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Tres en uno, ahora solo existe la casa.

Tres en uno, ahora solo existe la casa.

Recibí un video donde hablaban un poco del libro, Muerte y Vida de las Grandes Ciudades de Janes Jacob, escrito hace más de 50 años; cae como anillo al dedo en tiempos de pandemia. Su autora hace parte del hall de la fama y ocupa uno de los primeros lugares en materia de urbanismo en el mundo. Jacob es abogada y su análisis se justifica desde el sentido común en la construcción de las ciudades desde la proximidad de las personas. 

El libro parte de dos premisas, la seguridad y la privacidad, resumidas en últimas en la construcción de los barrios a partir del quehacer cultural y convivencia de las personas. Contrario a lo planteado por los urbanistas americanos e ingleses donde el automóvil se convierte en eje fundamental para el crecimiento de las individualidades. 

En ese desarrollo del ser social partimos de tres escenarios para el bienestar de la comunidad: La casa, lugar ideal para cumplir con el ser hijo, papá, nieto, esposo. El trabajo, lugar fundamental para la creatividad y desarrollo funcional como técnico o profesional, y los espacios sociales como las calles, el barrio, los bares, restaurantes, cinemas, centros comerciales, estadios, por nombrar algunos. 

Con las medidas de aislamiento social pasamos entonces a un nuevo panorama donde la cultura del miedo toma mayor fuerza y nos confina a un solo escenario para el desarrollo de nuestro ser hombre o mujer, la casa. El lugar de trabajo y lo social pasan a un segundo plano, se pierde, se diluye. 

Las multinacionales encontraron que el teletrabajo redujo sus costos operativos hasta en un 35% y piensan que el modelo puede funcionar de ahora en adelante. Sus áreas de trabajo, más de un millón de metros cuadrados serán destinados a otros proyectos, ya no los necesitan y requieren capital para reinvertirlo en nuevas ideas. 

La pregunta que está en el aire ahora cuando muchos medios de comunicación hablan de la sociedad después de la pandemia es ¿qué va a pasar con nosotros?  Nos convertiremos en “individuos incorpóreos, asépticos y estadísticos”, la gran masa centralizada en un solo espacio, la casa. 

En el prologo del libro se encuentra este fragmento “Se ha agudizado la tendencia a acuartelar los niños para protegerlos de la calle que había sido uno de los instrumentos claves para su socialización”. Llegamos entonces a confinar a toda una sociedad que vivirá desde la incertidumbre de nuevos virus porque después del Covid19 llegaran otros remasterizados como el SARS2021, por decir un nombre cualquiera.

Existirá entonces una nueva arquitecturización donde perdamos libertades y nos hagan ver que desde nuestras casas, único escenario, se puede construir un nuevo modelo económico y de sociedad. Pasó hace unos años con los centros comerciales, y ahora los vemos como parte del paisaje. No entendimos en ese momentos que se perdía el diálogo social en donde se remplazaron los espacios de valor donde crecieron nuestros abuelos, lugares que los hacían más libres, por ejemplo. 

Las multinacionales tienden redes para un nuevo modelo económico, y la gente se sentirá privilegiada por tener un empleo donde se asuman los costos que redujeron las empresas al mandar a más del 35% de un personal al teletrabajo. A través de la figura de free lance se perderán las responsabilidades en materia de seguridad social, por ejemplo.  

Todos los escenarios de desarrollo social desde la casa llevarán a un control total por parte de los Estados. La esperanza se centra como dice Jacobs, en continuar viviendo la vida desde las aceras “conformado por microprocesos en los que más que la compenetración entre los elementos orgánicos integrados, lo que se da es un efecto ballet, es decir una suite de iniciativas… en condiciones de dotar coherencia interna a una masa de unidades en permanente agitación. Es decir crear sistemas emergentes. 

El reto como sociedad es grande, la sociedad líquida de la que tanto hablo penetra nuestras vidas hasta los poros y nos llevarán a creer como lo dice su tablet o celular que todo está bien, aunque vivamos en el caos.

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