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El fenómeno ‘Therian’

El fenómeno ‘Therian’

Tomada de la web.

Aunque la reciente convocatoria a un encuentro masivo en el Parque Simón Bolívar de Bogotá ha tomado por sorpresa a muchos, el fenómeno Therian está lejos de ser una novedad. El término proviene de la palabra therianthropy (teriantropía), que combina los vocablos griegos therion (animal salvaje) y anthropos (humano). Históricamente ligada a la mitología sobre la transformación de hombres en bestias, esta identidad fue adoptada en un sentido moderno por las primeras comunidades de internet en la década de 1990. 

Lo que comenzó en foros como espacios de anonimato para compartir experiencias de "identidad animal interna", ha evolucionado durante tres décadas hasta comunidades globales en Reddit y TikTok que hoy se manifiestan físicamente en las calles de las principales capitales del país.

Desde el ámbito académico, investigaciones como la publicada en la revista Society & Animals han analizado el bienestar psicológico de quienes se identifican como "no humanos". Los estudios sugieren que esta identidad a menudo funciona como un factor protector, especialmente para jóvenes con rasgos de introversión o dentro del espectro autista, quienes encuentran en el "theriotipo" (el animal con el que se identifican, como lobos o felinos) una forma de procesar su identidad en un mundo que les resulta hostil. No se trata de una elección estética, sino de un proceso de autodescubrimiento que, para muchos, es comparable con las transiciones de identidad de género en términos de búsqueda de aceptación social y validación interna.

El límite entre la identidad y la salud mental

Sin embargo, el salto de lo simbólico a lo físico es lo que hoy enciende el debate sobre la salud mental en Colombia. El uso de máscaras, colas y la imitación de conductas animales —como desplazarse en cuatro patas— plantea una división crítica que los especialistas llaman a observar: la diferencia entre una metáfora de identidad y una desconexión biológica. 

El riesgo real aparece cuando el joven pierde el juicio de realidad, rechazando su biología humana para adoptar hábitos que ponen en riesgo su salud, como intentar alimentarse con comida para mascotas. En estos casos, la identidad deja de ser un refugio para convertirse en una evasión patológica de realidades dolorosas como el bullying o traumas no resueltos.

El desafío para las familias y las instituciones educativas radica en comprender que el internet no creó esta experiencia, pero sí le dio un lenguaje y una comunidad global. La clave no está en la ridiculización, que suele profundizar el aislamiento del joven, sino en fomentar una identidad sólida que no dependa de máscaras para interactuar socialmente. 

Mientras la ciencia continúa debatiendo si esta identificación es un rasgo de personalidad o una respuesta al entorno, la realidad en parques y colegios exige un acompañamiento que equilibre la libertad de expresión simbólica con la preservación de la salud mental y el sentido de realidad de los adolescentes.

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