Periodismo de análisis y opinión de Ibagué y el Tolima

Opinión

El progresismo después de las urnas

El progresismo después de las urnas

Por: Martha Alfonso
*Representante a la Cámara por el Tolima


Quienes hemos aceptado que la lucha democrática también se da a través de las urnas, debemos aceptar una de sus virtudes incómodas: que en las urnas hay ganadores y perdedores y que esos resultados tenemos que aceptarlos, aunque no estemos de acuerdo con quienes ganan y sobre todo, cómo lograron la victoria.

El periodo electoral de carácter nacional ha terminado para los siguientes 4 años y una estrecha mayoría de Colombia tomó una decisión que, aunque no comparta, es la que tenemos que aceptar en el marco de la ley y la institucionalidad: eso hace la diferencia entre quienes creemos en la democracia y quienes solo la defienden cuando les favorece.

Sin embargo, esa aceptación no será pasiva. La mitad del país electoral, representada en más de 12.700.000 votos frente a quienes ganaron con menos de 1% de diferencia y que defienden un proyecto de país completamente opuesto al que hemos venido defendiendo y madurando desde el progresismo colombiano.

Iván Cepeda y Aída Quilcué recorrieron Colombia defendiendo una idea sencilla pero poderosa: que los derechos, la paz, la justicia social y la democracia no son concesiones de ningún gobierno, sino conquistas ciudadanas que deben profundizarse y protegerse. Y ante la amenaza autoritaria, la campaña en segunda vuelta logró aumentar en 3 millones de votos los resultados de la primera vuelta y ganar en todas las regiones donde hizo presencia el gobierno de Gustavo Petro con agua, vías, infraestructura educativa, entrega de tierras, apoyo a asociaciones campesinas, entre otros programas que sacaron a millones de personas de la pobreza, el desempleo y la inseguridad alimentaria.

De ninguna manera vamos a aceptar que esos votos de las regiones históricamente olvidados son por el tal “voto fusil que se inventaron para justificar la persecución y la barbarie que quieren emprender contra el pueblo de Colombia.

Es un error de la derecha colombiana, reducir nuestros resultados y sobre todo, nuestro proceso político y social, a una derrota electoral en una campaña, que realmente fue un triunfo político con la votación más grande que hemos logrado en nuestra historia como izquierda y como progresismo colombiano, porque el país entendió que somos la posibilidad real de un cambio en el modelo económico, que cuando gobernamos nosotros es la gente de a pie, los pobres, la clase trabajadora, los estudiantes de la pública, los abuelos abandonados, los campesinos y campesinas, las periferias, las que se ven beneficiadas.

Las urnas cerraron. Los problemas de Colombia no. La desigualdad sigue ahí a pesar de que en nuestro gobierno se redujo. La exclusión sigue ahí a pesar de que en nuestro gobierno se cerró la brecha de inversión entre grandes ciudades y regiones apartadas. La violencia sigue ahí a pesar de que crecimos en incautaciones del narcotráfico como su principal generador, a pesar de que buscamos la paz, a pesar de que se afectaron los factores estructurales de la guerra y la injusticia.

No son suficientes 4 años para arreglar tantos problemas graves de desigualdad, freno de las fuerzas productivas, imposición del modelo extractivista, violencia estructural, entre otros que le dejaron los gobiernos de derecha a Colombia.

Por eso el reto de quienes defendemos este proyecto es sostenernos, fortalecer nuestra organización y vocación de poder en los territorios, hacer una oposición pacífica, pero contundente frente a lo que sabemos será un gobierno autoritario, neoliberal y violento y que, con seguridad, priorizará los intereses extranjeros por encima de los nacionales como ya lo hemos venido escuchando en las primeras declaraciones de Abelardo de la Espriella.

Nos corresponde ejercer una oposición seria, democrática y responsable cuando sea necesario. Nos corresponde defender desde el Congreso y desde la movilización los avances sociales conquistados. Nos corresponde vigilar, proponer, debatir y construir y esperamos del nuevo gobierno, las garantías políticas y de seguridad para poder hacerlo como esa otra mitad del país político que somos y que perdió las elecciones por menos de un punto de diferencia.

Ahora comienza una nueva etapa; una etapa en la que tendremos que defender con más fuerza los derechos conquistados, fortalecer la organización ciudadana y demostrar que nuestras convicciones no dependían de un resultado electoral.

Ahora empezaremos a probar los liderazgos que se sumaron en esta orilla por interés personal y electoral y a los que hemos estado siempre por interés de un país diferente y por el bienestar de las comunidades; ahora empieza el desmonte de los egos y oportunismos para darle paso a un movimiento progresista, ojalá un frente amplio, serio, sereno, responsable y capaz de pensar en conjunto el futuro de nuestra nación y de nuestro proyecto político desde las regiones.

Siguenos en WhatsApp

Artículos Relacionados