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El coloso de la 37 tenía una mancha rosada

El coloso de la 37 tenía una mancha rosada

Victoria Castillo, gerente de la Fàbrica de Licores del Tolima en medio de la mancha rosada

En medio del rugido del estadio, entre las camisetas que llevaban impreso el aguardiente insignia del Tolima, el Tapa Roja, esa mancha rosada no era casualidad. Era símbolo. Era gratitud. Era abrazo colectivo.

El fútbol tiene esa magia democrática: cobija al empresario y al obrero, al joven que sueña con ser delantero y a la abuela que aprendió a celebrar goles en la sala de su casa. En el Estadio Manuel Murillo Toro, el balón no solo rueda sobre el césped; rueda sobre las historias de quienes encuentran en 90 minutos una pausa a la rutina, una excusa para creer que todo puede cambiar con un remate al ángulo.

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Aquella noche del domingo 1 de marzo, 100 mujeres vestidas de rosa ocuparon un espacio que durante años parecía lejano: la tribuna de un clásico. Eran madres sustitutas de la Asociación Asofasuil, mujeres que han decidido abrir la puerta de su casa y, sobre todo, la del corazón, a niños, niñas y adolescentes en condición de vulnerabilidad.

Ellas, acostumbradas a celebrar pequeños logros cotidianos, una tarea bien hecha, una noche sin lágrimas, una sonrisa que regresa, fueron invitadas a celebrar en grande.

La estrategia Tapa Roja Solidario, impulsada en el mes de la mujer, hizo posible que estas 100 madres vivieran la emoción del partido. La iniciativa, desarrollada como parte del compromiso social de la Fábrica de Licores del Tolima, buscó exaltar la labor silenciosa y transformadora de quienes llevan casi 13 años trabajando por la infancia en Ibagué.

“Estamos muy contentas con esta invitación. Todas merecemos este tipo de espacios, la Fábrica de Licores ha pensado en nuestro bienestar”, dijo Dania Rojas, mientras sus ojos iban del verde intenso de la cancha al cielo que empezaba a teñirse de naranja.

Cerca de 160 mujeres hacen parte activa de estos programas. Son red, son refugio, son estructura emocional para quienes han tenido que empezar de nuevo demasiado pronto. La presidenta de la asociación, Consuelo Leguizamón, lo resumió con sencillez: “Es un placer y un honor estar en el estadio disfrutando de este espacio”.

Detrás de esa mancha rosada también hay gestión. Hay una apuesta institucional liderada por la gobernadora Adriana Magali Matiz y ejecutada desde la gerencia por Victoria Castillo, quien ha insistido en que la industria también puede ser puente social. Bajo su liderazgo, Tapa Roja Solidario se consolida como uno de los primeros proyectos sociales en Colombia impulsados por una empresa de licores, con más de 3.500 personas beneficiadas.

Pero más allá de las cifras, lo que quedó esa noche fue la imagen: cien mujeres de rosa abrazándose en un gol, gritando como niñas, olvidando por un instante el peso de las responsabilidades.

El fútbol, como la vida, dura noventa minutos y un poco más. Sin embargo, hay partidos que se quedan para siempre. Y para ellas, esa noche en el Murillo Toro no fue solo un encuentro entre dos equipos: fue la certeza de que su trabajo importa, de que alguien las ve, de que también merecen estar en la tribuna de la alegría.

Porque a veces transformar vidas no empieza con grandes discursos, sino con gestos sencillos: una boleta, una camiseta, un asiento en el estadio. Y una mancha rosada que le recordó a todo el Tolima que la solidaridad también sabe celebrar.

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