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Un atardecer, cientos de pantallas: cuando lo cotidiano se vuelve viral

Un atardecer, cientos de pantallas: cuando lo cotidiano se vuelve viral

Por: María Alejandra Rodríguez

Periodista. Especialista en comunicación digital y magíster en pedagogía. Jefe de prensa Universidad del Tolima.


El jueves 12 de marzo de 2026 quedará, seguramente, en los recuerdos de las redes sociales como uno de los atardeceres más hermosos de este año en Ibagué. O al menos así quedó registrado en múltiples escenarios digitales durante esta semana.

A mí me pasó, y seguramente también a usted, querido lector, que ingresó a sus redes sociales y encontró una sucesión de fotografías y videos de un cielo naranja intenso. Personas, amigos, instituciones, entidades públicas: muchos quisieron capturar y compartir su propia versión de ese momento.

Cada publicación parecía decir lo mismo, aunque desde distintos ángulos: “mire este atardecer”. Y así, entre historias, estados y publicaciones, el cielo de Ibagué terminó multiplicándose en cientos de pantallas.

Pero, ¿a qué se debe la viralización de algo tan sencillo, y al mismo tiempo tan majestuoso, como un atardecer?

Una posible respuesta puede encontrarse si miramos este fenómeno desde la academia. Desde hace décadas, investigadores han intentado explicar cómo ciertas ideas, comportamientos o contenidos comienzan a replicarse entre muchas personas hasta convertirse en tendencia.

Uno de ellos es Everett Rogers, quien en su libro Diffusion of Innovations explica cómo las ideas se expanden dentro de una comunidad a través de procesos sociales de imitación y adopción. Según Rogers, las personas tienden a replicar aquello que observan en su entorno cercano, especialmente cuando ven que otros ya lo están haciendo. En el caso del atardecer de esta semana, bastaron las primeras fotografías para que muchos otros usuarios sintieran el impulso de compartir también su propia imagen del cielo.

Algo similar plantea la investigadora M. Beatriz Juárez Escribano en su estudio Análisis de la cultura virtual en las redes sociales como organización digital. Allí explica que las redes sociales funcionan como espacios donde las personas construyen su identidad pública y buscan reconocimiento dentro de una comunidad digital. Compartir una imagen no es solo mostrar un paisaje; también es participar en una conversación colectiva y sentirse parte de ella.

Así, lo que empezó como un fenómeno natural, un cielo naranja al caer la tarde, terminó convirtiéndose en un pequeño evento digital. No porque alguien lo organizara, sino porque cientos de personas decidieron, casi al mismo tiempo, mirar hacia arriba, tomar una foto y compartirla.

Quizá esa sea una de las particularidades de nuestro tiempo: que incluso los momentos más simples de la cotidianidad pueden transformarse en experiencias colectivas cuando pasan por el filtro de las redes sociales.

Y así, por unas horas, Ibagué no solo compartió un mismo atardecer, sino también la necesidad de contarlo.

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