Opinión
Sí hay otros caminos (I)
Por Alberto Bejarano Ávila
Incógnitas sobre el Tolima: qué nos fragmenta como sociedad; qué incita tanto odio; porqué nuestra inercia; qué rompe las sinergias; qué impide el cambio; porqué pensamos lo mismo y hacemos lo mismo; porqué hay atraso y no evolución; porqué perdemos identidad y otros valores raizales; porqué cohabitamos con el atraso y no hallamos la vía al progreso; porqué se confunde politiquería con política.
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La respuesta genérica que ya ampliaré es esta: nuestra posición personal y comunitaria ante la región y ante al país no se nutre de las fuerzas vitales del Tolima sino de fuerzas locales, nacionales y globales, retrógradas, excluyentes y espurias y, por, ello nuestro liderazgo social, gremial, cultural y político es débil y errático.
Desde luego de lo nacional y global fluyen hechos, referentes y virtudes positivas, pero, dado el declive de nuestra idiosincrasia en los últimos lustros, hoy prevalece la influencia negativa sobre la favorable. Con matices diferentes igual ocurre en todos los departamentos o las 32 columnas territoriales que sostienen al Estado.
La historia produjo una Colombia asimétrica y por ello el influjo “generoso” que del centro reciben las regiones no son equitativos, pues, por efecto de su peso político desigual, unas obtienen más y se les quita menos o nada y a otras se les quita mucho o todo.
Indiscutible es que la cuestión no es de riquezas territoriales sino de poderes y enroques centralistas y globales y de fortalezas y debilidades territoriales y, por ello, no es cotejable Antioquia, Atlántico, Valle, Santander o Cundinamarca, con Chocó, Tolima, Huila y La Guajira. Azares de la historia, del poder y del peso político específico
Sin honduras conceptuales y constitucionales, diría que Colombia es un Estado abstracto e inmaterial: leyes; impuestos; “partidos políticos” nacionales, caciques y avales; concesiones leoninas; organismos de control; poderes; caudillos; burócratas; favoritismo; nepotismo, en fin, hoy el centralismo es una cruceta para titiretear regiones.
Otra es la Colombia real y lo sustento con redundancias o escribiendo mal para que se entienda bien. Colombia no tiene historia, tiene acopio de historias regionales; no tiene sociedad, tiene acopio de sociedades regionales; no tiene identidad, tiene acopio de identidades territoriales; no tiene diáspora, tiene acopio de diásporas regionales y locales; no tiene recursos naturales, tiene acopio de recursos naturales regionales; no tiene ahorro, tiene acopio de ahorro público y privado de las regiones; no tiene arte y cultura, tiene un acumulado de artes y culturas territoriales. No tiene mitos y leyendas, tiene acopio de mitos y leyendas regionales; no tiene tradiciones, tiene acopio de tradiciones territoriales; no tiene dinero, tiene acopio de tributos y regalías regionales.
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Igual opino que la soberanía nacional seria legítima y sentida si se cimentara en el acumulado de soberanías o autonomías territoriales. Visto lo visto, el líder social, gremial, político y cultural del Tolima, debe inquirir porqué predomina el influjo negativo del centro hacia las regiones y no el influjo de fuerzas vitales territoriales hacia el centro y si este es o no es, el origen de nuestro atraso, decadencia y pobreza material y moral. Continua…
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