Opinión
Alcaldesa de Ibagué: es hora de demostrar vuelo propio
Por Henry Rengifo Hernández
A la alcaldesa de Ibagué, Johana Aranda, le restan escasos 20 meses de mandato; un tiempo que, en el ejercicio del poder, suele evaporarse entre la inercia burocrática y las distracciones electorales. Gran parte de ese periodo coincidirá con elecciones presidenciales y regionales, por lo que Ibagué lo que menos necesita es una mandataria que se deje encandilar por los "cantos de sirena" de áulicos sin oficio.
Ahora que todo indica que la Alcaldesa ha logrado, por fin, zafarse del pesado lastre que significaba la sombra de su antecesor, Andrés Hurtado —quien la mantuvo maniatada bajo una presión burocrática y de contratación asfixiante—, es el momento de un verdadero punto de inflexión. Es la hora de demostrar que tiene vuelo propio.
El castigo que recibió el "hurtadismo" en las urnas fue un mensaje contundente de la ciudadanía: el modelo de gestión basado en el personalismo y la imposición familiar fracasó. En ese sentido, Aranda tiene la oportunidad de gobernar con autonomía, sin libretos impuestos.
Es necesario que la alcaldeza mantenga los pies en la tierra. Hoy, un sector de seguidores, movidos más por la adulación que la convicción, intentan pintarla como una "alcaldesa maravilla" y acuñar el término "arandismo". Es un error que ya se vio con el pretendido "hurtadismo", una etiqueta que nació muerta y que hoy, con su antecesor en el ostracismo político, demuestra que los liderazgos no se decretan con adjetivos, sino con resultados.
A esos que hoy le "queman incienso", la mandataria debe exigirles trabajo. Ibagué no está para celebraciones ni epítetos grandilocuentes; aquí todo está por hacer. Gobernar para el elogio de los comités de aplausos es el primer paso hacia el olvido.
Obras como el Sistema Estratégico de Trasnporte Público (SETP) es la prueba de fuego en esta etapa de independencia. No basta con dejarlo "en marcha"; la ciudad exige eficiencia técnica y transparencia. Si Aranda logra que el SETP sea una realidad funcional y no un dolor de cabeza eterno, habrá salvado su gestión. A propósito, se dice que al interior de este proyecto anida la ineficiencia y que de allí se desprende la paquidermia que ralentiza el proceso por culpa de las cuotas politiqueras.
Con la campaña presidencial en el horizonte, el riesgo de repetir errores es alto. La Alcaldesa debe evitar el activismo político que tanto daño le hizo a la institucionalidad local hace cuatro años. Aquel episodio del "Yo me identi-fico" debe ser el recordatorio de lo que sucede cuando un gobernante toma partido en lo que no le compete. Su compromiso es recuperar las vías, garantizar el suministro de agua, fortalecer la seguridad y asegurar que el SETP avance.
En conclusión, la alcaldesa Aranda debe saber que el tiempo en el poder es implacable. Ahora que está libre de cadenas, le toca demostrar si esa libertad se traduce en una ciudad mejor o si simplemente es cambiar un personalismo por otro. La prioridad debe ser Ibagué, nunca la politiquería.
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