Opinión
El enemigo no soy yo
Por Alba Lucía Suárez Suárez
*Abogada, Universidad Externado de Colombia. Dra en estudios avanzados de Derechos Humanos.
Este país no está polarizado porque usted piense distinto a mí. Tampoco porque su vecino vote diferente, porque su familiar tenga otra opinión o porque su amigo vea la política desde otro lugar. El problema de fondo es que nos están enseñando a odiarnos mientras otros hacen lo que quieren con el poder.
El enemigo no soy yo. El enemigo no es usted. El enemigo no es otro colombiano tratando de sobrevivir en un país cada vez más cansado. El verdadero enemigo es la corrupción, es el abuso del poder, es la mentira repetida con tonito moral. Es el discurso que habla de derechos mientras debilita las instituciones que hacen posible defenderlos.
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Recuerde que en Colombia los derechos no nacieron con ningún gobierno ni con ningún caudillo. Están en la Constitución, son de todos los colombianos, pero sin un Estado serio, sin funcionarios idóneos, sin jueces respetados, sin autoridades independientes y sin ley para todos, esos derechos se vuelven promesas vacías.
Un derecho no se defiende con gritos, se defiende con instituciones, con reglas claras. Un derecho no sobrevive si quien gobierna cree que puede hacer lo que se le da la gana. Por eso es tan peligroso normalizar que alguien ataque a las autoridades electorales cuando no le convienen sus decisiones, que desconozca la independencia del Banco de la República cuando le incomoda la técnica, que convierta a los jueces, a los órganos de control y a las instituciones autónomas en enemigos políticos.
La democracia no se destruye únicamente cerrando el Congreso o cancelando elecciones. También se destruye cuando algunos pretenden que la ley sea obligatoria para todos, menos para ellos.
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Por eso no caiga en la trampa. Su vecino no es el enemigo, su familia no es el enemigo, su amigo no es el enemigo. El enemigo es quien necesita que usted pelee con ellos para que no mire hacia arriba, para que no pregunte por los resultados, para que no cuestione el continuismo disfrazado de revolución.
El verdadero enemigo es quien quiere un país dividido, obediente y confundido. Colombia necesita ciudadanos libres, instituciones fuertes y que se respete la ley aunque incomode a quien está en el poder.
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