyen a demostrar que la literatura del Tolima posee hoy una geografía cultural mucho más extensa y diversa, nacida muchas veces lejos de las grandes vitrinas editoriales, pero cercana a las realidades de sus pueblos.
La violencia política, las luchas agrarias, la vida campesina, el poder regional, las migraciones y las innumerables historias individuales y colectivas han encontrado expresión, durante el último siglo, en las obras de Jorge Eliécer y Carlos Orlando Pardo, Eduardo Santa, así como en la poesía, el ensayo y la novela histórica de proyección internacional de William Ospina, en los escritos políticos y ensayos literarios de Alberto Santofimio Botero, en las novelas y cuentos de Germán Santamaría, Eutiquio Leal, Héctor Sánchez, Álvaro Hernández Vásquez, Jairo Restrepo Galeano, Manuel Giraldo, Carlos Pardo Viña y tantos otros que figuran en los varios tomos publicados por Carlos Orlando Pardo.
También merecen destacarse, dentro del esfuerzo por conservar y comprender la memoria regional, las publicaciones sobre historia de Álvaro Cuartas Coymat y Jairo Rivera Morales, cuyos trabajos contribuyen al conocimiento del pasado tolimense y al rescate de acontecimientos, personajes y procesos que forman parte de la identidad del departamento.
Junto a ellos existen numerosos autores que han dejado páginas memorables sobre el amor, la vida, la injusticia, la memoria y la muerte, demostrando que desde el Tolima se puede escribir sobre una aldea, una familia o un acontecimiento regional y, sin embargo, alcanzar los grandes interrogantes de la condición humana.
Ese crecimiento de la literatura ha estado acompañado por una transformación igualmente importante en la actividad editorial. Pijao Editores, las editoriales de la Universidad del Tolima y de la Universidad de Ibagué, Nous Books Editores y otras iniciativas han abierto posibilidades que hace medio siglo eran considerablemente más reducidas. Hoy existen mayores espacios para editar, corregir, diseñar, publicar y poner las obras en circulación. El aumento de escritores y lectores, unido a la presencia de editoriales regionales y universitarias, demuestra que alrededor del libro se ha venido formando una actividad intelectual y cultural con capacidad para proyectarse más allá de nuestras fronteras.
A esta tradición se suma el periodismo tolimense, que en numerosas ocasiones ha sido también territorio de creación literaria. El centenario El Cronista, hoy en su etapa digital, y medios de distintas épocas y trayectorias como Tolima 7 días, El Derecho y El Olfato han abierto sus páginas a la crónica, el ensayo y la opinión, géneros en los que el análisis de la realidad puede alcanzar verdadero calado literario. El buen periodismo no sustituye a la literatura, pero muchas veces se encuentra con ella en el dominio del lenguaje, en la capacidad de narrar una época y en la voluntad de preservar la memoria de una sociedad.
Publicar más, sin embargo, no significa necesariamente escribir mejor. Allí conserva vigencia aquella antigua reflexión sobre la diferencia entre el testimonio y la literatura. El acontecimiento por sí mismo no crea una novela, así como la sinceridad de una emoción tampoco produce necesariamente un poema. El documento conserva los hechos, el historiador los estudia, el periodista los comunica y el escritor tiene una responsabilidad diferente, transformarlos mediante el lenguaje y conseguir que una experiencia particular pueda ser reconocida como propia por un lector perteneciente a otro lugar o a otra época.
Para alcanzar esa dimensión se necesitan sensibilidad, imaginación, conocimiento y estilo. La literatura comienza muchas veces en la realidad, pero solamente perdura cuando el escritor logra trascenderla. Una historia sucedida en El Espinal, Chaparral, Honda, Líbano o cualquier municipio del Tolima puede tener tanta fuerza universal como aquella escrita en las grandes ciudades del mundo cuando dentro de ella aparecen las pasiones que acompañan al hombre desde siempre, el amor, el poder, la ambición, la soledad, la injusticia, la dignidad, la esperanza y la muerte. La geografía de la provincia deja entonces de ser una limitación y se convierte en el lugar desde donde también comienza lo universal.
FELIT 2026 adquiere, además, una especial significación institucional. Durante la edición de 2025, la gobernadora Adriana Magali Matiz manifestó públicamente su propósito de impulsar ante la Asamblea Departamental la oficialización del Festival. En 2026, la Gobernación del Tolima participa directamente, por medio de la Secretaría de Cultura y Turismo, en la realización de esta nueva edición junto con Pijao Editores. Este respaldo significa que el libro y la literatura comienzan a ocupar un espacio más definido dentro de la actividad cultural institucional del departamento, sin desconocer que la consolidación de una tradición literaria ha sido obra, durante décadas, de escritores, editores, universidades, gestores culturales y lectores del Tolima.
La importancia de FELIT no debería medirse solamente por el número de libros expuestos ni por la cantidad de autores invitados. Su verdadero significado estará en la capacidad de acercar nuevos lectores a los libros, estimular a los jóvenes escritores, favorecer a las editoriales regionales y permitir que los municipios encuentren allí un espacio para mostrar sus propias voces. Una feria del libro adquiere sentido cuando, después de cerrarse sus puertas, deja una inquietud intelectual, un nuevo lector, un escritor descubierto o un libro que continúa dialogando silenciosamente con quien lo llevó a su casa, y no cuando el libro queda reducido a un grupo de lectores que se conforman con un acto más de la cultura.
Hace más de cincuenta años podía afirmarse que nuestra literatura buscaba todavía los caminos que le permitieran superar el simple testimonio. Hoy el panorama es distinto. Existen escritores, editoriales, universidades, espacios de circulación y una comunidad de lectores considerablemente más amplia. Pero aquella exigencia esencial permanece. No basta escribir para hacer literatura, ni publicar para construir una obra. La palabra necesita elaboración, disciplina y belleza para vencer el tiempo.
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FELIT 2026 es también la oportunidad de celebrar ese largo recorrido de las letras tolimenses y de mirar hacia adelante. Porque una región no solamente permanece en sus monumentos, en su música, en sus archivos o en los acontecimientos que registra la historia. Permanece también en aquello que sus escritores fueron capaces de imaginar y dejar escrito para las generaciones futuras.
Los hechos pertenecen a su tiempo. La verdadera literatura consigue que ese tiempo permanezca en la memoria de los hombres.
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