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SOS: Tolima en llamas
Por María Alejandra Rodríguez
Periodista. Especialista en comunicación digital y magíster en pedagogía. Jefe de prensa Universidad del Tolima.
Colombia atraviesa uno de los momentos más dolorosos de los últimos años. El terremoto del pasado 10 de agosto ha dejado una tragedia de enormes proporciones, con cientos de víctimas, familias afectadas y comunidades enteras enfrentando una realidad que nadie hubiera querido imaginar.
Es una emergencia que exige solidaridad, recursos y toda la capacidad institucional posible. Y Colombia ha dado respuesta movilizándose, ayudando y buscando la manera de tender una mano a quienes hoy lo han perdido todo.
Pero las tragedias, a veces, no llegan de una en una.
Mientras el país intenta responder a las consecuencias del terremoto, el Tolima también enfrenta una emergencia que, aunque distinta, ha dejado familias sin vivienda, cultivos destruidos, animales muertos y cientos de personas afectadas por los incendios forestales que se han registrado en diferentes municipios del departamento.
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De acuerdo a las autoridades, en los últimos días, cerca de 20 municipios del Tolima han resultado afectados por las conflagraciones y más de 30 de las 47 localidades se encuentran en alerta roja. Municipios como Melgar, Valle de San Juan, Honda, Coyaima, Rovira, Purificación, Venadillo, Falan y Anzoátegui han enfrentado situaciones preocupantes. En Ortega, Chaparral y San Luis, el panorama es crítico.
Solo en Ortega, uno de los municipios más golpeados, más de mil hectáreas han sido consumidas por el fuego y cerca de 800 familias han resultado afectadas.
Los organismos de socorro, las brigadas, las mismas comunidades, y el apoyo aéreo, han hecho esfuerzos enormes. Han surgido, además, múltiples iniciativas ciudadanas para recolectar ayudas y acompañar a los damnificados. Y toda solidaridad cuenta, pero también hay que decirlo, la solidaridad no es suficiente.
El Tolima necesita recursos y atención para enfrentar lo que está ocurriendo y para responder a lo que vendrá después.
Las afectaciones han sido enormes. Además de las familias que han perdido sus viviendas, están los cultivos que se quemaron, el ganado que hoy enfrenta la falta de agua y alimento y una economía campesina que también tendrá que recuperarse de las consecuencias del fuego.
Así mismo, graves afectaciones en vegetación y fauna. Venados, armadillos, ardillas, zarigüeyas, aves, y muchos otros animales silvestres han muerto entre las llamas o han resultado heridos.
Por eso, el Tolima necesita ayuda. Necesita que la atención también se pose sobre lo que está ocurriendo en nuestros municipios. Necesita el apoyo de otros territorios y de la Nación. Más capacidad humana y técnica para atender una emergencia que ha superado, en varios lugares, las posibilidades de respuesta.
Porque la prioridad sigue siendo contener y atender los incendios. Pero después vendrá una tarea compleja, llegar hasta las familias que lo perdieron todo, ayudar a recuperar los cultivos, atender a los animales y comenzar a sanar una tierra que hoy tiene profundas heridas. Y sin duda, el papel y la voluntad del Estado son fundamentales en esta tarea.
Como ciudadanos podemos sumarnos a las diferentes iniciativas que han surgido en el departamento. Hoy se necesita apoyo para atender la emergencia, herramientas e insumos para quienes están trabajando en primera línea, ayudas para las familias afectadas, agua y alimento para los animales, entre otras ayudas.
Mientras las llamas continúan y sus consecuencias empiezan a hacerse más evidentes, nuestro departamento necesita más manos, más apoyo y más atención. Gracias a quienes han estado al frente.
Hoy es un SOS por el Tolima.
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