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Opinión

El cuidado de la vida (Automatización vs. Liberación)

El cuidado de la vida (Automatización vs. Liberación)

Por Juan Bautista Pasten G.
*Docencia e investigación Universidad de Chile


Me refiero a la automatización de la existencia humana, vale decir, al uso indiscriminado de la denominada tecnología digital (internet, celulares, computadoras, Tablet, iPad y otros aparatos cada vez más sofisticados).

A mi juicio, lo expuesto anteriormente, provocará, más temprano que tarde, la absorción de todas las actividades humanas, con la consiguiente dependencia y sumisión inconsciente - ¡qué novedad! – de hombres, mujeres, adolescentes y niños a la tecnología predominante.


Como se sabe - debería saberse - la sumisión y dependencia constituyen acciones divergentes a la liberación, a la autonomía y, por tanto, a la toma de decisiones razonadas e independientes.


Ahora bien, ¿qué trae consigo la obsecuencia y obediencia ciega a hechos, acciones, objetos y/o sujetos? y derivado de lo anterior, ¿cómo afectan las relaciones sociales, junto a las ideas y convicciones de las personas?


Producto de las interrogantes formuladas, surgen, según mi opinión, preguntas necesarias: a) ¿por qué la automatización ejerce tanta influencia sobre los humanos?, b) ¿qué consecuencias negativas puede tener tal obsesión hacia lo digital?, y la más importante, ¿Cómo emplear adecuadamente este instrumento tecnológico?


Antes de responder a lo expuesto, es menester definir brevemente lo que entendemos por automatización y liberación, en especial, la dicotomía habida entre ambos. Esto posibilitará conectar tales conceptos y acciones, de manera que generen un beneficio real a la humanidad.


I. Automatización: consiste en el uso de tecnología, programas y sistemas, con la finalidad de realizar tareas repetitivas con una pequeña participación humana; lo que se busca es aumentar la productividad, la eficiencia y la precisión

Hay varios tipos de automatización, por ejemplo, la ejecutada en los procesos administrativos, la de carácter industrial y la aplicada en el hogar y tareas cotidianas. Todas ellas buscan reducir los errores humanos, mejorar la calidad de los productos, incrementar la velocidad en los resultados y, por supuesto, el ahorro en los costos, al utilizar menor cantidad de humanos en todo el proceso y fines logrados.

II. Liberación: podemos resumirla como el acto de emancipación e independencia de una carga, una presión, sujeción o limitación, sean estas físicas, emocionales, mentales o legales.

Tal como acontece con la automatización, existen diversas formas de liberación, entre ellas, pueden mencionarse las siguientes: la libertad social y política, la libertad física o material, la natural o innata, la legal o de derecho, la de carácter ético moral, la capacidad de discernimiento individual y, para mí, la fundamental, porque es el sustrato de todo tipo de liberación, es la Autoconsciencia, es decir, el creciente y constante conocimiento de sí mismo/a y de todas las potencialidades inherentes.

Ahora, estamos en condiciones de abordar la temática planteada inicialmente. Todo ello en vista de permitir la mejoría en la calidad de la existencia humana, en todos los ámbitos.

Por lo pronto, en una simple observación de nuestro entorno, podemos percibir la enorme influencia que la tecnología ejerce sobre las personas, ya sea en los hogares, en los diversos medios de transporte, en la calle, en las plazas, parques y, por cierto, en los lugares de trabajo y estudio.

Cada vez más, un ingente número de personas recurre al usufructo voluntario o inconsciente de las herramientas digitales, por motivos necesarios o automáticos. Parafraseando una cita del poeta mítico Homero, “el mundo está lleno de tecnologías”, la cual crece día a día, incluso aún más, con la llamada inteligencia artificial (IA), que parece tener respuestas para todo.

En el intertanto, el pensamiento humano, analítico, reflexivo y crítico, ha quedado en segundo plano, ya que es mejor recurrir a la inmediatez del internet. Esto provoca que las personas se conviertan en entes repetitivos, abúlicos y robóticos. El mundo corre el peligro evidente de convertirse en viajeros sin rumbo fijo ni propósito de vida.

Efectivamente, en esta realidad al borde del abismo existencial, los humanos pueden transformarse en meros objetos de utilización y desecho, en mercancías de cambio, en seres manipulables al arbitrio de programas (softwares) establecidos y, por tanto, de quienes idean y manejan esos instrumentos tecnológicos, con fines todavía más inquietantes.

Cabe preguntarse si la humanidad pensante y consciente podrá responder, superar y vencer ese modo nihilista de vida, si cada uno de nosotros quiere adaptarse pasivamente a esta dramática y deprimente realidad.

Ahora bien, por mi parte, soy de aquellos que rechazan cualquier clase de sometimiento y obsecuencia, del carácter que sea. No concibo como bella y sabia una realidad ajena a los Valores de la Justicia, el Amor y la Libertad. Es más, acojo y asumo, con reflexión y creatividad, el principio cristiano de que “el conocimiento nos hace libres y poderosos”.

Ciertamente, el Conocimiento no se reduce a reproducir lo que señala una máquina, sino a buscarlo y aplicarlo con inteligencia y sensibilidad, además de compartirlo con todos los seres humanos, en especial con los más desposeídos.

Hoy día, se habla mucho de la IA, como algo novedoso e inédito. No obstante, tiene poco de artificial, pues sólo es una prolongación del conocimiento humano, adquirido por siglos de existencia en este planeta.

Entonces, ¿cómo enfrentar la automatización y su poder cautivador?

En primer término, es preciso indicar que la tecnología, como muchas invenciones humanas, no es dañina en sí misma, pero lo es el uso negativo que puede hacerse de ella y, por tanto, los efectos opresores sobre gran cantidad de personas.

Teniendo presente lo anterior, considero que, para evitar caer en el proceso desestabilizador y lesivo de la automatización, es imprescindible que cada ser humano y cada país, nación o estado, debe instar, resolver y educar (se) para la consecución de instancias ingeniosas y constructivas, en las que participen protagónicamente las artes, la ciencia y la filosofía. Estas son las siguientes:

    1. Observación empírica de todos los acontecimientos, estar atento a todo cuanto acontece en el alrededor y en nosotros mismos.

    2. Fortalecimiento del pensamiento autónomo, propio, ser capaces de pensar de modo personal y divergente al orden impuesto.

    3. Potenciar el razonamiento crítico y autocrítico, como forma de enriquecer el pensamiento y no subordinarse a ideas exógenas.

    4. Actitud constante de empatía y colaboración hacia quienes nos rodean, motivar la cooperación colectiva.

    5. Perseverar en una mente abierta al conocimiento en todos los aspectos, tanto internos como externos.

    6. Generar una imaginación creadora, con la suficiente idoneidad para propiciar nuevos campos de aplicación.

    1. Propiciar acciones coherentes y consecuentes, fomentar actividades atingentes a la realidad presente.

    2. Sostener el pensamiento ético de la sociedad, teniendo como sustrato el diálogo y la comunicación efectiva.

    3. Posibilitar el equilibrio reflexivo como forma de evitar tanto el relativismo como el dogmatismo ideológico y moral.

    4. Crear y motivar la unidad con la naturaleza, permitiendo el cuidado y la sostenibilidad de la misma, sin pretender la conquista de la naturaleza sino la armonía con ella.

    5. Inculcar el autocuidado y las interacciones colectivas beneficiosas, sustentadas en la alegría, el entendimiento y la paz.

En efecto, perseverar y cumplir con estos principios, nos permiten estar presentes, ser conscientes y comprometidos con la construcción de una sociedad auténticamente libre, sapiente y ecuánime.

En consecuencia, el ansia del conocimiento y la libertad responsable impiden el estancamiento de las sociedades, así como el mecanicismo de las ideas y los comportamientos humanos. Por el contrario, allanan el camino de la evolución hacia la Sabiduría y el Bienestar de la humanidad en su conjunto.

La calidad de la vida es la base de la vida verdadera.

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