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¿Barretismo por cuatro años más?
Si Óscar Barreto decide no competir, el nombre de Fernando Borja emerge con fuerza como la carta natural para la Gobernación.
Tras los resultados de la reciente contienda presidencial, los vientos políticos en el Tolima continúan soplando a favor de la organización que domina la escena departamental desde hace más de dos décadas. Para la oposición esto puede resultar complejo de admitir; sin embargo, desconocer la realidad no es una opción estratégica en la coyuntura actual.
Con el triunfo de Abelardo de la Espriella a la Presidencia, el barretismo consolidó aún más su poder. Pese a ello, ese fortalecimiento dependerá en gran medida de los intereses regionales que defina el nuevo presidente de cara a las elecciones de Gobernación y alcaldías en 2027. En ese marco, el departamento no será ajeno a las tensiones políticas entre la derecha que encarna el mandatario electo y el Centro Democrático de Álvaro Uribe Vélez.
Una racha de poder
El panorama político de cara al periodo constitucional 2028-2031 perfila las dinámicas del barretismo tras sus mandatos consecutivos en la Gobernación del Tolima: Óscar Barreto (2016-2019), Ricardo Orozco (2020-2023) y la actual gobernadora Adriana Magali Matiz (2024-2027). Para 2027, la estructura buscará su cuarto periodo consecutivo en el Palacio del Mango.
La maquinaria barretista no solo fue determinante en la victoria de De la Espriella, sino que ya había demostrado su musculo electoral en los comicios legislativos, al asegurar tres de las seis curules a la Cámara que le corresponden al Tolima y lograr la elección de Santiago Barreto Triana en el Senado.
En esta campaña, el barretismo capitalizará el ambiente favorable hacia el Gobierno nacional. Todo indica que cerrará filas en torno al discurso de derecha del nuevo jefe de Estado para ensanchar su espacio político. Aunque hasta hace poco se preveía un desgaste natural tras dos décadas de dominio, los recientes triunfos electorales le han inyectado el oxígeno necesario para sostener su hegemonía.
¿Quiénes son los precandidatos a la Gobernación?
A 14 meses de que los tolimenses elijan a su próximo mandatario, por ahora en el seno del barretismo se descarta la continuidad de un liderazgo femenino tras el mandato de Matiz. Las cartas están sobre la mesa, y la discusión central es quién recibirá la bendición final.
Óscar Barreto quien después de los reveces electorales que padeció en sus inicios, terminó convertido en un estratega pragmático y eficaz. Hoy, con su frase habitual que ya hizo carrera dentro de su organización y que se la manifiesta a todo aquel que le llega con el “yo quiero ser candidato” y el “Vaya trabaje y ahí vamos mirando”, ya tiene varios de sus pupilos, incluido él, “tanteando el terreno”
Baraja barretista con cuatro nombres
Óscar Barreto encabeza la lista para estar preparado en caso de que el actual ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, asuma la candidatura por el Pacto Histórico y la Alianza por la Vida. “Si finalmente Jaramillo decide ser candidato, Óscar Barreto está listo para enfrentarlo”, reveló a El Cronista.co una fuente cercana a la colectividad.
El nombre de Fernando Borja, después de Barreto, se proyecta como la opción de mayor peso técnico y territorial para asumir la candidatura oficial en febrero de 2027.
En el caso de Ricardo Orozco, su precandidatura genera cuestionamientos dentro de las mismas huestes barretistas debido al peso mediático de denuncias por violencia intrafamiliar realizadas por su exesposa, sumado a investigaciones sobre su gestión como gobernador.
Y el diputado Giovanni Molina no es visto aún con altas posibilidades por un sector del movimiento, donde consideran que le falta recorrido político para encarar un reto de la magnitud de una gobernación.
Fernando Borja: el baquiano del Tolima
Lo cierto es tal como se vislumbra el panorama en las primeras de cambio, el nombre de Fernando Borja emerge como el de más opción para quedarse con la candidatura en caso de que Óscar Barreto desista.
Para entender el mapa político del Tolima no solo hay que estudiar sus cifras, hay que haber recorrido sus trochas, veredas y municipios de punta a punta. Si hay alguien que conoce cada rincón del departamento centímetro a centímetro, ese es Fernando Borja.
Ingeniero de profesión y estratega por vocación, Borja no es un aparecido en la arena política. Lleva más de dos décadas al lado del exsenador y exgobernador Óscar Barreto, convirtiéndose en una pieza estructural dentro del movimiento barretista del Partido Conservador. Ha sido, sin ambages, el hombre de la batuta, el articulador silencioso y el cerebro detrás de la avanzada en múltiples contiendas electorales: cinco campañas a la Gobernación, de las cuales han salido victoriosos en cuatro, además de coordinar importantes gestas para el Senado y la Cámara de Representantes.
Sin embargo, a pesar de haber sido el motor organizativo de tantas victorias, la mayor fortaleza de Fernando Borja no está solo en la logística electoral, sino en su contacto directo con la gente. Haber transitado el departamento una y otra vez le da una lectura real, directa y profunda del territorio. Hoy se dice en las calles y veredas que no hay nadie que conozca mejor las necesidades del Tolima que él.
Lo que verdaderamente distingue a Fernando Borja en el panorama actual es su sello personal. En una época marcada por el ruido y la confrontación política, Borja representa la antítesis de la estridencia. Las comunidades destacan en él una sencillez natural y una decencia a toda prueba. Es, para muchos, la encarnación del tolimense más auténtico: de habla pausada, trato afable, siempre dispuesto a escuchar con atención y respeto a quien se le acerque.
Esa calidez y empatía le otorgan un carisma singular. Curiosamente, aunque es un hombre con más de 20 años de trayectoria en las entrañas de la política regional, proyecta la frescura y cercanía de un outsider. No necesita alzar la voz ni apelar a populismos para conectar; su estilo es el de las buenas maneras, el de la serenidad y la seriedad técnica.
Hoy, cuando la ciudadanía tolimense parece reclamar un liderazgo más humano, decente y conciliador, la figura de Fernando Borja cobra una vigencia especial. Como precandidato a la Gobernación del Tolima, no solo aspira a ser el ungido de su colectividad, sino a interpretar con fidelidad ese sentir popular que pide a gritos un gobernante que conozca la tierra que pisa y trate a su gente con la dignidad que merece.
Con este abanico de aspirantes, el barretismo proyecta su apuesta para permanecer en el poder regional. En un departamento que, junto a Antioquia y los Santanderes, se reconfirmó como bastión de la derecha en la segunda vuelta presidencial, queda abierta la incógnita: ¿tendrán el Pacto Histórico y la Alianza por la Vida el peso necesario para frenar la hegemonía barretista en el Tolima?
Henry Rengifo
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