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Gabriel Turbay o la tragedia del presidente que no llegó

Gabriel Turbay o la tragedia del presidente que no llegó

Por Alberto Santofimio Botero*


Fueron las primeras ocasiones en que oí mencionar el nombre de quien considero, luego de investigaciones y lecturas, el santandereano más importante del Siglo XX.  En sucesivos diálogos con el maestro Darío Echandía, mi presidente de tesis, mientras escuchábamos el rumor del rio Coello, desde el balcón de la terraza del hotel Chicoral, escuché de sus labios idéntica versión con el valor agregado de haber sido él, ilustre protagonista de primera línea de estos acontecimientos históricos.

La temprana sombra de la muerte de Gabriel Turbay, en un hotel de París después de su derrota, el asesinato de Gaitán, que estremeció  las más íntimas fibras del sentimiento nacional, y marcó toda una época, la violencia política, luego el plebiscito y los pactos del Frente Nacional, el popular surgimiento del movimiento revolucionario liberal acaudillado por Alfonso López Michelsen, pero sobre todo la memoria perenne de Gaitán, en el pueblo liberal, fueron todos factores que contribuyeron a desaparecer de los medios de comunicación y de la frágil memoria colectiva, la figura, el nombre, la trayectoria, las ideas, la sólida concepción del Estado y de los problemas y conflictos de la sociedad Colombiana  de Gab riel Turbay, así como su decisiva influencia  en la derrota de la hegemonía conservadora y el triunfo del liberalismo con Olaya Herrera en 1930. La figura de Turbay, la singular presencia de este colombibano ilustre sufrió entonces un eclipse inexplicable y un ingrato olvido de su partido y de la historiografía oficial

Un día me encontré con una edición rustica, de la obra del cronista y famoso escritor Alejandro Vallejo, reeditada en 1971 por el Instituto Colombiano de Cultura, titulada “Políticos en la Intimidad”. Se trata de un libro excepcional del cual el intelectual Darío Achury Valenzuela afirmó: “Vallejo, a estos personajes, les traduce su vida, con la esencial virtud en un hacedor de vidas como lo es el biógrafo y como medio para ello dispone de un idioma fácil, biológico y admirable. Maneja la narración con llaneza y alegría. Sobre todo, con alegría. Que es continuada delicia en el estilo de Vallejo y virtud que no se le va de las manos y que le rezume por la boca, burlona, alegría siempre despierta a las citas que hace. Con ella reborda a los personajes de su libro una capa pluvial a la vida mínima de los caballeros en trance de biografía”.

En esa formidable crónica de literatura política, de inapreciable valor para el seguimiento y la investigación de aquella época de los años 1930, y 1940 de la vida colombiana, desfilan, con mágica precisión y pulido arte las figuras de Jorge Eliécer Gaitán, Alfonso López Pumarejo, Gabriel Turbay, Augusto Ramírez Romero y Juan Lozano y Lozano. De su atenta lectura encontré que Gabriel Turbay, el personaje olvidado  del que hablaban en mi niñez  con respeto, admiración, y cierto acento de inescapable nostalgia liberal, mi padre y Echandía, era para mi asombro una enorme figura de la historia colombiana del siglo XX injustamente desaparecida de los anales y discursos de su propio  partido, y tempranamente desconocida  en  las publicaciones de periódicos, revistas, y peroratas en el parlamento y en la plaza pública por los voceros de ese liberalismo que el influyo decisivamente en llevar al poder, que dirigió con brillo y tino, que represento en el congreso, en los ministerios y en sus gestiones de diplomático, con un bagaje intelectual, un tino y un acierto superiores a los demás protagonistas  de su tiempo.

Inexplicablemente todos estos actores contribuyeron a decretarle a semejante prócer civil de la Republica a un demócrata excelso y a un estadista superior, una inaudita muerte por desaparecimiento.

Pocos de mi generación, y de las posteriores, han conocido la determinante actuación de Gabriel TURBAY como decisivo artífice del triunfo del liberalismo y su llegada al poder en 1930. Por eso, celebramos ahora el admirable compendio de OLGA L GONZALEZ, doctora en sociología de la escuela de altos estudios de ciencias sociales de París, entre muchos merecidos títulos.

Su brillante trabajo de investigadora y escritora, titulado “El presidente que no Fue, la historia silenciada de GABRIEL TURBAY.” con este libro maravilloso está logrando lo que podríamos calificar como el renacimiento histórico de este Prócer Civil de la Republica. De esta obra trascendental haremos referencias más adelante.

Alejandro Vallejo, con perfectos trazos cuenta en su libro como en el primer congreso comunista en Bogotá, el joven Turbay como estudiante de medicina pronuncio su primer discurso. Así lo narra el autor con artística precisión; “Pálido, algo asmático, exaltado con su silueta de animal estepario, con sus orejas extendidas y con su fina nariz humeante, con su voz cargada de diapasones metálicos, con su mirada de zahorí, así vi y oí el primer discurso de GABRIEL TURBAY

Para poder entender cabalmente la prodigiosa trayectoria de GABRIEL TURBAY EN LA VIDA pública es indispensable volver a la singular prosa de ALEJANDRO VALLEJO, cuando afirma: “La clientela de un consultorio de medico era insuficiente. Dejó la medicina como antes había dejado el comunismo y se consagro de lleno a la política. Llevo a aquel campo sus conocimientos mágicos. Lucha en Santander, en aquella comarca montañosa y levantisca, donde no se triunfa como en otras partes con mañas, con maniobras, con padrinos-

Allí no hay del triunfo ese concepto blandengue que hay en otras regiones donde quien obtiene un triunfo así sea miquingo o pírrico hace de ese triunfo una almohada para descansar. En Santander un hombre no triunfa. Allí los hombres se imponen.

Eso hizo GABRIEL TURBAY…………orador incomparable cuando quiso serlo, a su hora decisiva, renuncio casi a la oratoria………En un banquete que les ofrecen a TURBAY Y A CARLOS LOZANO, este hace el discurso sonoro. TURBAY apenas da las gracias brevemente con voz apagada, en actitud severa con palabras medidas y precisas.

TURBAY lo ha sabido mudar todo con singular elegancia. Su raza, su oficio, su partido, sus ideas, sus amores, como el metal de su voz hasta su piel……………. Todo se explica en el fondo de su conciencia como un dialogo permanente entre Asia y América, entre lo Oriental y lo Occidental, entre la fantasía y la acción, entre la magia y la inteligencia, entre el placer y el sacrificio.

A GABRIEL TURBAY rara vez lo abandona el impulso de superación, nadie como   el reacciona con mayor vigor cuando a su alrededor se empequeñece el cuadro en el que actúa o pierde el brillo el momento. En el curso de una peroración en el senado, casi se transfigura y exclama;” Siento la iluminación”.

Como BORGIA, como TALLEYRAN como MIRABEAU, como METTERNICH, como DISRAELI con quien TURBAY tiene tantas concomitancias – nuestro héroe realiza el tipo que inútilmente han querido pintar los teorizantes de todos los tiempos. GABRIEL TURBAY es la obra pura del arte de la política, ese arte tan antiguo y siempre tan desconocido, aun por los que más se figuran poseerlo.

Pero nada impide a GABRIEL TURBAY ser el amigo más leal, ni poner en su estimulante camaradería la gentileza más espontanea”.

Navegando en documentos, archivos y publicaciones vamos encontrando el genuino perfil de GABRIEL TURBAY como un gran fenómeno político de su tiempo. Debemos hacer énfasis en su condición ignorada o deliberadamente olvidada de arquitecto de la victoria del partido liberal en 1.930, cuando el país se había resignado a que la elección de los presidentes estaba condicionada a la voluntad de un poderoso prelado de la iglesia católica. GABRIEL TURBAY se inspiraba en los caudillos liberales como SANTIAGO PEREZ, AQUILEO PARRA, CAMACHO ROLDAN o ESEQUIEL HURTADO quienes como predecesores del partido condenado al ostracismo habían librado en el pasado memorables batallas por las ideas y hasta en el campo de batalla.

Ante las poderosas candidaturas de ALFREDO VASQUEZ COBO, ingeniero y militar y de GUILLERMO VALENCIA poeta e intelectual, muchos sectores predicaban la abstención del liberalismo, mientras TURBAY visionario, se empeñaba en la tarea de ambientar la posibilidad de una candidatura liberal que permitiera recuperar el poder aprovechando la coyuntura. De esa manera   TURBAY en su condición de miembro de la jerarquía liberal, oriento como líder la celebración de una convención, con esta posibilidad que muchos juzgaban temeraria y aventurada. Busco y propulso la cohesión de las distintas vertientes de la colectividad hasta lograrlo, luego de titánica lucha. Lo que comenzó siendo una ilusión y un sueño, y se volvió una realidad. Ahí se demostró la calidad de zorro y de león de TURBAY como indiscutible artífice de la llegada de ENRIQUE OLAYA HERRERA a la primera magistratura de la República.

Tuvo el antecedente de haber participado al lado de JORGE ELIECER GAITAN en el célebre debate de las bananeras contra el gobierno conservador   de MIGUEL ABADIA MENDEZ en 1.929. Ahí comenzaba un singular destino común de dos colosos de la inteligencia liberal para protestar con su elocuencia por los hechos trágicos ocurridos en el municipio de Ciénaga en medio de una huelga de trabajadores.

Con escasos 3 años de diferencia de edad, estos hombres iniciaron una especie de vida paralela habiéndole dado los dos con su célebre debate en el congreso un golpe definitivo al  agonizante gobierno conservador. Combinaban ellos la gran capacidad de agitador social y luchador popular de GAITAN con la ponderada seriedad de hombre de estado y de político moderno de GABRIEL TURBAY. Mientras el caudillo popular construía en las plazas publicas y en las defensas penales un multitudinario movimiento de inconformes GABRIEL TURBAY  paseándose por ministerios y embajadas del gobierno liberal  libraba batallas  emblemáticas para buscar que el inmenso poder de la iglesia de entonces tuviera que ser limitado en su abundante riqueza económica, y en su reconocida influencia en el estado y en la política, con una reforma del concordato vigente que le había dado poderes omnímodos y casi que perpetuos. Tercamente TURBAY insistía en la conveniencia y urgencia de reformarlo, con la concepción de la total separación de fueros y poderes entre el estado y la iglesia. Llego incluso a proponer con el entonces ministro de gobierno DARIO ECHANDIA, que se sometiera a un plebiscito popular en la elección de representantes al congreso, la definición del partido liberal y del gobierno sobre la reforma del concordato. Con su conocimiento a través de sus visiones diplomáticas del pensamiento de la iglesia católica que consideraba que las peticiones de Colombia eran legitimas y esto le daba posibilidades a la reforma concordataria por el promovida.

Sin embargo, pese a los esfuerzos de TURBAY ante el congreso, y de las gestiones de DARIO ECHANDIA en Italia, el empeño se frustró, y se impidió la progresista modificación del tratado.

Como embajador de Colombia en 1935, en su condición de vocero en la Liga de las Naciones en Ginebra, TURBAY advirtió sobre los peligros que amenazaban a América Latina como Europa, como el fascismo, el nacismo y el totalitarismo, multiplicados por todo el mundo. En un documento dirigido al presidente EDUARDO SANTOS, puntualizaba: “Con honda preocupación he querido hacer llegar al gobierno estas impresiones, que tal vez puedan contribuir a ilustrar su criterio sobre el derrotero que un país de tan escasas defensas como el nuestro debe seguir ante una situación tan eminentemente peligrosa por todos sus aspectos”. De ese tiempo es el abultado cruce de cartas entre SANTOS y TURBAY sobre la política internacional. En una famosa carta de 1942 el presidente SANTOS le comunicó a su embajador la decisión de declarar el estado de beligerancia. Mientras SANTOS fue reconocido anticomunista, TURBAY que en su juventud había estado en los albores del partido comunista colombiano, consideraba que era absurdo el empeño anticomunista de sectores de su partido y que por el contrario este debía mirarlo como un posible aliado en empeños de progreso social, derechos humanos y libertades públicas, no cabe duda después de la lectura de la abundante correspondencia entre SANTOS Y TURBAY el afecto y la admiración que mutuamente se profesaban, aun en términos íntimos y coloquiales si se quiere.

En el libro de la escritora MARILUZ VALLEJO MEJIA, titulado EDUARDO SANTOS, “Estrictamente Confidencial”, se cita un documento extraordinario donde SANTOS reconoce la importancia de TURBAY como abanderado del liberalismo. El 3 de octubre de 1936 el doctor SANTOS en tono intimista expresa: “Vengase pronto GABRIEL, que el país y el partido lo necesitan. Yo no sirvo para la política, y lo hago con desgano, como un deber desagradable y con la vista fija en la puerta por donde he de salir. Así no se va a ninguna parte. El puesto que yo tengo en el Directorio es suyo y lo único que en el me atrae es el de entregárselo y ofrecerle mi apoyo irrestricto para tratar de contener esta horda necesitada de un domador. Yo creo que usted es el hombre, por mil razones, y respirare el día que lo vea bajarse del avión en techo”.

A GABRIEL, creció una complicidad intelectual para el manejo de las relaciones internacionales, pero, especialmente, la difícil tarea de las negociaciones con el Vaticano, que según SANTOS “Tenían un carácter suigéneris, erizado de dificultades”.

Según la escritora VALLEJO MEJIA, quien examino a profundidad una colección de cartas de mas de 200 folios, uno de los políticos en que más esperanzas tenía el doctor SANTOS era GABRIEL TURBAY. En una de las de las célebres misivas entre los dos, el 9 de enero de 1942 puntualizando su postura de presiente frente al imperialismo Norte Americano SANTOS le expresa a GABRIEL TURBAY: “Colombia, señor embajador no pude admitir nada que equivalga a la presencia de guarniciones de marinos americanos en nuestras ciudades. Los aeródromos esenciales de Colombia están, como es natural, a la puerta de las principales ciudades, y una guarnición yanqui, por pequeña que fuera, representa un choque tal para la opinión pública que parece difícil que pudiera resistir a él nuestra política de creciente y franca amistad. Colombia fara dase en todas esas cosas. Aumentaremos hasta donde sea necesario las guarniciones de los aeródromos. Si se necesitan, como usted lo dice, equipos de técnicos mecánicos, estamos listos a contrarios o a que los contrate Avianca cuando sea el caso, pero sujetos a las ordenes colombianas y no dependientes de la Embajada Americana”.

De la atenta lectura de documentos, investigaciones y libros queda transparente la postura genuinamente liberal de TURBAY AYALA, su apego permanente a la búsqueda de la concordia publica, al perfeccionamiento del estado colombiano para enfrentar con serena eficacia los conflictos internos de nuestra nación, y los que entonces se vivían con las tenciones y conflagraciones internacionales. Mientras otros jefes liberales callaban por temor o por estrategia, frente a las arremetidas del odio sectario de LAUREANO GOMEZ, contra el liberalismo colombiano, GABRIEL TURBAY lo encaro con torrente de ideas claras y argumentos precisos. Como bien lo dice la socióloga OLGA L GONZALEZ en su obra ya citada:” Sabemos con plena certeza que GABRIEL TURBAY lo enfrento públicamente, realizo debates cuando quiso cerrar el congreso, cuando promovió la violencia y el atentado personal, cuando se alineo del lado de franquistas y de la Alemania nazi. Estos son aspectos de la historiografía colombiana aún no ha examinado”.

De la multitud de documentos investigados hay uno que recoge y resume la postura doctrinaria de liberal integro y de patriota consumado de GABRIEL TURBAY. En 1941 como jefe del partido liberal expreso; “Ha sido mi propósito al regresar al país contribuir tesoneramente a la creación de un clima político propicio a la intervención de los partidos en las luchas cívicas que garantizan el funcionamiento normal de un Estado regido por principios democráticos. Este es un propósito firme de mi voluntad y deseo verlo convertido en una política permanente de mi partido. Esa política se funda en la convicción cada día mas arraigada de que tan solo por los caminos de la democracia logran los pueblos realizar pacífica y noblemente sus ideales.

Quiero confesar que una de mis mejores ambiciones, delante de la perspectiva de dirigir el próximo debate electoral era la de lograr presidir, en una mesa redonda, con los directores del conservatismo, un debate cívico puro, limpio, intachable, y la de verificar con su concurso un escrutinio inobjetable de la opinión publica nacional. Abrigaba la certidumbre de que los directores del Partido Conservador, si los hechos les eran reamente adversos, aceptarían públicamente la situación que les corresponde en el país y acordarían su política a esa situación como republicanos y demócratas.

No corresponde a la Dirección Nacional del Liberalismo juzgar las decisiones del Partido Conservador. Pero al celebrar como colombiano y patriota las declaraciones de fe en los sistemas democráticos, hechas por una gran colectividad histórica en horas singularmente criticas para el predominio de esos ideales en el mundo, no puedo menos de señalar la contradicción que surge entre esos principios y los procedimientos adoptados por los dirigentes del conservatismo”.

Bajo la comunidad de ideas liberales y profundamente democráticas se encuentran siempre SANTOS y TURBAY, sigámoslo escudriñando en la expedición que hemos realizado por el inmenso territorio de su producción epistolar. Por ejemplo, en la carta escrita por SANTOS a TURBAY en enero de 1.937, donde se le hace entrega a TURBAY de la jefatura de la Dirección Nacional Liberal, desde Paris el 2 de Noviembre de 1937, SANTOS expresa: “Hay una obra liberal que yo he ayudado a hacer no solo en los siete años anteriores sino desde 1.911. Hay un triunfo liberal que defender y en el cual tengo yo una parte no inferior a la de ningún otro. Podría decir como Azaña que ese edificio del régimen liberal en Colombia, no lo miro yo desde fuera, sino que lo tengo sentido y vivido a través de toda mi existencia. Cuando se quiso que yo fuera presidente de la Republica no lo quise ser, lo cual hubiera sido fácil, por obra de conciliábulos o por generosa investidura de los poderos, sino que le pregunte al pueblo liberal y a todo el pueblo de Colombia si así lo quería, en acto quizás sin precedente en nuestra historia política.” 

Pero la más maravillosa síntesis de la visión de estadista mirando al futuro la consagro en la oportunidad histórica del 7 de agosto de 1938, dándole posesión como ya lo dijimos atrás a EDUARDO SANTOS como presidente de la república. Con base en la fuente del texto publicado por la imprenta nacional, la socióloga OLGA L GONZALEZ en su obra tantas veces citada expresa:” Su discurso del 7 de agosto de 1.938 como presidente del senado es una brillante exposición del programa que defiende en el que se destacan puntos como estos,

De las propuestas de GABRIEL TURBAY:

- Llevar a cabo una reforma administrativa que organice la justicia.

- Reformar el concordato para asegurar que el Estado, y no la Iglesia, se apersone de la instrucción pública (liberal de enseñanza), el manejo civil del matrimonio, el registro civil.

-Desarrollo de la escuela mediante la incorporación de oncemil nuevos maestros.

-Llevar a cabo un programa de descentralización administrativa para distribuir mejor el crédito.

-Asegurar que la inversión extranjera en el sector minero colombiano no se convierta en un monopolio y deje beneficios para los locales.”

En julio de 1.945, la convención Nacional del liberalismo proclamó oficialmente la candidatura de GABRIEL TURBAY como candidato único del partido a la presidencia de la república en el periodo constitucional de 1946 a 1950, a su vez JORGE ELIECER GAITAN lanzaba la suya en un multitudinario encuentro popular en la plaza de toros la Santamaría de Bogotá. A pesar de múltiples coincidencias de estilo de ideas liberales y de posiciones críticas desde la época de la hegemonía conservadora y del advenimiento de la Revolución en Marcha y la Republica Liberal, era evidente la contraposición de personalidades y la forma de mirar la vida de estos colosos gigantes de la nación colombiana. Los unían muchas ideas, pero los separaban ambiciones e intereses que a ambos los rodeaban.

La sombra de una supuesta influencia de SANTOS en la candidatura TURBAY, la equivocada neutralidad del presidente ALFONSO LOPEZ PUAREJO, las interferencias marcadas del con cervantismo que oscilaba entre las supuestas simpatías de LAUREANO GOMEZ con GAITAN, la propuesta de GUILLERMO LEON VALENCIA de una coalición con el caudillo liberal, terminaron siendo una hábil estrategia de ayudar a dividir para reinar luego. La división liberal se radicalizó hasta el punto de abrirle una calle de honor a la candidatura de MARIANO OSPINA PEREZ que logro el triunfo pese a la evidente mayoría liberal anulada por la división.

 El enorme fervor popular en torno a JORGE ELIECER GAITAN que hacia su prédica encendida por la restauración moral de la Republica, no fue suficiente para lograr ganarle en las urnas al candidato oficial del liberalismo GABRIEN TURBAY. Todo fue después el desarrollo de una trágica expiación de la grandeza para el liberalismo colombiano.

GABRIEL TURBAY, el estadista murió de melancolía, solitario en un hotel de Paris, el 17 de noviembre de 1947. Y, a JORGE ELIECER GAITAN, que ya no solo encarnaba la esperanza de los desposeídos sino la jefatura oficial e indiscutible del liberalismo que lo llevaba en hom bros de su popularidad hacia el poder, fue villanamente asesinado el 9 de abril de 1.948. Todo esto fue la destrucción para el liberalismo que solo logro recuperarse luego de las dictaduras a través del plebiscito del 1 de diciembre de 1957 y de los acuerdos de convivencia con los adversarios tradicionales.

Con estas líneas especialmente dirigidas a la juventud del Tolima y de Colombia, he pretendido desafiar el injusto telón de la ingratitud y olvido con un grande de la República,

por parte de su propio partido liberal, y de la historiografía oficial, por más de 80 años.

Ibagué el Bunde 3 de marzo de 2026.

*Exministro de Estado, Ex senador de la República, Expresidente de la Cámara de Representantes de Colombia, Miembro de las academias de Historia de Cartagena de Indias y del Tolima.

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