Opinión
En el Tolima sí hay empresas, pero pocas están creciendo
Por Nelson Lugo
*Economista
Decir que a Ibagué le faltan empresas sería desconocer la realidad: más de 30.000 están registradas ante la Cámara de Comercio. La pregunta de fondo es otra: ¿cuántas han logrado aumentar sus ventas, contratar personal o llegar a nuevos mercados?
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Buena parte sigue concentrada en sostener la operación diaria, y solo una minoría consigue dar el siguiente paso. Por eso, mientras sigamos celebrando únicamente la apertura de negocios, el desempleo continuará recordándonos que crear una empresa y hacerla crecer no son la misma cosa.
El dato más reciente debería sacudirnos. En junio de 2026, mientras la tasa de desempleo nacional bajó al 8 %, Ibagué llegó al 12,8 % y quedó como la tercera ciudad con mayor desempleo del país, detrás de Quibdó y Cartagena. No es una cifra cualquiera. Es una señal de que algo en nuestra estructura empresarial no está funcionando al ritmo que necesitamos. (El Cronista)
Es fácil decir que faltan empresas. Yo no estoy de acuerdo. En el Tolima hay comerciantes, productores, profesionales independientes, industrias familiares y personas que llevan años sosteniendo negocios con esfuerzo. Hay conocimiento y hay mercado. Lo que escasea son empresas que pasen de atender a los mismos clientes de siempre a conquistar nuevos mercados; que dejen de depender completamente del dueño; que conviertan las ventas ocasionales en ingresos sostenidos.
Y ahí está la relación con el desempleo. Un negocio que apenas logra sostenerse difícilmente contrata. Si lo hace, contrata poco y con temor. Una empresa que crece, en cambio, necesita vendedores, técnicos, administradores, proveedores, aliados y nuevos liderazgos. El empleo no aparece por decreto presidencial, ni de un mandatario local. Aparece cuando una empresa encuentra razones para vender más y confianza para asumir el siguiente paso.
Después de años construyendo y acompañando empresas, he visto que el estancamiento rara vez se explica por una sola causa. A veces falta dirección comercial. Otras veces, información para decidir. También pesa la costumbre: se trabaja mucho, se resuelven urgencias todos los días, pero no se construye una organización capaz de avanzar sin que todo pase por las manos del fundador.
Muchos empresarios en el Tolima conocen bien su oficio, pero miran el crecimiento como una apuesta que conviene posponer. Contratar, abrir otro punto, cambiar la forma de vender o sumar aliados despierta dudas razonables. El problema comienza cuando la cautela deja de proteger el negocio y empieza a inmovilizarlo.
Una empresa que espera eliminar por completo la incertidumbre suele reaccionar cuando el mercado ya cambió. Aquí aparece un asunto del que hablamos poco: la confianza. No esa confianza ingenua de creer que todo saldrá bien, sino la que se gana cumpliendo compromisos, mostrando cuentas claras y obteniendo resultados. Cuando una empresa genera confianza, negocia más rápido, consigue mejores aliados y reduce el costo de cada decisión. Sin ella, cualquier inversión en negocios parece sospechosa y toda alianza se vuelve interminable.
El emprendimiento en Colombia suele destacar cuántas empresas se crean. Sería más útil preguntar cuántas superan los primeros años, aumentan sus ventas y generan empleo formal. Crear una matrícula mercantil no equivale a construir una empresa. Confundir ambas cosas nos ha llevado a medir actividad, cuando deberíamos medir crecimiento empresarial.
Por eso, no basta con contar cuántas empresas abren sus puertas. La pregunta importante es cuántas tienen condiciones para dar el siguiente paso. Avanzar no depende del tamaño ni de hacer grandes gastos: depende de entender al comprador, cuidar cada peso, corregir a tiempo y evitar que el aumento de las ventas convierta la operación en un caos. A veces será necesario apoyarse en una herramienta digital; otras, bastará con cambiar una práctica que ya no funciona. Esa lógica sirve tanto para una empresa familiar con más de una década de historia como para un negocio que apenas comienza.
El Tolima tiene oportunidades de negocio en agroindustria, turismo, logística, comercio, servicios y tecnología. Pero una oportunidad que nadie convierte en empresa termina beneficiando a otra región. Y ese es el verdadero riesgo: no que aquí falten ideas, sino que otros las ejecuten mejor y más rápido.
Debemos dejar de preguntar solamente cuántos negocios tenemos y empezar a preguntar cuántos están creciendo. Porque una región no cambia cuando abre más locales. Cambia cuando sus empresas ganan mercado, generan confianza y pueden ofrecerle futuro a su gente.
Tal vez el desempleo de Ibagué no sea únicamente una crisis laboral. Tal vez sea el reflejo de una conversación empresarial que llevamos demasiado tiempo aplazando.
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