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Opinión

Amor y control

Amor y control

Por Alba Lucía García Suárez
*Abogada de la Universidad Externado de Colombia. Dra. en Estados Avanzados en Derechos Humanos. 


El problema no es que en Colombia falte amor por lo público. El problema es que el control no está funcionando.

Hay canciones que terminan diciendo lo que muchos no logran explicar. Amor y control es una de esas. No se queda solo en la historia familiar, sino que plantea una lección para todos: querer no alcanza si no hay límites, reglas y consecuencias. Porque eso que es evidente en cualquier casa, hoy se refleja en lo público.

Cuando no hay control, todo empieza a ceder. Un barrio se desordena, una ciudad se deteriora y un país se acostumbra a funcionar a medias. Basta con mirar alrededor. Obras detenidas sin explicación, recursos que no aparecen, normas que existen pero que nadie hace cumplir, espacio público sin autoridad, inseguridad que se vuelve paisaje. Y una institucionalidad que muchas veces reacciona tarde o no reacciona.

Los organismos de control tienen una responsabilidad directa. Fueron creados para vigilar, prevenir, corregir y sancionar. Su función no es decorativa. Es actuar, y hacerlo a tiempo. Sin excusas, sin dilaciones, sin silencio.

Pero el control no es exclusivo del Estado. También es una tarea ciudadana. No se trata de indignarse un día y seguir. Se trata de hacer seguimiento, de exigir respuestas, de usar los mecanismos que existen, de no aceptar explicaciones a medias.

Menos lamentos y más hechos. Los ciudadanos pueden pedir los cronogramas y presupuestos de las obras y verificar si se están cumpliendo. Asistir a las rendiciones de cuentas y no irse sin respuestas claras. Usar el derecho de petición cuando algo no cuadra. Denunciar ante personerías y contralorías con información, no solo con quejas. Hacer veeduría ciudadana real, organizada, constante. Y obvio, no soltar los temas hasta que haya resultados.

Los funcionarios deben ejercer control efectivo, con decisiones oportunas, sanciones claras y resultados visibles. Y los ciudadanos deben activarlo todos los días, preguntando, verificando y exigiendo cuentas. Este país y nuestras ciudades no necesitan solo amor, les urge tener más control.

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