Opinión
El vapeador entró a la casa: el humo dulce que amenaza a nuestros hijos
Por Giovanni Ramírez Villamil
*Psicólogo · Autor en salud mental familiar y escolar · Experto en política pública territorial
Hay un humo que ya no huele a cigarrillo. Huele a mango, a fresa, a chicle. Cabe en un bolsillo, parece un objeto tecnológico y entra sin pedir permiso al morral del colegio, al parque del barrio y, finalmente, a la habitación de nuestros hijos.
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En muchos hogares colombianos, el vapeador se ha instalado bajo una peligrosa coartada: «Eso no es fumar». Y mientras los adultos discutimos el nombre del dispositivo, la nicotina puede estar construyendo una dependencia silenciosa en un cerebro que todavía está en desarrollo.
No escribo estas líneas para levantar un tribunal contra nuestros adolescentes. Las escribo desde la trinchera del afecto, allí donde una madre regresa agotada del trabajo y encuentra un aparato de colores en el bolsillo de su hijo; donde un padre, asustado, confunde la prevención con el grito; donde el joven esconde su angustia detrás de una puerta cerrada. La primera tarea no es humillar al menor. Es comprender el riesgo, fijar límites claros y recuperar el vínculo antes de que el silencio se vuelva costumbre.
Las cifras obligan a abandonar la indiferencia. El Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar de 2022, divulgado por el Observatorio de Drogas de Colombia, estimó que 392.000 estudiantes de 12 a 18 años —el 11,2 % de la población escolar representada— habían consumido cigarrillos electrónicos. El levantamiento incluyó 87.508 alumnos de 1.482 sedes educativas. No hablamos de una anécdota de redes sociales: hablamos de una señal nacional que alcanza las aulas y los hogares de nuestro territorio.
El problema tampoco termina en nuestras fronteras. En octubre de 2025, la Organización Mundial de la Salud estimó que al menos 15 millones de adolescentes de 13 a 15 años utilizaban cigarrillos electrónicos en el mundo. Y en Estados Unidos, los CDC reportaron que, en 2024, 1,63 millones de estudiantes de secundaria media y superior los habían usado durante los treinta días anteriores a la encuesta; entre quienes vapeaban, el 87,6 % elegía productos saborizados. Son mediciones distintas, pero apuntan a una misma advertencia: la presentación amable puede reducir la percepción del peligro.
El aerosol del vapeador no es simple vapor de agua. Dependiendo del dispositivo y del líquido, puede transportar nicotina, partículas finas y otras sustancias potencialmente nocivas. La nicotina genera adicción y puede afectar procesos vinculados con la atención, el aprendizaje y el control de impulsos durante la adolescencia. Algunos productos se comercializan como libres de nicotina, pero esa etiqueta no equivale a inocuidad. Tampoco debemos afirmar que todo joven que vapea padece una enfermedad mental: el riesgo merece atención sin convertir a nuestros hijos en un diagnóstico.
En mi reflexión sobre salud mental familiar he insistido en que la casa puede convertirse en un nido seguro o en una aduana de reproches. Frente al vapeo, esa diferencia se vuelve decisiva. Si el adulto descubre el dispositivo y responde únicamente con golpes, amenazas o vergüenza pública, quizá consiga que el hijo lo esconda mejor. No necesariamente conseguirá que deje de usarlo. La autoridad protectora no renuncia a los límites; renuncia a la humillación como método de crianza.
¿Qué hacer, entonces, desde la mesa del comedor? Primero, hablar antes de encontrar el dispositivo: preguntar qué conocen los hijos, qué les ofrecen sus amigos y por qué creen que vapear es seguro. Segundo, acordar una regla familiar inequívoca de no consumo y no compra, que también comprometa el ejemplo de los adultos. Tercero, estar atentos a señales de uso repetido, irritabilidad cuando no pueden vapear o dificultades para abandonar el hábito, sin confundir cualquier cambio de ánimo con una prueba de consumo. Cuarto, cuando exista sospecha de dependencia, solicitar orientación profesional y acompañamiento en salud, no improvisar castigos ni tratamientos.
La escuela también debe quitarse la bata del discurso abstracto y llevar la prevención al recreo, al aula y a la conversación con las familias. No basta una conferencia anual acompañada de una fotografía institucional. Necesitamos alfabetización sobre nicotina, habilidades para resistir la presión de pares, formación docente, rutas de orientación y seguimiento respetuoso. Los colegios no son consultorios ni los maestros deben diagnosticar; sí pueden detectar alertas, escuchar y conectar a los estudiantes con apoyos idóneos.
Hay, además, una responsabilidad que no podemos descargar sobre los hombros del adolescente. La Ley 2354 de 2024 extendió en Colombia la regulación a los cigarrillos electrónicos y otros dispositivos, incluida su comercialización, publicidad y promoción. El control efectivo de la venta a menores y de la oferta alrededor de los entornos educativos exige presencia institucional y vigilancia real. Una política pública no se mide únicamente por la norma promulgada: se mide por su capacidad de proteger la vida en la tienda de la esquina y en el barrio.
La prevención verdadera comienza cuando apagamos por un momento nuestras propias pantallas y volvemos a mirar a los ojos a nuestros hijos. Cuando el comedor deja de ser un tribunal y recupera la palabra viva. Cuando sabemos decir «no» al vapeador, pero también «aquí estoy» al adolescente. Porque el mayor riesgo no es solo que una nube dulce entre por la ventana de la casa; es que, mientras ocurre, los adultos dejemos de ver a quien la está respirando.
Fuentes para verificación editorial
Observatorio de Drogas de Colombia / MinJusticia. Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar 2022, infografía divulgativa: https://www.minjusticia.gov.co/programas-co
Organización Mundial de la Salud. Informe sobre tendencias mundiales del tabaco (6 de octubre de 2025): https://www.who.int/news/item/06-10-2025-who-tobacco-trends-report-1-in-5-adults-still-addicted-to-tobacco
CDC. E-Cigarette Use Among Youth, datos de NYTS 2024: https://www.cdc.gov/tobacco/e-cigarettes/youth.html
Función Pública. Ley 2354 de 2024
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