Opinión
Colombia a elegir presidente
Por Pedro Luis Zambrano Cárdenas
La derecha se mueve con una candidata de partido, como lo es Paloma Valencia, representando al Centro Democrático y Abelardo de la Espriella, que intenta proyectarse como figura de derecha antisistema y de recia autoridad.
Paloma, aunque descendiente de un linaje caucano, (que entre otros incluye a un escritor, un presidente y grandes hacendados; que se les endilga, por su tendencia histórica de defender posiciones en contra de las luchas de indígenas y campesinos, por una posesión y explotación más equitativa de la tierra).
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Según lo dispuesto por su jefe el expresidente Uribe, ha tratado con esmero de copar no solo la derecha, sino también el centro antipetrista del espectro político; con hechos como el nombramiento de su fórmula vicepresidencial y sus variadas promesas de favorecer algunos focos deprimidos de población, con algunos beneficios puntuales; sin embargo, se nota como en buena parte de la opinión, se ha percibido que estas posturas resultan incoherentes con varios de sus discursos de campaña, y con los hechos de su gestión en el Congreso, en contra de proyectos de reformas sociales que les proveen algo de reconocimiento económico a poblaciones necesitadas de la mano protectora del Estado.
Es perceptible algo de estancamiento en la recta final de la campaña de Paloma Valencia, ocasionado no solo por sus incoherencias, sino, también por su tradición familiar, que le proyecta una mancha, semejante a la sombra de Laureano Gómez, que le cerró alguna vez el paso a la presidencia a su hijo, Alvaro Gómez Hurtado.
En el caso del candidato Abelardo de la Espriella, (a lo Trump), es un hombre de gran y controvertida fortuna económica (por casos de procesados, como el de Alex Saad y David Murcia, por solo citar dos de sus defendidos que actuaron al margen de la Ley), por la manera como la ha conseguido el referido, quien se ubica en una posición de ultraderecha.
Su discurso misógino, violento y amenazante contra sus opositores, lo disfraza con una supuesta “mano firme” y un “país seguro”; además, como Paloma, presenta evidentes contradicciones, entre sus afirmaciones y sus actuaciones, y; sin embargo, mantiene una alta sintonía en buena parte de la porción tradicional conservadora.
El otro candidato es Iván Cepeda, quien se presenta como el candidato del progresismo, constituido como una gran fuerza política unificada: Se trata de un hombre sereno, amante del diálogo, incluyendo a sus opositores y los empresarios, de la búsqueda incesante de la paz y siempre defensor de los derechos humanos. Proviene de una familia de izquierda, que ha sido victimizada en casi todos los tiempos, debiendo saborear, desde su niñez, el amargo del exilio y la muerte de su padre, asesinado en una censurable connivencia entre Estado y huestes paramilitares.
Cepeda, quien lidera las encuestas, hasta los últimos días previos a las votaciones del 31 de marzo; él se determina como un continuador de la política de reformas sociales, para el bien de poblaciones tradicionalmente pobres, deprimidas y olvidadas; que (Pese a todos los traspiés y deficiencias), comprometidamente con su pueblo, abordó el gobierno Petro.
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En tal propósito, Cepeda buscará hacer reales los cambios que se requieren para tener una mejor salud y educación; organizar un sistema nacional contra la macro corrupción; llevar a cabo una verdadera revolución agraria que nos haga autosostenibles; propiciar los diálogos de paz y; organizar un banco del pueblo para que los recursos lleguen directamente a las comunidades y no se enreden en los intermediarios. Por mi parte, me identifico con el progresismo y acompañare a Iván Cepeda, quien creo que será el próximo presidente de Colombia.
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