Opinión
El malestar con la política pública de cultura
Por Victor Sánchez
*Gestor cultural
En plena pandemia, fui elegido por un grupo de doce organizaciones culturales como su representante en el Consejo Municipal de Cultura. El día de la posesión asistimos al despacho del señor alcalde Andrés Hurtado unas veinte personas de las diferentes áreas artísticas, de organizaciones sociales, que de acuerdo con la Ley y las normas municipales resultamos elegidos o designados, con el objetivo de proponer, asesorar y ejercer control social y financiero, tanto a los funcionarios como a los planes, programas y proyectos culturales de la Administración Municipal, como lo manda la Ley General de Cultura.
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En las primeras sesiones mensuales del Consejo, nos recibió una amable Secretaria de Cultura del municipio de Ibagué. Mes a mes presentamos propuestas, quejas sobre la manera de usar los recursos públicos, reclamamos por el abandono, se hicieron preguntas, participamos de una marcha en la movilización social, escuchamos a delegados del Ministerio, a funcionarios, contratistas y sub contratistas de la cultura que nos brindaron información sobre variados temas; no hubo respuestas ni agendas claras, muchas ideas y gran desorden, y poco a poco el escenario se puso tibio, las relaciones se tornaron frías, algunas veces no había sesión, otras no había lugar para las reuniones, en varias oportunidades recibimos tratos indignos por desconocer nuestro papel, ausencia de actas de las reuniones, y así, disminuyó el encanto de las sesiones por falta de asistencia de los consejeros.
El representante de literatura falleció, su reemplazo se eligió y no se presentó, la representante de los artesanos resultó ser la directora ejecutiva del gremio de los comerciantes sin ser artesana, el de Cine no volvió, la representante de los museos renunció, el elegido por el sector de circo recibió un contrato en la Alcaldía y se inhabilitó, otros abandonaron el espacio, como el representante de la comunidad Lgbt entre otros, así lentamente nos fuimos quedando solos en las sesiones convocadas en horarios intermitentes y sin una agenda clara ni concertada. Se comprobó en la práctica que las decisiones del Consejo de Cultura no son vinculantes.
En muchos momentos sentimos irrelevante nuestra función al no recibir respuestas, ni lograr que se tuvieran en cuenta las observaciones e inquietudes, como sucedió con el Programa de Estímulos Municipales, que denunciamos en su momento, por carecer de un presupuesto digno, porque no eran claras las condiciones de las convocatorias ni el proceso de asignación de jurados idóneos encargados de calificar las propuestas.
Así, en aquellos días, la mayoría de consejeros dejaron de asistir a reuniones, no había quorum. Ante tal situación en el año 2024 nos auto convocamos y constituimos como Comisión Accidental del Consejo de Cultura con un grupo de seis consejeros que insistimos en fortalecer este espacio de participación, allí al leer en el reglamento nuestra función, nos propusimos rescatar y animar la elaboración de una política pública para beneficio tanto de los artistas como de la comunidad cultural en su conjunto.
La Secretaría de Cultura atendió el llamado, ya que dos anteriores gobiernos municipales habían contratado equipos de profesionales para formular y consolidar documentos de Política Pública que resultaron a medias, archivados y sin éxito en su trámite, al desconocer una caracterización actualizada de las áreas artísticas, y no existir un estudio juicioso de diagnóstico que permita analizar las condiciones de vida de los cultores.
En ese propósito llegamos a un acuerdo y gestionamos conjuntamente con la administración la vinculación de la Universidad de Ibagué y del Tolima para que con su apoyo técnico se diseñara una encuesta que fue aplicada a un número considerable de personas, lo mismo ayudamos a convocar y asistimos a reuniones en las trece comunas y asambleas de diez áreas artísticas, donde se recogieron insumos relevantes sobre el quehacer de la creación, producción y circulación , así como las expectativas de la comunidad frente a las artes y las cultura.
Hoy quien fue presidente de ese Consejo de Cultura, el maestro Juan Camilo Giraldo, presenta en varios medios, los argumentos por los cuales el Acuerdo Municipal de Política Pública para la cultura que se ha aprobado, no fue socializado con sus directos interesados, no precisa ese diagnóstico y su caracterización, no debió ser aprobada porque no se conoció un documento oficial de ese diagnóstico colectivo, no se tuvo en cuenta la caracterización de las diez áreas artísticas, no tiene metas a mediano y largo plazo, no considera la sostenibilidad económica y financiera ni se incrementa el presupuesto para la cultura, no es coherente con la actual legislación cultural que orienta para todo el país nuevas normas que están para aprobación en el Congreso, ni leyes de reciente aprobación como la Ley Artes al Aula, que define la implementación de formación artística y cultural en todos los niveles de la educación formal.
Ante esta sana y necesaria polémica, lo más conveniente es solicitar que la Alcaldesa Johana Aranda, no sancione este proyecto, suspenda la carrera, se devuelva y escuche sin afán y con respeto a la comunidad artística que ha levantado su voz; hacer una convocatoria con metodología activa y participativa que recoja los documentos elaborados por anteriores contratistas, se analicen sus aportes, tenga en cuenta las propuestas elaboradas por algunas áreas artísticas como la Danza, la Música, el Teatro y consolide un documento con mayor rigor y coherencia que garantice a la comunidad Ibaguereña su derecho al goce y disfrute de las expresiones artísticas y de los bienes culturales, para los próximos diez años.
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Leí una frase de Charles Chaplin que puede propiciar la reflexión y la acción del actual Consejo de Cultura: “Chocamos como los planetas, y del caos nacen las estrellas… No debemos tener miedo a chocar, a incomodar o a equivocarnos”
Este es el momento de aprovechar lo mejor de las cualidades y las habilidades de todos sus integrantes, para reclamar la deuda histórica que tiene la Alcaldía con la comunidad cultural de Ibagué.
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