Opinión
¿El Niño contra los alumbrados navideños?: la encrucijada entre la tradición y el racionamiento
¿Es coherente exigir ahorro estricto a los ciudadanos mientras las ciudades encienden millones de bombillos desde octubre? Un análisis pedagógico sobre un debate inaplazable.
Las advertencias de los expertos no dejan lugar a dudas: los meses finales de 2026 coincidirán con el pico más severo del fenómeno de El Niño. Los estragos ya son visibles en regiones donde las fuentes hídricas disminuyen a niveles críticos y las alertas por racionamiento de agua y energía pasaron de ser una amenaza lejana a una realidad cotidiana.
En departamentos como el Tolima, autoridades ambientales y entidades de servicios públicos han encendido las alarmas sobre más de una decena de municipios en riesgo inminente de desabastecimiento de agua. Cundinamarca ya reporta restricciones severas y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha pedido a los gobiernos tomar medidas extraordinarias ante un fenómeno climático de "proporciones gigantescas".
Sin embargo, a medida que avanza el calendario, un hecho de enorme relevancia pública permanece, hasta hoy, ausente de la agenda de debate: la llegada de la temporada navideña y el encendido masivo de los alumbrados públicos.
El choque entre el ejemplo público y la pedagogía del ahorro
Desde hace varios años, la carrera por los alumbrados navideños se ha adelantado en Colombia. Ya no es extraño ver parques, avenidas y fachadas completamente iluminados desde mediados o finales de octubre. Las grandes capitales como Medellín, Bogotá, Cali y numerosos municipios intermediarios invierten importantes recursos para convertir sus calles en espectáculos de luz que atraen al turismo y dinamizan la economía regional. Pero en la coyuntura actual, el panorama podría traer un cambio de fondo.
En las actuales circunstancias por las que atraviesa el país, con altas temperaturas e incendios forestales, el Gobierno nacional y las empresas reguladoras han empezado a hacer llamados urgentes a la ciudadanía para apagar bombillos, reducir el uso de electrodomésticos y cuidar cada gota de agua.
La presión sobre los embalses.
La matriz energética colombiana depende de manera sustancial de la generación hidroeléctrica. Cada kilovatio consumido en iluminación de gran formato es agua que deja de acumularse en los embalses en el momento más crítico de la sequía.
Un componente simbólico y ético
Ante la amenaza real de apagones parciales o cortes programados, la iluminación que se derive de los alumbrados navideños sin restricciones puede percibirse como un lujo desmedido frente a la urgencia climática.
En ese orden resultaría pedagógicamente contradictorio pedirle a la ciudadanía que racione la energía en su hogar mientras observa las plazas públicas encendidas durante seis u ocho horas continuas.
¿Mito técnico o impacto real?
Los defensores de los alumbrados señalan que la transición hacia la tecnología LED y los sistemas de control inteligente han reducido el consumo de estas instalaciones hasta en un 70 % en comparación con décadas pasadas. Argumentan, además, que el consumo total del alumbrado representa una fracción menor frente a la demanda industrial diaria y que opera en horas de menor carga para la red.
Sin embargo, los técnicos coinciden en que la discusión no es únicamente cuantitativa. En una crisis energética, cada punto de demanda cuenta. Sumar el consumo de cientos de municipios encendidos de forma simultánea durante más de dos meses crea un pico adicional en la demanda nocturna justo cuando los niveles de los embalses necesitan recuperarse.
¿Hacia un apagón festivo o una concertación responsable?
Prohibir drásticamente los alumbrados navideños asestaría un golpe duro al comercio formal e informal, al sector hotelero y al turismo de fin de año, que encuentran en esta tradición un motor de ingresos fundamental.
Para algunos, la solución no requiere irse a los extremos, sino adoptar un criterio de austeridad y responsabilidad ambiental:
Postergar la fecha de encendido: limitar la iluminación estrictamente al mes de diciembre o a la segunda quincena, evitando el encendido prematuro en octubre y noviembre como se volvió costumbre en los últimos años.
Reducción de horarios operativos: ajustar las horas de encendido (por ejemplo, de 7:00 p.m. a 10:00 p.m.) para evitar el derroche en altas horas de la madrugada.
Autonomía energética: exigir que los grandes montajes turísticos cuenten con sistemas de autogeneración solar o baterías independientes que no presionen la red interconectada nacional.
Lo cierto es que, por la dureza, el fenómeno de El Niño exige decisiones que pueden ser costosas. Poner sobre la mesa el impacto de los alumbrados navideños no es un ataque a la tradición, sino un acto elemental de previsión ciudadana y responsabilidad gubernamental. Esperar qué medidas al respecto adopta el Gobierno nacional.
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