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El escultor que convirtió la historia del Tolima en bronce

El escultor que convirtió la historia del Tolima en bronce

Con el maestro Enrique Saldańa contemplando la escultura la Cacica Dulima

Por Oscar Viña Pardo

Los artistas que habitan entre nosotros

A veces los creadores pasan inadvertidos. Quizás porque sus obras terminan siendo tan familiares que dejamos de preguntarnos quién las hizo. Las vemos a diario en glorietas, parques, avenidas y plazas. Nos tomamos fotografías junto a ellas, las usamos como punto de encuentro o simplemente forman parte del paisaje cotidiano.

Pero detrás de cada escultura existe un artista. Uno de ellos es Enrique Saldaña, escultor tolimense que durante más de cuarenta años ha dejado una huella imborrable en Ibagué y en numerosos municipios del departamento.

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Sus obras hablan por él: el Monumento a la Paz, la Cacica Dulima, los venados de Venadillo, los campesinos de Planadas y Cajamarca, los osos de anteojos en la vía a Boquerón y decenas de esculturas más que hoy forman parte del patrimonio visual de la región.

Una conversación junto a Jorge Isaacs

La entrevista comenzó frente a una de sus obras más recientes: la escultura de Jorge Isaacs, ubicada en la acera del frente de la Catedral Primada de Ibagué.

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Mientras observaba a los ciudadanos detenerse para tomarse fotografías, Saldaña reflexionaba sobre algo que considera fundamental en el arte público: la permanencia.

"Uno disfruta el proceso de creación, pero también espera que la obra permanezca en el tiempo y pueda ser compartida por generaciones", explica.

La escultura de Isaacs se convirtió rápidamente en un fenómeno ciudadano. No solo por su calidad artística, sino porque despertó la curiosidad de muchos ibaguereños que desconocían el vínculo del escritor con la ciudad.

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Y esa es precisamente una de las funciones del arte público: generar preguntas.

La mujer que se convirtió en símbolo

Si existe una obra que representa un antes y un después en la carrera de Enrique Saldaña es la Cacica Dulima.

Ubicada en uno de los puntos más emblemáticos de Ibagué, la calle 14 con carrera tercera, esta monumental escultura requirió años de investigación histórica antes de convertirse en realidad.

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"No se trata simplemente de hacer una figura bonita. Hay que investigar quién fue, cuál fue su importancia histórica y cómo traducir eso en una obra escultórica", explica.

La historia de Dulima, líder indígena inmolada durante la conquista, sirvió como punto de partida para construir una pieza que hoy se ha convertido en uno de los símbolos urbanos más importantes de la capital tolimense.

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Lo que pocos saben es que su fabricación también marcó un hito técnico.

Según Saldaña, en el centro del país no existían fundiciones artísticas capaces de desarrollar una obra de tal magnitud. El proceso tuvo que construirse prácticamente desde cero en Ibagué.

Del barro al bronce

Hablar con Enrique Saldaña es descubrir que detrás de una escultura existe mucho más que inspiración. Existe técnica, investigación, pasión, paciencia y amor.

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El escultor ha trabajado con diversos materiales a lo largo de su carrera: yeso, cemento, granito, fibra de vidrio, arcillas y metales.

Cada uno representa un desafío distinto. Sin embargo, el bronce ocupa un lugar especial. "El proceso de fundición es uno de los más complejos. Requiere conocimientos técnicos, infraestructura y años de experiencia", Dijo en el podcast La Ruta del Café el maestro.

Una obra monumental puede tardar hasta nueve meses entre modelado, moldes, fundición y acabados finales. Y para Saldaña, apresurar los procesos nunca ha sido una opción.

Los personajes que la ciudad no olvida

No todas sus esculturas representan héroes históricos. Algunas inmortalizan personajes populares. Quizás los ejemplos más recordados sean La Guacharaca y Badana, figuras emblemáticas de la vida urbana ibaguereña durante las décadas de los setenta y ochenta. Habitantes de la calle que se convirtieron en personajes excéntricos, queridos por muchos comerciantes y conocidos por varias generaciones.

Para construir esas esculturas, Saldaña realizó entrevistas, recopiló anécdotas y escuchó relatos que hoy forman parte de la memoria oral de la ciudad. Porque la historia también se construye desde la calle.

Un escultor que conversa con la naturaleza

Más allá del taller, existe otro escenario fundamental en la vida del artista: la naturaleza. Saldaña mantiene una relación casi alquímica con los materiales. Recorre diferentes regiones del Tolima buscando arcillas, tierras y minerales. Recoge muestras, realiza pruebas y experimenta constantemente.

"El Tolima es una tierra extraordinariamente rica en materiales para la escultura", afirma.

Esa conexión directa con el territorio le ha permitido sustituir costosos materiales importados por recursos locales capaces de ofrecer resultados similares. Una búsqueda permanente entre arte, ciencia y observación.

La sombra de Julio Fajardo

Todo artista tiene maestros. Para Enrique Saldaña, uno de los nombres fundamentales es Julio Fajardo.

Cuando era niño acompañaba a su tía al taller del reconocido escultor. Allí observaba aquellas enormes obras desde la mirada fascinada de quien apenas comienza a descubrir el mundo.

"Yo veía esas esculturas gigantes y pensaba que algún día quería hacer algo parecido", recuerda. Con el paso del tiempo, aquel niño terminaría convirtiéndose en uno de los escultores más importantes del departamento.

Miguel Ángel, Leonardo y el Tolima

Entre sus referentes universales aparecen nombres inevitables como Miguel Ángel y Leonardo da Vinci.

Sin embargo, Saldaña siempre ha procurado traducir esas influencias clásicas al contexto regional.

Por eso gran parte de su obra está dedicada a campesinos, pescadores, hilanderas, arrieros y personajes que representan los oficios tradicionales del Tolima.

Muchos de ellos están desapareciendo. Y quizás por eso siente la necesidad de preservarlos a través del arte.

El libro de una vida

Después de más de seis años de trabajo, Enrique Saldaña está próximo a presentar uno de los proyectos más personales de su carrera: un libro que recopila cuarenta años de trabajo profesional.

La publicación reúne esculturas, pinturas, bocetos, procesos creativos, fotografías históricas y relatos que explican el contexto humano detrás de cada obra.

No fue una tarea sencilla. Gran parte del material tuvo que recuperarse de archivos fotográficos análogos tomados décadas atrás. Cada imagen, cada documento y cada recuerdo forman hoy parte de una memoria artística que trasciende la obra física.

El arte como permanencia

Al final de la conversación surgió una pregunta inevitable: ¿Cómo quiere ser recordado? La respuesta fue sencilla. A través de sus obras. A través de esculturas capaces de resistir el paso del tiempo y seguir dialogando con quienes las observen dentro de cincuenta o cien años.

Quizás ahí radica la verdadera dimensión del trabajo de Enrique Saldaña. No se trata únicamente de modelar figuras. Se trata de convertir la historia en materia. De darle forma al recuerdo. De lograr que un pueblo pueda verse reflejado en el bronce, el granito o la arcilla.

Y en ese propósito, pocas personas han contribuido tanto a la memoria visual del Tolima como él. Gracias maestro por dejar la piel es cada escultura.

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