Opinión
El edificio Ambalá, epicentro o detrimento
Por: Alberto Bejarano Ávila
Me ocupo de la sucinta formulación de la idea de convertir al “Hotel Ambalá” en epicentro del reencuentro de los tolimenses para causar inéditas y honrosas dinámicas que cambiarían el regresivo y ahistorico acaecer regional.
Como a la egocéntrica perspectiva del líder social, económico y político (sobre todo el último), el “árbol no le dejar ver el bosque”, debo decir que esta idea es abstracción de una mirada compleja del contexto territorial; de su historia; del marchitamiento de su identidad; de los hechos sociológicos; de la realidad nacional y del politiqueo reduccionista e inicuo que aletarga el anhelo colectivo de que el Tolima sea región moderna, próspera e incluyente, o igual, un Tolima de y para todos los tolimenses
Sintetizo planteando que el Ambalá acoja 46 oficinas municipales cuya función permanente sea acercar oportuna y eficazmente a cada municipio a los planes, oportunidades y acciones del departamento y el país; promover la integración de los municipios a efectos de visualizar, acordar y ejecutar proyectos conjuntos; realizar ruedas de negocios para potenciar su aparato económico; obtener información oportuna y veraz sobre cooperación internacional al sector rural, cultural e institucional de cada municipio; vender al municipio como destino turístico; invitar a los festejos y eventos municipales; compartir sus atributos, sus riquezas, su historia y sus potencialidades y, todo ello, libre de burocracia inepta, politiquería y clientelismo.
En razón a la innegable verdad de que en Ibagué habitan miles de personas oriundas de cada municipio tolimense, el Ambalá acogería 46 oficinas de colonias municipales debidamente promovidas y legalmente organizadas, para integrar el paisanaje y exaltar afectos y morriñas por la patria chica; acordar formas de cooperación de esta diáspora cercana con su terruño; servir de enlace con su diáspora lejana y así propiciar el reencuentro del alma municipal real y virtual; revelar oportunidades para sus municipios y formas de cooperación para hacerlas realidad. Ilimitada es la cantera de ideas que brotarían de una colonia municipal organizada.
En el Ambala existiría un gran centro de conexión departamental y municipal con la diáspora tolimense dispersa por el mundo; este centro, con programas lúcidos, información relevante y pertinente y una plataforma tecnológica bien “craneada” y desarrollada, lograría acercar apegos y generosidades de, a mi juicio, más de dos millones de coterráneos expulsados por falta de oportunidades y, sin duda, prestos a ofrecer sus talentos, recursos y conexiones a una región que nada les quiso dar. Como mi modesta imaginación no cabe en una cuartilla, se entenderá que lo dicho es apenas una muestra que puede tener un desarrollo ilimitado.
Así visto, el Ambala sería epicentro de identidad regional, cohesión social y visión territorial. Tendría cafeterías, restaurantes, auditorios, áreas de exposiciones y claro, una decoración con mitos y leyendas, alegorías paisajísticas. Las insospechadas dinámicas del Ambalá, como epicentro del reencuentro tolimense, generaría los recursos para su mantenimiento.
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