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Opinión

El veneno de la indiferencia dejó a Yepes y a Alfonso por fuera de Cámara

El veneno de la indiferencia dejó a Yepes y a Alfonso por fuera de Cámara

Por Fernando Moreno
Veedor ciudadano


Hace 4 años una representante del Pacto Histórico y uno del Partido Conservador celebraban la llegada a la Cámara de Representantes por el Tolima. La primera, muy entusiasta y como pedagoga de profesión, hizo lo que le correspondió y por lo cual fue exaltada por el presidente Gustavo Petro como una de las representantes estrella de la bancada de gobierno; recordada por el presidente, pero ignorada por los electores.

El segundo, del Partido Conservador, al mejor estilo de un político neoliberal prometió y no cumplió. No se hizo esperar el voto de castigo. En el conservatismo era muy lógico que esto sucediera, más aún cuando hay una fractura interna que pone dos vertientes políticas a competir por el poder político: la Gobernadora y Óscar Barreto. Demostrando con esto la teoría escrita por los profesores de Harvard Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, que describe una democracia conservadora “neoliberal” tan vaciada como la de los Estados Unidos cuando eligieron a Donald Trump.

Pero la confusión no es solo dentro del conservatismo. Al igual que el Pacto Histórico, el Partido Liberal también sufrió bajas en la contienda electoral del pasado domingo y que, por supuesto, eran aliadas del gobierno Petro.

Pero, ¿qué sucede en el Tolima con la representación de las diferentes fuerzas políticas que se quemaron en las elecciones?

Uno se pregunta, ¿cómo es que logran los conservadores y el Centro Democrático obtener votos en cantidades y cómo otros partidos afines al gobierno las cifras fueron menores, sobre todo en el caso de Líbano, cuando en plena elección llegaban los camperos veredales al lavadero ubicado enseguida del ancianato?

La respuesta es muy simple: a los campesinos no les importa pasar por encima de los huecos y del barro, producto del abandono de sus representantes que salieron a elegir, sencillamente porque ya se acostumbraron a ser los mendigos de las elecciones regionales; salieron por el certificado y por la plática que prometió el de las manillas de oro.

Pero creo también que, en algún momento de la vida, se le podría ocurrir al presidente de la Cámara de Representantes traer a todos sus miembros, elegidos democráticamente —si es que así se le puede llamar— a legislar en medio de una trocha de esas que parecen caminos de herradura en cualquier corregimiento de nuestro municipio medieval: Líbano.

No los van a llevar a una favela brasileña, no señores; también hay que traer a los profesores de las aulas universitarias para que vean el abandono al que tienen sometidos a los municipios de Líbano y Villahermosa, como para no extenderme en más pueblos del norte del Tolima.

Aunque no se vea el sicariato en el Líbanoporque en muchos municipios del norte del Tolima sí se ve—, nosotros no tenemos zonas marrones como en las favelas de Brasil, donde la policía no puede entrar.

Claro, aquí diariamente llegan mendigos, viciosos, locos, gente que vive literalmente en la calle y, por supuesto, si se entiende por qué sacan tantos votos los partidos de derecha, es porque la pobreza abunda en la ciudad de Torres Blancas.

Pero la politiquería les ganó el pulso a las ciencias políticas, porque ya llevamos 20 años —dos décadas— y no se pueden entender algunos problemas como los que enuncié líneas arriba. Lo que se puede inferir es que no hay alguna probabilidad de solventarlos.

No existe una democracia en el Líbano cuando sus electores reeligen a quienes votaron en contra de las reformas que los benefician; no les interesa el futuro. Lo que interesa es lo que se recibe cuando llegan a alguna sede de algún partido político que les paga el pasaje, les compra el voto y les da un almuerzo.

Las comparaciones suelen ser odiosas, pero los Mussolini sí existen en nuestro hermoso municipio, como también la indiferencia y la falta de orientación política por parte de los partidos de gobierno, porque al final del ejercicio también se comportaron como las roscas de derecha; no tan evidente en esta elección, pero sí en la anterior.

Seguir pensando que lo impoluto está del lado del progresismo y ver al contendor no como adversario sino como enemigo, aceptando al otro a pesar de tener una lectura diferente de la marcha de la sociedad libanense y del norte del Tolima, es no entender que se debe tener una tolerancia mutua.

Entonces, podemos concluir que vivimos en una mala democracia, producto de la indiferencia, y que los alternativos no nos hemos tomado en serio la política. No hemos ido al campo, no lo hemos caminado para entender la magnitud del abandono.

Seguimos pensando que la política se hace detrás de un escritorio de la Cámara o del Senado, cuando esos que nos representan no aprovecharon esa coyuntura política de tener partido de gobierno y poder gestionar recursos para los que tradicionalmente han estado en el abandono y salen a reclamar migajas.

No hemos podido hacer reaccionar a los campesinos, a los ciudadanos, porque seguimos pensando que el miedo mató la esperanza, porque seguimos en la extrema incertidumbre de continuar fragmentados.

Pues seguramente volveremos a ver lo de las elecciones pasadas a la Presidencia: tres sedes que le apuntan a un mismo objetivo; eso sí, celebrando de manera individual.

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