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Su majestad el mangostino
Es imposible precisar la fecha exacta de cuándo el mangostino plantó sus raíces por primera vez en Mariquita y tomó la decisión de quedarse para siempre en esta tierra. Al menos yo no lo sé. Hay quienes afirman, y es la versión aceptada, que llegó a inicios del siglo XX, traído por ingleses que trabajaban en proyectos mineros en Mariquita, especialmente en Malpaso y La Parroquia; y que allí, en esas veredas, se realizaron las primeras plantaciones en razón a la similitud climática con el sudeste asiático —600 a 900 m s. n. m., suelos ácidos y húmedos—, de donde es originario.
Que haya llegado, se haya adaptado y naturalizado en San Sebastián de Mariquita es casi un milagro. Sus orígenes son remotos y milenarios. Se afirma también, con cierto rigor investigativo, que la Garcinia mangostana, como se le conoce científicamente, nació en las islas de la Sonda y las Molucas, en Indonesia, y que de allí pasó a la India y a Sri Lanka, colonias del Imperio británico durante buena parte del siglo XIX y la primera mitad del XX. Esto explica que algún nostálgico minero inglés, o ingeniero constructor de ferrocarriles y cables aéreos, la haya llevado consigo para darle gusto a su paladar.
Una región, una historia
Actualmente, Mariquita y cinco municipios más del norte del Tolima —Honda, Falan, Fresno, Armero-Guayabal y Palocabildo— conforman una zona que se ha convertido en el principal productor de mangostino del continente americano. Pero está lejos, muy lejos de competir con Tailandia, el principal productor mundial, con un registro anual cercano a las 300.000 toneladas, mientras Colombia apenas alcanza entre 1.500 y 2.000.
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El precio internacional oscila entre 5 y 12 dólares el kilo, y es lógico que así sea: el mangostino combina un sabor excepcional con propiedades antioxidantes y beneficios para la salud que lo convierten en una fruta exótica de alto valor nutricional y comercial.
En los años 70, el poeta, historiador y empresario mariquiteño Hernando Ávila Vanegas lo homenajeó creando un festival de música en su honor y componiéndole una canción: El mangostino de plata. Fue en 1973, el mismo año en que se realizó el primer Festival Nacional de Solistas de Tiple, también en Mariquita, por iniciativa del periodista y alcalde José Ignacio Arciniegas y un grupo de ciudadanos que marcó un hito en la vida local. Hace 31 años, el abogado Bladimiro Molina Vergel, junto con otros ciudadanos, le subió la categoría y creó el Festival Nacional de Música Mangostino de Oro, devenido en símbolo de identidad de Mariquita, que se celebra cada año a mediados de agosto.
Este fruto ha adquirido carta de naturaleza gracias a una resolución de la Superintendencia de Industria y Comercio, que le ha reconocido denominación de origen, culminando así un proceso iniciado por la Alcaldía de Mariquita, la Cámara de Comercio de Honda, Guaduas y Norte del Tolima, y el Centro Regional de Productividad y Desarrollo Tecnológico del Tolima (CPT).
El alcance de esta decisión será explicado este martes en Mariquita, en una reunión organizada para tal efecto. Es un título más que suma este blasonado municipio tolimense, al que esta misma institución le reconociera recientemente la marca Capital Frutera de Colombia, la cual no necesita mayor explicación, gracias a esa diversidad frutícola sin par que lo distingue, e impregna sus calles con aromas de mameyes, anones, zapotes, carambolas, naranjas y pomarrosas que con sus flores las tapizan de un suigéneris color púrpura.
Desde los tiempos de la colonia
Así, la muy noble y leal ciudad de Mariquita, como se le conoció en tiempos de Felipe II, ha ido atesorando títulos y reconocimientos que quizás comenzaron en el siglo XVII, cuando fue uno de los principales enclaves mineros de la colonia; o en el XVIII, cuando Mutis la escogió como sede de la Real Expedición Botánica de la Nueva Granada; o en el XIX, cuando José León Armero la convirtió en república independiente e hizo de Honda su capital. Podría reclamar también ser la capital nacional del tiple, o de la bicicleta, gracias a los más de 5.000 ciclistas que anualmente se congregan para desafiar el ascenso desde Mariquita hasta el Alto de Letras, considerado el puerto de montaña más empinado del planeta en un tramo de solo 80 km de ascenso continuo, 4 % de pendiente promedio y 4.083 metros de altura.
Quizás en el futuro vengan más títulos: la denominación de origen para el pan de Mariquita, o el aguacate o la manga, otra delicia sin par que, lamentablemente, comienza a escasear. Habrá que esperar. De momento, celebrar el logro de contar con su más reciente distinción: el mangostino de Mariquita. Ya existe un ‘museo’ en su honor, donde es posible degustar dulces, helados y adquirir cremas y jabones a base de esta fruta, tan mariquiteña como su propio himno, la princesa Luchima o el Cacique Marquetá.
¡Larga vida a su majestad el Mangostino!
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