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Opinión

Lula, la esperanza de Sudamérica

Lula, la esperanza de Sudamérica

Por: Humberto Leyton


El arquitecto Diemeyer, quien proyecto la ciudad de Brasilia y Frei Betto, fraile dominico promotor de la teoría de la liberación en la Iglesia Católica, deben estar felices en el lugar que se encuentren.

Ellos, fueron, entre otros, los principales promotores de la figura política de Lula Da Silva en su primera presidencia en el 2003, pero nunca imaginaron que el obrero metalúrgico y dirigente sindical se convirtiera en una figura descollante del progresismo en toda la América Latina y en el mundo, mucho menos que fuera a ocupar la presidencia del gigante del Sur en cuatro oportunidades.

Lula ha consolidado un histórico triunfo presidencial en Brasil. La victoria electoral marca la reafirmación del Partido de los Trabajadores (PT) en la jefatura de Estado brasileño y sella el regreso de la figura política más influyente del país en las últimas décadas.  

El ascenso y consolidación de Lula da Silva en la esfera pública no es un fenómeno reciente, sino el resultado de un prolongado proceso de articulación social, intelectual y espiritual. Dentro de este recorrido histórico destaca el respaldo trascendental que, desde los albores de su vida pública y partidaria, le brindaron figuras ilustres de la cultura y la fe en Brasil como Oscar Niemeyer: El emblemático arquitecto brasileño, referente universal del modernismo y férreo militante de causas populares, que vio tempranamente en Lula al representante genuino de las clases trabajadoras capaces de transformar las estructuras sociales del país.

El apoyo público y la amistad de Niemeyer reforzaron la proyección de Lula entre la intelectualidad brasileña e internacional durante sus campañas presidenciales iniciales.  

Frei Betto: El fraile dominico, teólogo de la liberación y reconocido escritor brasileño, desempeñó un rol crucial como mentor intelectual y compañero de ruta desde las luchas sindicales en la región del ABC paulista. Betto fue clave en la articulación del trabajo de base con las comunidades, más el impulso al Partido de los Trabajadores y el desarrollo de programas emblemáticos de combate al hambre durante los gobiernos de Lula.  

Creo necesario mencionar estos dos nombres a los principios de un hito que ha cambiado y modernizado a la sociedad brasilera, sin desconocer que Lula es el resultado de la movilización del pueblo de las periferias, las fábricas y las comunidades de fe, donde la búsqueda de la justicia social unió a trabajadores, intelectuales y religiosos en un mismo proyecto democrático, al decir de críticos y analistas de la vida política de Brasil.

Bases que ha sabido mantener para escribir una de las más fascinantes trayectorias políticas de Sur América.  La victoria de Lula representa el punto cumbre de una de las biografías más brillantes de la historia contemporánea.

Pero, además, una muralla para detener esa oscura y peligrosa tendencia fascista  que trata de establecer el presidente de los Estado Unidos Donald Trump en Sur América, con presidentes títeres y lacayos de todo pelambre, incluyendo al colombiano.  

Lula tuvo que enfrentar una sucia campaña electoral marcada principalmente por las mentiras y las calumnias de sus oponentes encabezados por el golpista Jair Bolsonaro y su hijo Flavio Bolsonaro, ambos caracterizados por sus métodos fascistas de hacer política, sin olvidar también que son fieles exponentes de la corrupción, la supresión de derechos humanos y de serviles de las multinacionales del capital y de depredación de las riquezas naturales del Brasil.

No sobra manifestar que un triunfo de esta ralea, hubiera significado una entrega de la Amazonia con todas sus riquezas al imperio del norte. No tienen escrúpulos para vender la patria.

Otro de los problemas que tuvo que enfrentar la campaña de Lula, fue la participación de las iglesias evangélicas en su contra. Por ejemplo, la corriente pentecostal y neopentecostal es una cínica y abiertamente línea antiprogresista que se opone a todo avance social y que tiene bancada propia en el legislativo de ese país.

Tiene un poder no solo espiritual en sus ciegos fieles, además aparatos de propaganda en el poder mediático que ostenta.

No es un secreto de que algunas de las iglesias evangélicas de Brasil tienen financiación directa de la CIA e incluso, se compran y se venden partes de funcionamiento de estos establecidos en los Estados Unidos desde sus casas matrices.

Dado el peso específico de los evangélicos en la política, algunas iglesias tienen partidos políticos propios como los Republicanos, así como el MIRA en Colombia o la de la familia Castellanos. 

A Lula no solo le correspondió luchar contra estas sectas de derecha y ultraderechistas, sino que tuvo que plantarse a las granjas de bots y bodegas fascistas de Bolsonaro. Por fortuna en la segunda vuelta, supieron responder y, al menos, neutralizaron las redes y los robots digitales que jugaban en su contra.

De tal suerte, lo que parecía un nuevo triunfo del fascismo norteamericano y del sionismo de Netanyahu, la noche del domingo pasado se revertió en el Brasil, y hoy Sudamérica respira democracia, libertad y avances sociales, y la cavernaria exsenadora Fernanda Cabal, no tendrá que “barrer la basura socialista”, sino que debe refugiarse en las guaridas fascistas para llorar la derrota de uno de sus consentidos.

Brasil con Lula, y el peso que representa en territorio (cerca de 8.515.767 kilómetros cuadrados) y sus cerca de 214 millones de habitantes, más el potencial económico que ostenta en la región, es sin duda, la potencia del Sur. De ahí, el hambre que siempre le ha tenido el imperio del norte de convertirla en patio trasero, como hoy tiene a la mayoría de los países de esta zona geográfica. 

Brasil y Lula se convierten en faro y esperanza para todos los pueblos de América Latina. ¡Gloria a Lula! ¡Gloria al Brasil!

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