Opinión
Tolima: una hoja de ruta para la próxima década
Por Jaime Eduardo Reyes Martínez
*Director del Centro de pensamiento Eduardo Aldana Valdés.
En columnas anteriores defendimos la creación del Distrito Regional de Innovación, Ciencia y Tecnología del Tolima como una visión de futuro. Hoy, el Índice Departamental de Competitividad (IDC) 2026 aporta evidencia que confirma que esa propuesta no responde únicamente a una aspiración, sino a una necesidad estructural del departamento.
La principal conclusión del informe puede resumirse en una idea: el mayor desafío competitivo del Tolima ya no es ampliar la infraestructura o aumentar la cobertura educativa, sino desarrollar la capacidad para transformar conocimiento en innovación, empresas de mayor valor agregado y una economía más diversificada.
Una base sólida, pero insuficiente
El IDC 2026 muestra que el Tolima ha logrado avances importantes en diferentes pilares de competitividad. Sin embargo, continúa rezagado precisamente en aquellos factores que determinan el crecimiento económico de largo plazo: innovación, sofisticación empresarial y diversificación productiva.

Esto significa que el departamento ha construido mejores condiciones para competir, pero todavía no desarrolla plenamente las capacidades necesarias para crear nuevas ventajas competitivas.
La realidad económica confirma este diagnóstico. La estructura productiva del Tolima continúa concentrada en un número reducido de actividades, principalmente agricultura, comercio, construcción y algunos servicios. Estos sectores seguirán siendo fundamentales para la economía regional, pero por sí solos difícilmente permitirán alcanzar mayores niveles de productividad e ingresos.

El reto es agregar valor
El verdadero desafío no consiste únicamente en producir más arroz, café o frutas. La prioridad debe ser procesar esa producción, desarrollar nuevos productos, incorporar tecnología, fortalecer marcas regionales y conquistar mercados con bienes y servicios de mayor valor agregado. El gran desafío es mejorar en el tamaño del mercado externo y en el grado de apertura comercial.
Esa es la diferencia entre crecer y desarrollarse.
Hoy, los territorios más competitivos no se distinguen únicamente por tener mejores carreteras o mayor cobertura educativa. Se caracterizan por contar con ecosistemas donde universidades, empresas, centros de investigación y gobiernos trabajan de manera articulada para convertir el conocimiento en innovación y desarrollo económico.
El IDC evidencia que precisamente esa articulación sigue siendo una de las principales debilidades del Tolima.
Un Distrito Regional de Innovación
En este contexto cobra especial importancia la propuesta de crear un Distrito Regional de Innovación, Ciencia y Tecnología para el Tolima.
No se trata de construir un parque tecnológico ni de levantar nuevos edificios institucionales. El propósito es consolidar un ecosistema permanente que articule universidades, centros de investigación, empresas, emprendedores, entidades públicas e inversionistas alrededor de una agenda común de desarrollo.
Un modelo de esta naturaleza permitiría orientar esfuerzos hacia objetivos concretos como aumentar la inversión en investigación, desarrollo e innovación; fortalecer la transferencia tecnológica desde las universidades hacia las empresas; impulsar emprendimientos de base tecnológica; acelerar la transformación digital de las pequeñas y medianas empresas; promover la agroindustria y consolidar cadenas de valor con mayor contenido tecnológico y capacidad exportadora.

Innovación para todo el territorio
Uno de los mayores aportes de esta iniciativa sería descentralizar las capacidades de innovación.
Actualmente, buena parte de la infraestructura científica y tecnológica del departamento se concentra en Ibagué. Un Distrito Regional permitiría construir una red de nodos especializados de acuerdo con las vocaciones productivas de cada subregión: agroindustria en El Espinal siendo la base de esto el Agro parque del Sena; bioeconomía y agricultura sostenible en Cajamarca; logística sobre el corredor Girardot-Ibagué; turismo e industrias creativas en distintos municipios y servicios basados en conocimiento en la capital.
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De esta manera, la innovación dejaría de ser un fenómeno localizado para convertirse en una estrategia de desarrollo territorial.
En este propósito también resulta fundamental fortalecer el papel del Comité Universidad-Empresa-Estado (CUEE Tolima) como escenario permanente de articulación entre la academia, el sector productivo y las instituciones públicas. Su éxito dependerá de su capacidad para liderar proyectos transformadores y mantener una visión de largo plazo que tengan como objeto de trabajo la innovación y sofisticación y diversificación de las empresas y sus productos.
Reitero en este análisis que la visión del CUEE debe ser distinta, aunque complementaria, de la propuesta por la Comisión Regional de Competitividad. El objetivo del CUEE debe ser el desarrollo empresarial y el objetivo de la Comisión Regional de Competitividad el desarrollo territorial. El primero se debe enfocar en proyectos de ecosistema innovador, el segundo en proyectos de condiciones habilitantes.
Una hoja de ruta para la próxima década
El IDC 2026 deja una enseñanza adicional: la cercanía con Bogotá no garantiza por sí sola mayores niveles de desarrollo. Compartir región con el principal centro económico del país no implica que la competitividad se difunda automáticamente. Esa capacidad debe construirse desde el territorio mediante instituciones sólidas, empresas innovadoras y una relación estrecha entre la academia y el sector productivo.
En economía existe un principio ampliamente conocido: las regiones que dependen exclusivamente de lo que ya saben hacer terminan perdiendo dinamismo; aquellas que aprenden, innovan y diversifican logran sostener su crecimiento en el tiempo.
El Tolima ya demostró que puede mejorar varios de sus indicadores de competitividad. El reto de la próxima década será mucho más exigente: convertir el conocimiento en productividad, la innovación en nuevas empresas y la diversificación en mayores oportunidades para toda la población.
Por eso, el IDC 2026 no debe leerse únicamente como un ranking. Debe entenderse como una hoja de ruta que señala el camino hacia un modelo de desarrollo basado en el conocimiento, la innovación y la sofisticación productiva. La competitividad del futuro no dependerá de producir más de lo mismo, sino de la capacidad de transformar nuestras ventajas tradicionales en nuevas oportunidades de desarrollo.
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