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Opinión

El agro no se construye con dogmas: ministerio, gremios e industria son el equipo ganador

El agro no se construye con dogmas: ministerio, gremios e industria son el equipo ganador

Por Fernando García Rubio
Director ejecutivo de Confecaucho y Cenicaucho


En la conversación pública sobre el campo colombiano ha hecho carrera una falacia simplista: la idea de que los gremios agropecuarios son un monolito elitista divorciado del pequeño productor, o que la institucionalidad del Estado debe elegir entre apoyar a la economía campesina o aliarse con la industria. Esta falsa dicotomía no solo retrasa el desarrollo rural, sino que desconoce la arquitectura real del aparato productivo colombiano.

Para que el Ministerio de Agricultura y sus agencias adscritas (ADR, ANT, Finagro, ICA o la UPRA) logren articular una verdadera transformación territorial, es urgente superar la estigmatización que divide al agro entre “grandes, medianos y pequeños”, y reconocer en la institucionalidad gremial al aliado técnico más robusto con el que cuenta el Estado. El Ministerio lleva más de 10 años alejado de los gremios de una manera sistemática.

Hablar de "los gremios" en Colombia suele evocar equivocadamente a una sola cúpula o a cadenas agroalimentarias tradicionales o suscribirse solo a lo que digan algunas organizaciones como la SAC, entre otras. Sin embargo, la columna vertebral de vastas regiones de nuestra geografía está compuesta por diversos gremios como los de especies permanentes tropicales (como la palma de aceite, el cacao, el caucho natural, las especies amazónicas, la guadua y el banano). Estas actividades productivas no son enclave de unos pocos; son verdaderos motores de inclusión social y desarrollo regional.

Las cifras desmienten categóricamente los prejuicios ideológicos:

Palma de aceite (Fedepalma). De los productores de palma en Colombia, el 72% son pequeños agricultores con predios de menos de 20 hectáreas. Este sector genera más de 197.000 empleos, alcanzando una tasa de formalidad laboral del 82% (en un campo donde la informalidad históricamente supera el 80%). Además, la actividad palmera aporta cerca del 6% del PIB agropecuario nacional.

Cacao (Fedecacao). Representa a más de 65.000 familias rurales, de las cuales la inmensa mayoría son pequeños productores en municipios de cordillera y zonas vulnerables, sustituyendo economías ilícitas por cultivos lícitos de largo plazo.

• Caucho natural (Confecaucho). Agrupa a más de 15.000 familias y el 98% son pequeños productores en más de 19 departamentos con un crecimiento comercial en los últimos años que supera el 220%.

Estos gremios de cultivos no son competidores del pequeño campesino: son su red de soporte. Proveen asistencia técnica, financiamiento mediante fondos de fomento parafiscales, investigación científica aplicada y canalización de insumos que el Estado, por sí solo, no tiene la capacidad operativa de desplazar a cada rincón del país y que, por décadas, no ha apoyado.

Existe también una desatención sistemática hacia la industria transformadora y las empresas que compran la materia prima a los agricultores. Castigar o estigmatizar al comprador industrial con narrativa anticapitalista frena la demanda en el origen.

Si la planta extractora de aceite, la tostadora de café, la procesadora de chocolate, la comercializadora de fruta, las plantas de látex y caucho técnicamente especificado no tienen certidumbre jurídica, incentivos a la inversión, ni infraestructura para competir, el primer damnificado es el agricultor que se queda sin comprador para su cosecha y sus productos. La verdadera economía campesina florece cuando está inserta en cadenas de valor formales, integradas y sostenibles, con precios transparentes y contratos de compra anticipada.

El sector agropecuario viene aportando más de 3,4 millones de empleos directos y representa cerca del 10,5% del valor agregado de la economía colombiana. Para consolidar ese dinamismo, la política pública del Ministerio de Agricultura y sus agencias debe basarse en la complementariedad y no en la polarización.

Trabajar de la mano con los gremios no tradicionales que trabajan día a día - y no tienen para afiliarse a sociedades o “clubes gremiales” -   no significa descuidar la equidad ni la reforma agraria; al contrario, es el único camino pragmático para garantizar que la tierra entregada sea productiva y rentable.

Es hora de dejar atrás los etiquetados excluyentes. La distinción ideológica entre "grandes y pequeños" debe reemplazarse por una alianza estratégica entre el Estado, la institucionalidad gremial y la industria. Solo así convertiremos al campo colombiano en la potencia agroalimentaria y exportadora que tanto hemos prometido.

Es urgente ver el campo de manera integral, los gremios comparten lote a lote cada finca, pero son las instituciones y las agencias del agro las que convierten un predio en cajones en los cuales solo les interesa aquellos que les ofrecen victorias tempranas sin lograr un desarrollo integral del agro.

Un campesino que es productor de plátano, también es ganadero, cafetero, cauchero y hasta maderero, pero la política actual del Ministerio de Agricultura y sus instituciones se ha focalizado solo atender lo que sirva para cumplir metas políticas que han ocasionado un atraso productivo en los últimos años.

Esperemos que el nuevo gobierno vea en todos los gremios aliados de vital importancia para consolidar desde el campo la llamada “Patria milagro”.

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