Periodismo de análisis y opinión de Ibagué y el Tolima

Opinión

La indiferencia y una esperanza para el campo libanense

La indiferencia y una esperanza para el campo libanense

Fernando Moreno
*Veedor ciudadano


El gobierno Petro planteó una apuesta clara para cerrar la brecha entre el campo y la ciudad; por ello, priorizó la infraestructura básica y la participación comunitaria.

Estas intenciones, cuando aterrizaron en los corregimientos de Santa Teresa, San Fernando, San Jorge, El Convenio y Tierradentro, corregimientos de Líbano, revelan tensiones profundas entre la visión política y las limitaciones institucionales.

Las cortes, en su momento, limitaron la ejecución directa de los proyectos por parte de las juntas de acción comunal, actores claves en el desarrollo rural. Esas decisiones buscaban proteger el poder político de turno en gobernaciones y alcaldías, que para el caso del Tolima y en especial de Líbano, ese poder está en manos de los conservadores y godos camuflados de independientes.

Esto, en la práctica, generó demoras, sobrecostos y, en algunos casos, la paralización de iniciativas que ya contaban con organización comunitaria y voluntad colectiva; en especial, después de las elecciones del 8 de marzo, donde los conservadores no obtuvieron los resultados esperados. Obras sin terminar, materiales a la intemperie, abandonando las promesas de campaña.

Así terminaron desconociendo la participación de las comunidades rurales y la culminación de lo planeado, tal y como ocurrió con el puente que dejaron en el abandono y la incomunicación de sus vecinos rurales, días antes de las elecciones a Congreso, en la vía que continúa carrera 13 en dirección a la vereda La Esperanza, a mano derecha; como para citar un ejemplo.

Pero el abandono estructural en corregimientos como San Fernando, San Jorge y Santa Teresa sigue siendo palpable. No se explica cómo es que sus habitantes, sabiendo esto, siguen votando por los mismos y ahora, donde el invierno no da tregua, se ven obligados a realizar un paro.

Las vías en mal estado afectan la movilidad, encarecen el transporte de productos agrícolas y de remesas, limitan el acceso a servicios básicos como la recolección de las basuras y profundizan la desigualdad. En los corregimientos ya saben que no se puede esperar soluciones por parte de la gobernación y la alcaldía.

Frente a este panorama, han surgido alternativas desde la base social: modelos de autogestión familiar y comunitaria están demostrando que es posible avanzar con recursos limitados. En estas iniciativas, las mujeres asumen un rol en la compra de materiales y la fabricación de tubos para drenajes, mientras que los hombres contribuyen en la excavación, adecuación e instalación de la tubería; reduciendo el costo, fortaleciendo el tejido social y generando un sentido de apropiación sobre las obras.

En Líbano, históricamente han surgido movimientos sociales y, en el presente, no buscan ser sustitutos de los partidos políticos; por el contrario, se está entendiendo que debemos articularnos dentro de un modelo progresista que amplíe la diversidad de pensamiento en el pacto por la vida.

Entendido esto, el reto del progresismo en Líbano y en el Tolima no es solo mantener un discurso de inclusión, sino adaptarlo a mecanismos flexibles que reconozcan la capacidad de las comunidades sin vulnerar los principios de legalidad.

En tiempos en que se llama a los ciudadanos y campesinos, hombres y mujeres, a renovar los representantes de las juntas de acción comunal, se debe entender que, si buscamos articularnos desde las elecciones a la presidencia y en las elecciones a gobernación y alcaldías el año próximo, se deben simplificar los procesos y facilitar los acompañamientos técnicos y de supervisión en lugar de excluirlas.

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