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Opinión

Urrao, el callejón sin salida de la separación de la política y la economía

Urrao, el callejón sin salida de la separación de la política y la economía

Por Fernando Moreno
Veedor ciudadano


De la esfinge a la apertura del caudal de la represa mencionada en el título del artículo, hay un hilo tenso que atraviesa el corazón de todos los niños pobres de Córdoba. El ímpetu primitivo de la época paramilitar, mecánico por cierto, conecta quizá esa luz a la que pudiéramos llamar ignorante y que no le otorga una salida a la tragedia que hoy viven los cordobeses y sus familias, porque en esa concentración de tierras de manera extensiva, donde se sostienen dos vacas lecheras por hectárea, ya no hay para ordeñar ni terneros para amamantar; se ahogaron entre el agua que salió de la represa para inundar a los cordobeses.

No hay leche para amamantar a esos niños que hoy viven en los zarzos de las casas, porque el agua llegó hasta el techo de las mismas. Entonces, ¿qué pueden esperar los cordobeses y, en general, la Costa Atlántica, víctimas de las decisiones de la codicia de aquellos que esperaron hasta el último momento para dar la orden de abrir las compuertas y así inundar las sabanas donde los caballos corrían desnudos y libres? Porque el agua los tiene hasta el cuello, les arrebató su posibilidad de vivir en las fértiles tierras de Córdoba, donde se pudiera estar produciendo el maíz originario de nuestras tierras y no el que se importa de los EE. UU.

Esta vez no fueron las balas ni las motosierras que jugaban en las manos de los socios del matarife en las “casas de pique”, no, señores; es la codicia de aquellos dueños del monopolio de la energía la que causó la tragedia y que financian las campañas de los candidatos al Senado y la Cámara de los partidos de derechas, porque quizás se han imaginado que en algún momento de la existencia vendrán huracanes de oro. Porque ahora gimen los obreros y sus familias, que se albergan debajo de un techo de zinc que calienta sus costillas, porque el agua los obligó a meterse allí, como el animal que cuida a su manada en la madriguera.

Entonces, yo pregunto, ¿qué pensarán ahora los malditos magistrados que congelaron la ley de financiamiento, cuando el pueblo de la costa necesita la ayuda económica para sortear esta crisis?

¿El gobernador de Córdoba, que no se ubica en la realidad en que quedó su departamento, seguirá señalando al Gobierno como culpable de la desgracia que anunció un indígena embera katío y que por ello lo asesinaron?

La verdad es muy incómoda para la derecha porque, cuando se danza entre los billones de sus fortunas, no se compadece con la tragedia que vive el pueblo costeño. Pero vendrá una segunda fuerza revolucionaria, y ya no de utopías, porque ante los ojos de sus ciudadanos y campesinos, que tienen el agua hasta el cuello, entenderán quién tuvo la responsabilidad de lo sucedido.

El neoliberalismo trajo una represa, símbolo de riqueza y desarrollo en un sentido totalmente diferente a lo que la realidad reveló hoy, en tiempos de crudo invierno, porque los conceptos de corrupción sobre la megaobra ocultaron las responsabilidades estructurales que estaban escondidas en la lógica del sistema neoliberal; así pasa en el norte del Tolima, sobre la carretera que conecta a Murillo con Manizales, en el corredor del Parque Nacional Natural Los Nevados. Allí se mueren rápidamente los frailejones que están a lado y lado de la vía, llegando a Ventanas.

Si mueren los frailejones rápidamente, el agua se agotará de la misma manera, como para citar un ejemplo de la devastación que se vive en nuestra tierra.

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