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Casa de la Cultura del Líbano también se cae a pedazos
Si no hay intervención urgente, el Líbano corre el riesgo de perder uno de sus patrimonios emblemáticos: La Casa de la Cultura. Las fotos y videos del gestor cultural Hozman Hernández así lo evidencian.
Líbano, el municipio cuya identidad histórica se ha cimentado sobre la fuerza de sus letras, el rigor académico y una fecunda tradición intelectual, enfrenta hoy una de las paradojas más dolorosas de su historia reciente: la ruina física e institucional de su patrimonio cultural y educativo.
La reciente denuncia en video expuesta por el gestor cultural, cuentista y hombre de teatro Hozman Hernández, ha puesto al desnudo el estado deplorable en que se encuentra la Casa de la Cultura "Luis Flórez". Aquel recinto que alguna vez encarnó el orgullo colectivo hoy languidece en el abandono, convirtiéndose en el símbolo visible de una crisis profunda.
Esta situación no es un hecho aislado. Se suma a las quejas que hace apenas unas semanas evidenciaban un grupo de jóvenes para exigir la intervención de los colegios emblemáticos del municipio, cuyos techos y paredes también se caen a pedazos.
Varios alcaldes los responsables
En conjunto, estos episodios revelan un panorama desolador: la educación y la cultura en el Líbano parecen haber sido borradas de la lista de prioridades públicas. Atribuir la responsabilidad de esta debacle exclusivamente a la gestión de la alcaldesa Beatriz Valencia sería un análisis incompleto; el colapso actual es el resultado acumulativo de administraciones pasadas que desatendieron sus deberes esenciales, y que hoy, de manera contradictoria, pretenden presentarse como alternativas para retornar al poder.
Pacto incumplido
Hace cuatro años, en medio de la contienda electoral, los candidatos a la alcaldía firmaron un acuerdo formal con los trabajadores del sector cultural. En ese documento se consignaron compromisos puntuales para redimir el sector, destacando la urgente modernización de la Casa de la Cultura. Sin embargo, tras la victoria electoral, los compromisos quedaron relegados al olvido. Hoy, cuando la administración actual entra en su recta final, el balance es nulo: el auditorio está sumido en ruinas, los talleres de teatro operan en condiciones inviables y los espacios para las artes plásticas carecen de garantías mínimas para el trabajo formativo.
De la retórica oficial solo quedan anuncios de arreglos que jamás se materializan, evidenciando una total ausencia de política pública y de voluntad política real. El deterioro de la infraestructura refleja también el marchitamiento de sus procesos comunitarios e institucionales:
Parálisis formativa: a la fecha, las monitorías culturales no se están dictando, dejando a niños, jóvenes y creadores sin espacios de aprendizaje.
Feria del Libro en riesgo: La presencia del Líbano en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), una iniciativa histórica que posiciona el talento local en el escenario nacional, y que muestra al Líbano como el único municipio de Colombia con una tradición literaria trascendente, ha venido en un declive acelerado que amenaza con perderse por completo si no se genera un viraje inmediato.
Lo cierto es que la realidad actual de la casa bautizada en honor al célebre filólogo libanense Luis Flórez dista abismalmente de la impresión que causaba en épocas pasadas. Hace dos décadas, tras una visita oficial, el exalcalde de Manizales y exministro Germán Cardona expresaba su admiración al constatar que el mayor activo del municipio residía en su amor por la memoria: “Me impresionó el orgullo con que la gente del Líbano me hablaba de su historia, de los escritores, de sus intelectuales, de la educación y toda esa historia estaba concentrada en su hermosa casa de la cultura”.
Hoy, esa trinchera del pensamiento no genera orgullo, sino dolor e indignación. Recuperar la Casa de la Cultura no es un capricho suntuario ni un asunto menor de ornato; es una obligación ética y social para devolverle al Líbano el lugar que por derecho propio le corresponde en la historia cultural del país. Así lo reafirma el gestor cultura Hozman Hernández.
*Henry Rengifo
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