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Después del terremoto, ¿qué queda cuando una familia lo pierde todo?

Después del terremoto, ¿qué queda cuando una familia lo pierde todo?

Por Héctor Andrés Lugo Núñez

*Administrador de Empresas | Especialista en Gerencia de Mercadeo Consultor en Inteligencia Patrimonial y Empresarial


Un terremoto puede durar menos de un minuto. Reconstruir una vida después de él puede tomar años. Hay momentos en los que una familia descubre, en cuestión de segundos, cuánto de su tranquilidad dependía de cosas que daba por sentadas: Una casa, un negocio, un vehículo, los ingresos del mes siguiente, etc.

Hasta ese momento nadie piensa demasiado en ellos. Están ahí. Forman parte de la rutina. Se pagan las cuotas, se trabaja, se hacen planes y la vida continúa.Hasta que ocurre algo que no estaba en el calendario.

Un terremoto puede destruir una vivienda en minutos. Pero la pérdida material no siempre es la consecuencia más difícil de afrontar. Lo complicado viene después, cuando toca responder una pregunta para la que muchas familias nunca se prepararon: ¿Y ahora qué hacemos?

No hablo solamente de dónde dormir esa noche o cómo conseguir alimentos mientras pasa la emergencia. Hablo de los meses siguientes.

¿De dónde saldrán los ingresos si la persona que sostiene económicamente a la familia no puede trabajar? ¿Qué ocurrirá con las obligaciones que siguen llegando? ¿Quién tiene los documentos del patrimonio familiar o empresariales? ¿Dónde están las pólizas? ¿Qué bienes estaban protegidos? ¿Quién sabe qué cuentas existen y qué compromisos financieros tiene la familia?

Son preguntas que parecen exageradas cuando todo está bien. Después de una tragedia dejan de parecerlo. He llegado a pensar que una parte importante de la protección patrimonial consiste precisamente en conversar sobre aquello que preferiríamos que nunca ocurriera.

Porque construir patrimonio no significa solamente comprar una vivienda, ahorrar, invertir o hacer crecer una empresa. También significa preguntarse ¿cuánto de lo construido podría resistir nuestra ausencia, una enfermedad, la pérdida de un ingreso o un desastre que obligue a comenzar de nuevo?

Ese ejercicio debería hacerse mucho antes de que exista una emergencia. Una familia puede tener una casa asegurada y no saber exactamente qué cubre su póliza.

Puede tener documentos importantes y no haber definido dónde guardarlos. Puede contar con ahorros, pero no haber establecido cuánto tiempo podrían sostener los gastos básicos.

Y también puede ocurrir algo todavía más común: todos saben que existe un patrimonio familiar, pero nadie sabe realmente cómo está organizado. Ahí aparece una conversación que considero fundamental y que pocas familias tienen: el protocolo familiar para momentos difíciles.

No tiene que convertirse en un documento lleno de términos jurídicos. Puede comenzar con algo mucho más sencillo. Que todos sepan quién puede tomar determinadas decisiones. Dónde están los documentos importantes. Qué obligaciones financieras existen. Cuáles son las pólizas vigentes. Qué contactos deben activarse ante una emergencia. Cuánto dinero necesita la familia para mantenerse durante los primeros meses. Y, sobre todo, qué decisiones no deberían tomarse apresuradamente cuando el miedo está tomando el control.

Porque después de un desastre también se toman decisiones financieras. Y algunas pueden tener consecuencias durante años. Vender un activo por debajo de su valor. Asumir una deuda costosa. Cancelar una inversión necesaria para la recuperación. Utilizar todo el ahorro disponible sin calcular cuánto tiempo tendrá que durar. Tomar decisiones patrimoniales desde la urgencia.

Cuando una familia está emocionalmente golpeada, tomar buenas decisiones se vuelve mucho más difícil. Por eso la preparación no consiste únicamente en tener un botiquín, identificar una ruta de evacuación o saber dónde reunirse. También consiste en dejar algunas decisiones pensadas cuando todavía tenemos la tranquilidad para tomarlas. Un seguro indexado de vida puede formar parte de esa preparación. Un fondo de emergencia también.

La diversificación patrimonial puede ayudar. Tener la documentación organizada, conocer las obligaciones familiares y definir quién asumirá determinadas responsabilidades también. Ninguna de esas herramientas puede evitar que ocurra un terremoto. Ese no es el punto.

El punto es que no deberíamos esperar a perderlo todo para descubrir qué tan frágil era nuestra estructura financiera. Durante mucho tiempo hemos entendido el patrimonio como aquello que acumulamos cuando las cosas salen bien. Tal vez necesitamos una definición más completa.

El patrimonio también es la capacidad de una familia para sostenerse cuando las cosas salen mal. Y esa capacidad no se construye el día después de la tragedia. Se construye mucho antes, cuando todavía parece innecesario hablar de ella. Porque nadie sabe cuándo llegará el próximo terremoto.

Lo que sí podemos decidir, mientras nuestra vida sigue en orden, es qué queremos proteger, cómo queremos protegerlo y quién sabrá qué hacer si algún día todo cambia en cuestión de minutos. Quizá esa sea una de las decisiones patrimoniales más importantes que una familia puede tomar. No prepararse para perderlo todo. Prepararse para no tener que empezar completamente desde cero.

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