Destacadas
La Taza: un lugar para pintar la vida
La Taza está ubicado en la carrera Tercera con calle octava, diagonal a la DIAN
Cuando se habla de ingeniería civil, la mayoría de las personas piensa en puentes, edificios o carreteras. Pocos imaginarían que dos ingenieras terminarían construyendo un espacio donde las herramientas principales son el café, los pinceles y la creatividad.
Laura Cortés y Brenda Varón, egresadas de la Universidad Cooperativa de Colombia, decidieron hace dos años y medio apostarle a un sueño diferente. En pleno centro de Ibagué abrieron La Taza, una tienda de cafés especiales que rápidamente encontró una identidad propia: ofrecer experiencias más allá de una simple bebida.
☕️ Conozca la historia del contador que cambió los números por los granos de café
Hoy, quienes cruzan sus puertas descubren que allí no solo se conversa alrededor de un café. También se pinta, se escucha música, se desayuna, se celebran cumpleaños y, sobre todo, se encuentra un espacio para desconectarse del ritmo acelerado de la vida.
Cuando el café encontró a la pintura
Curiosamente, el proyecto no nació alrededor del café. Laura recuerda que la idea inicial estaba mucho más enfocada en la experiencia artística que en la cultura cafetera. Sin embargo, la ubicación del negocio y el crecimiento de Ibagué como referente nacional de cafés especiales las llevó a comprender que ambas experiencias podían convivir perfectamente.
"Queríamos ofrecer algo diferente. Al principio no nos enfocábamos directamente en el café, pero entendimos que debíamos ofrecer un producto de calidad para acompañar la experiencia de pintar", explica.
La apuesta funcionó.
Hoy muchas personas llegan atraídas por el café y terminan descubriendo la pintura. Otras llegan por la pintura y se enamoran de los cafés especiales.
☕ Arcano, la tienda de café por descubrir
Emprender también es resistir
Dos años y medio pueden parecer poco tiempo para un cliente, pero para un emprendedor representan cientos de decisiones difíciles.
Laura habla con honestidad de los altibajos que acompañan cualquier negocio.
"Hay momentos en los que uno está arriba y otros en los que vuelve a caer. Hay días en que uno se pregunta si vale la pena seguir. Pero cuando ve todo el esfuerzo que se ha hecho y las personas que regresan, entiende que sí vale la pena continuar".
Detrás de cada taza pintada hay arriendos, nómina, servicios públicos, proveedores y una larga lista de responsabilidades que muchas veces los clientes no alcanzan a imaginar. Y aun así continúan.
La creatividad no necesita plantillas
Una de las primeras sorpresas para quienes visitan La Taza es descubrir que no existen moldes ni plantillas.
Laura sonríe cuando escucha a quienes llegan diciendo:
- Yo no sé pintar, es una frase que ha escuchado cientos de veces.
Sin embargo, su filosofía es otra: "Nosotros queremos que las personas descubran que todos somos creativos".
Por eso no entregan dibujos prediseñados ni modelos para copiar. Prefieren acompañar a cada visitante para que encuentre su propia forma de expresarse.
Los resultados suelen sorprender incluso a quienes llegaron convencidos de que no tenían talento artístico. Y quizás allí reside parte de la magia del lugar.
La noche estrellada que nunca se repite
Entre las obras más recurrentes aparece una protagonista inesperada: La noche estrellada, de Vincent van Gogh. Muchos visitantes intentan recrearla sobre sus tazas. Lo curioso es que ninguna termina siendo igual a otra. Cada persona le aporta un detalle distinto, una interpretación diferente o un color inesperado. Y aunque el cuadro es el mismo, la experiencia siempre resulta única. Como ocurre con la vida.
Una taza que se convierte en recuerdo
Pintar una taza no es simplemente decorarla. Existe todo un proceso detrás. Las piezas son sometidas posteriormente a tratamientos especiales que garantizan su durabilidad y funcionalidad. Algunas pasan por hornos especializados y otras reciben procesos de resinado que permiten conservar los colores y acabados.
Por eso los visitantes no se llevan inmediatamente su creación. Deben regresar al día siguiente o los dìas siguientes cuando vuelva al centro de la ciudad. Y ese regreso suele convertirse en parte de la experiencia. Porque no solo vuelven por una taza. Vuelven por el recuerdo que construyeron mientras la pintaban.
Café de tres regiones
Aunque la experiencia artística es protagonista, el café ocupa un lugar fundamental dentro de la propuesta. Actualmente La Taza trabaja con cafés provenientes de tres importantes zonas productoras:
La Mesa de Dinamarca.
Cañón del Combeima.
Planadas.
Cada uno ofrece perfiles distintos y permite a los visitantes explorar sabores, aromas y características propias de cada territorio. Es otra forma de viajar sin salir de Ibagué.
Cinco mujeres al frente del proyecto
La Taza es también una historia de empoderamiento femenino. Laura y Brenda lideran un equipo conformado exclusivamente por mujeres. Cinco mujeres que atienden clientes, organizan eventos, preparan bebidas, administran inventarios y mantienen vivo el proyecto todos los días del año.
La Taza abre de 8:30 de la mañana a 9:00 de la noche, incluidos domingos y festivos. Una jornada que solo entienden quienes han apostado por emprender.
Construir empresa también es construir confianza
A lo largo de estos años han recibido elogios, críticas, recomendaciones y, en ocasiones, comentarios injustos. Laura reconoce que los malos comentarios suelen pesar más que los buenos. No porque sean mayoría. Todo lo contrario.
Lo que ocurre es que detrás de cada detalle existe un esfuerzo enorme que pocas veces se ve. Por eso valoran tanto a quienes regresan. A quienes vuelven por una segunda experiencia. A quienes traen amigos o familiares. A quienes recomiendan el lugar.
Porque en un emprendimiento la fidelidad del cliente termina siendo la mejor evaluación posible.
Música para acompañar el café
Recientemente comenzaron a realizar jornadas de música en vivo los viernes. Y aquí aparece otra sorpresa. La propia Laura es quien toma el micrófono.
Entre canciones, café y pintura, el segundo piso de La Taza se transforma en una especie de sala cultural donde las personas comparten, cantan y construyen nuevas memorias. Lo que empezó como una cafetería hoy es también un espacio artístico.
Un refugio en medio de la ciudad
En una época donde la ansiedad, las pantallas y la velocidad parecen gobernarlo todo, lugares como La Taza cumplen una función que va más allá de lo comercial. Son refugios. Espacios donde el tiempo parece desacelerarse. Donde una conversación vuelve a ser importante. Donde una taza de café puede convertirse en una excusa para reencontrarse con uno mismo.
Y quizás por eso, en pleno centro de Ibagué, Laura Cortés y Brenda Varón terminaron construyendo algo mucho más valioso que una cafetería. Construyeron un lugar donde las personas pueden pintar, conversar, crear y recordar que la vida también merece pausas.
(CO) 313 381 6244
(CO) 311 228 8185
(CO) 313 829 8771