Opinión
Agarrados como perros y gatos: el castigo social y político
Por José Baruth Tafur G
Especialista en marketing político y estrategias de campaña.
Los actores políticos no solo están expuestos a los vaivenes del poder, sino también al escrutinio constante de la ciudadanía frente a sus acciones, discursos y decisiones.
En el Tolima, varios eventos recientes han evidenciado cómo las malas prácticas políticas, los escándalos y la falta de coherencia entre lo dicho y lo hecho pueden resultar en un castigo tanto electoral como social. Los ciudadanos castigan los escándalos. Este fenómeno está siendo claramente ejemplificado por ciertas figuras políticas que, bajo la mirada crítica de la opinión pública, han visto cómo su capital político se ha ido desmoronando.
Un caso particularmente relevante es el de los ‘hurtadistas’. Los escándalos que han rodeado sus nombres y la actitud de prepotencia, arrogancia y sectarismo mostrada tanto por ellos como por su jefe de clan, han sido vistos con desconfianza por amplios sectores de la ciudadanía.
El quiebre con la jefa de cartera del municipio, en gran parte originado por la falta de cohesión dentro de su propio grupo, muestra cómo la desunión interna y la cultura política tóxica afectan gravemente el trabajo de los mismos actores políticos.
Es imposible no recordar las desafortunadas declaraciones de Hurtado, quien, al referirse a la funcionaria como “la mujer tonta”, demostró no solo una falta de respeto, sino también una visión despectiva que, lejos de beneficiar al grupo, terminó por perjudicar su imagen y su futuro político.
A la par de este fenómeno, el Pacto Verde Histórico con Renzo García celebró lo que calificó como una “histórica” votación en el Tolima al alcanzar dos curules, lo cual fue recibido por su segmento electoral con aplausos como focas. Sin embargo, al analizar más a fondo, se puede concluir que esta “victoria histórica” no fue el resultado de un trabajo sólido de base, sino de maniobras estratégicas que debilitaron otras estructuras políticas.
De manera específica, la jugada de Mauricio Jaramillo al desmantelar el Partido Liberal, enviando líderes a votar por Marco Emilio, revela cómo la política local no siempre se basa en la construcción orgánica de votos, sino en desmantelar a los competidores.
Así, la segunda curul obtenida por el Pacto Verde no refleja necesariamente un crecimiento real, sino más bien la desintegración de una estructura previamente existente.
La oposición no está necesariamente en ascenso; simplemente desarmaron a un actor político relevante, como lo fue Olga Beatriz. En consecuencia, lo que aparentemente es un “crecimiento” de la nueva fuerza política revela más bien el desgaste de los sectores tradicionales.
En conclusión, mientras están en el coliseo menor de Ibagué, agarrados como perros y gatos, lo que realmente ocurre en el Tolima refleja no solo un cambio en las estructuras de poder, sino también una reflexión sobre la verdadera consolidación de los movimientos políticos.
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Mientras algunos celebran victorias obtenidas a través de alianzas estratégicas, pero que poco a poco los van arrinconando sin capacidad de maniobra, otros observan cómo el castigo por prácticas arrogantes y despectivas se traduce en un distanciamiento creciente de la ciudadanía.
Los actores políticos deben comprender que la ética, el respeto y la coherencia entre sus discursos y acciones son elementos esenciales para ganar la confianza y el apoyo de la gente. De lo contrario, seguirán enfrentando el mismo destino: un castigo social y político que puede resultar mucho más dañino a largo plazo.
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