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Opinión

El laberinto del liberalismo ante las elecciones presidenciales

El laberinto del liberalismo ante las elecciones presidenciales

Por: Humberto Leyton

Faltando horas para realizarse la primera vuelta de las elecciones presidenciales 2018, la situación más crítica la enfrenta el candidato liberal Humberto De La Calle, por la falta de apoyo electoral empezando por su propio partido.

La situación es de tal magnitud que dirigentes y bases liberales hicieron cola para ingresar al Salón Rojo del hotel Tequedama, el pasado lunes 22 de mayo, donde el excongresista Edgar Papamija, llevó la vocería de la divisa roja para hacer oficial adhesión a Gustavo Petro; sobra decir que al recinto no le cabía un alfiler. Pero también este portal se enteró por fuentes de entero crédito que por lo menos 20 congresistas del mismo partido sostuvieron una reunión privada en algún lugar de Bogotá con el candidato de la Colombia Humana, para definir su ingreso a esa campaña en la segunda vuelta, pero se sabe que un número considerable de liberales votará ya en la primera vuelta por Petro.

Lo cierto es que el único candidato que verdaderamente ha podido demostrar públicamente que tiene apoyo liberal abiertamente es Petro, los demás solamente han hecho anuncios sin concretar nada. No obstante, tampoco se puede desconocer que dentro de la división en materia de candidaturas que registra el liberalismo, algunos se vayan con Vargas Lleras y otros con Duque, especialmente los congresistas de tendencia de derecha que aspiran a mermelada, pero la masa actuante, mayoritaria y votante del partido Liberal, seguramente estará con el candidato de la Colombia Humana. Esta misma situación también la viven el Polo, los Verdes, los conservadores en su tendencia laureanista y otros sectores, incluyendo los cristianos que tienen un cisma permeados por la candidatura de Petro.

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De La Calle, pese a ser calificado por muchos como el mejor candidato, desde que arrancó su campaña no despegó. Las causas diversas. Una consulta liberal para escoger candidato en tiempo frío invirtiendo más de 40 mil millones de pesos del erario que le causó problemas y críticas; luego una dirección errática del expresidente César Gaviria, que interfirió en los acuerdos para lograr un candidato de coalición de los partidos y movimientos de centro-izquierda, primero con Petro y más adelante con Fajardo; también se añade la entrega de la candidatura Liberal que hizo Gaviria en la tan mentada entrevista a Yamid Amad en El Tiempo, donde palabras más palabras menos, dejó a ese partido como un comodín del candidato que ganara y le resto toda posibilidad de triunfo a su candidato y al partido le quitó toda vocación de poder.

Estas declaraciones le causaron críticas de diversa índole al expresidente desde todos los sectores, que calificaron su actitud como de acomodamiento tempranero de las aspiraciones de su hijo Simón Gaviria, en un ministerio en el próximo gobierno que sería la cuota inicial para llevar al delfín como candidato en las elecciones presidenciales de 1922. Así de delgadito hilan los críticos sobre los cálculos del exmandatario liberal.

Pero también es necesario manifestar que el propio de La Calle ha cometido errores como no haberse lanzado por firmas como era su intención inicial. Todo el mundo sabe que el liberalismo tiene más candidato que partido, y de haber tomado esta decisión, hoy su situación hubiera sido otra. Tendría más fuerza su candidatura e independencia para lograr acuerdos con Petro o Fajardo o ambos; de todas maneras, su posición en el tablero electoral sería otra muy distinta a la actual.

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A De La Calle, al parecer le faltó perrenque para enfrentar la maquinaria liberal y tomar decisiones autónomas, no someterse al sainete de la medrosa dirigencia liberal nacional y regionales que a través de la campaña fueron vacilantes y mostraron miedo para empoderarse de su campaña. Otro de sus problemas es que muchos no entendieron sus tesis y posturas de centro en un país dividido entre la vida y la muerte, entre la paz y la guerra, donde se necesitan posiciones políticas y programáticas claras y definidas, no al estilo Fajardo. Ni chicha ni limoná. Que se sepa ningún país de América o del mundo ha tenido presidentes de centro.

Este escenario dejó infortunadamente a De La Calle como un buen hombre sacrificado en los oscuros, sucios, traicioneros e indescifrables laberintos de la política. La situación del candidato rojo no es solo producto de la bancarrota de su partido, sino de la deslealtad de su propio jefe de campaña y de algunos congresistas que abandonaron el barco antes de hacer agua.

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Estamos seguros de que el candidato Liberal este domingo 27 de mayo, sacará más votos de opinión que los que le pueda poner su partido, pero la carta que se jugó Gaviria de sacar una buena votación en la primera vuelta para posteriormente negociar con uno de los ganadores es riesgosa y se puede quedar sin la soga y sin el ternero.

Ya Petro les sacó ventaja, se apoderó de la ideología y programas liberales, y hoy tiene una buena parte de sus bases y dirigentes regionales en su campaña. Eso es innegable. No se puede poner en duda.       

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