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Un mes bajo la lluvia

Un mes bajo la lluvia

Foto: Óscar Viña

El calendario avanzó y la intemperie no dio tregua. El 15 de enero se cumplió un mes desde que 15 familias indígenas emberá extendieron plásticos negros y cauchos sobre el suelo, frente a la Unidad para las Víctimas, en el centro de Ibagué. Desde diciembre de 2025, ese pedazo de plaza se convirtió en su casa provisional.

Son cerca de 40 personas, 22 de ellas niños, quienes aguardan un gesto que los devuelva a su territorio. Salieron desplazados hace cuatro años por la violencia y hoy reclaman algo básico: regresar al lugar donde su vida tenía sentido. “Estamos sufriendo. Las mujeres y los niños pasan bajo la lluvia, sin poder cocinar y aguantando hambre. Pedimos ayuda para retornar”, dice Luis Ángel Vitakui, vocero de la comunidad, en declaraciones a Caracol Radio.

Los “cambuches” improvisados dibujan una escena repetida: estufas artesanales, baños precarios y la comida racionada. El barrio La Pola observa, mientras el agua corre y la noche cae temprano. “Necesitamos un bus para regresar y una turbo para nuestras cosas. La comida se está acabando. Queremos volver a nuestro territorio para no sufrir más”, insiste Vitakui.


La espera se sostiene en reuniones anunciadas y fechas por definir. Las familias confían en que un encuentro con la Alcaldía de Ibagué y la Unidad para las Víctimas destrabe el retorno. El tiempo, sin embargo, sigue su curso.

La respuesta oficial

La Alcaldía informó que mantiene atención y acompañamiento a la comunidad emberá katío del resguardo Irakal, proveniente de Bagadó, y que ese trabajo permitió el retorno de 46 personas de 17 familias a su lugar de origen. “Hemos actuado de manera continua, humana y responsable”, señaló Claudia Aristizábal, secretaria de Desarrollo Social y Comunitario.

No obstante, 15 familias permanecen a la espera de una reubicación temporal mientras se completan los trámites nacionales para el retorno, según lo solicitado por la propia comunidad.

La crónica no pide favores: exige coordinación. La institucionalidad: nación, departamento y municipio, tiene la palabra para que este campamento deje de ser noticia y vuelva a ser tránsito.

Un bus, una fecha y garantías mínimas pueden cerrar un mes de intemperie y abrir el camino de regreso a casa.

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