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Cinismo, el clan Hurtado, la farsa de “no nos vamos a vender”

Cinismo, el clan Hurtado, la farsa de “no nos vamos a vender”

Por José Baruth Tafur G.

*Abogado – Especialista en Marketing Político


Hay una frase que debería quedar grabada en el imaginario cívico local: “no nos vamos a vender”. Al leerla, cualquier persona con un mínimo de sentido común y memoria política sabe que suena más a un truco bien pulido que a una declaración de principios. Porque cuando la promesa viene de quienes han estado en el ojo del huracán de múltiples escándalos, deja de ser convincente y se convierte en pura reverberación de cinismo.

Solo hace falta mirar el panorama político alrededor del jefe del clan Hurtado y su familia para ver por qué. El sindicado de la fiesta en el estadio, exalcalde de Ibagué, fue recientemente inhabilitado por 12 años por la Procuraduría por intervenir indebidamente en política desde el cargo, violando la neutralidad que exige la ley.

Eso no es un “error de cálculo” ni un desliz inocuo: es una sanción grave que cuestiona la ética pública y la responsabilidad de quien estuvo, durante años, al mando de la ciudad.

Y, sin embargo, aquí estamos: la hermana del jefe del escándalo del puente fantasma, la misma candidata que es referente, ya que por la ambición de poder le dio la espalda a todos, ahora sale a jurar que no se van a vender ni a “calentar sillas”, como si la política fuera un acto de catecismo donde las promesas valen más cuanto menos se han cumplido. La realidad —para muchos ibaguereños ya no tan ingenuos— es que la política se ha convertido en una mercancía, donde las alianzas, las lealtades y los cargos se negocian con la destreza de un comerciante en feria, no con la dignidad de un servidor público.

Pero la cuestión va más allá de una frase desafortunada. Eso que algunos llaman hurtadismo —esta red familiar y política que ha intentado destruir los sueños de todos los tolimenses— ahora ha enfrentado tensiones internas y críticas incluso dentro de sus propias filas. Hubo alianzas rotas, malestar entre aliados —según reportes de medios regionales— y cuestionamientos por la manera en que se han manejado esos apoyos.

Los ibaguereños merecen líderes que no embauquen, aunque existen quienes del lado del Pacto Verde tratan de enredar; un poco cínicos cuando son los precursores de la destrucción de la salud.

Al final, la verdadera pregunta que deberían hacerse quienes lanzan estos discursos no es si van a “no venderse” o “no calentar sillas”, sino cuánto de lo que proponen responde realmente a los problemas de la gente y cuánto a una simple reproducción de poder familiar bajo la ilusión de discurso renovador que, al revisar los antecedentes, son solo escándalos de presuntos peculados por uso y obras sin iniciar ni construir.

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