Opinión
Barreto-Jaramillo: ¿el tapón de la renovación en el Tolima?
Por Henry Rengifo Hernández
En el ejercicio de la democracia, el derecho a elegir y ser elegido es sagrado. Desde la estricta legalidad, nada le impide al exgobernador y exsenador Óscar Barreto Quiroga dar señales claras de querer medirse otra vez en las urnas. De la misma manera, el exministro, exgobernador, exalcalde y excongresista Guillermo Alfonso Jaramillo está en su pleno derecho de escuchar a su entorno cercano que le prende velas e insiste en que asuma el reto de volver a la baraja electoral del departamento.
Ciertamente, la coincidencia entre ambos resulta tan evidente como preocupante: los dos irían tras la búsqueda de un tercer mandato en la Gobernación.
Es entendible que sus militantes y sectores afines celebren esa posibilidad. Lo que resulta difícil de asimilar para un sector mayoritario de la ciudadanía tolimense es el mensaje de fondo. Que dos dirigentes que acumulan décadas en el poder, y que ya tuvieron en sus manos durante dos periodos la conducción del departamento, contemplen la idea de repetir por tercera vez, no transmite fortaleza; deja un profundo sabor a desazón y desesperanza.
Será que ¿Nadie en sus huestes concibe el Tolima sin ellos al frente? La pretensión de un tercer mandato no es un acto de ambición individual aislado: es un freno de mano puesto a la renovación política del departamento. Dos figuras que por peso e historia deberían estar concentradas en formar, acompañar y promocionar nuevos liderazgos, terminan convertidas en el obstáculo que los asfixia.
En el caso particular del exministro, exgobernador, exalcalde y excongresista Guillermo Alfonso Jaramillo, ha predominado a lo largo de su trayectoria un personalismo absoluto. Su vida política no se ha distinguido por abrir espacios ni brindar oportunidades para hacer descollar a las personas que han estado a su lado; todo lo contrario, cualquier asomo de liderazgo emergente ha sido opacado. La capacidad, el mérito y el talento ahí no gusta. Esta práctica, mezquina y castradora, desdibuja la idea de un proyecto colectivo. Entonces, pedirle que regrese a ser candidato no debería ser la lógica imperante; la lógica exigiría que piense en la renovación y entienda que su mejor contribución actual es dar un paso al costado para dar lugar a las ideas frescas que el Tolima reclama.
Si se trata de buenas intenciones, seguramente muchos no las ponen en duda. Pensemos que los dos quieren mantener ese servicio, pero en política, la buena voluntad no basta cuando en el Tolima se pide a gritos un relevo. De manera contundente hay que decirlo, querer volver a gobernar por tercera vez no le aporta nada nuevo a las soluciones estructurales que el departamento hoy demanda.
El gesto más firme de grandeza que tanto el exgobernador Barreto como el exministro, exgobernador, exalcalde y excongresista Jaramillo podrían ofrecerle al departamento en el presente inmediato no es ganar otra elección, sino dar un paso al costado con generosidad. Qué acierto sería pasar de contendientes a mentores, impulsando un relevo generacional guiado por su propia experiencia, ese sí sería su verdadero legado. Lo contrario es prolongar un tapón político donde el liderazgo solo se entiende si lleva sus mismos apellidos.
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