Columnistas
¿Cumbre borrascosa Petro-Trump?
Por Ricardo Oviedo Arévalo
*Sociólogo-historiador-docente
Uno de los planteamientos del método dialecto es que los polos opuestos se atraen y si esto lo aplicamos en las relaciones internacionales es más evidente. En el lejano 1971, la reunión Nixon-Mao, así nos lo indica, esta cumbre fue planificada en medio de la llamada guerra fría, contra la Unión Soviética, conformando un G2, entre China y Estados Unidos, donde lo único que los unía era su animadversión contra Moscú, su objetivo central era dividir el campo socialista y atraer a China a posiciones favorables al bloque occidental capitalista.
El resultado hoy lo vemos, una China que en cincuenta años pasó de ser un país tercermundista a la segunda nación más rica del planeta, convirtiéndose en la fábrica del mundo, allí se demostró que las diferencias políticas pueden ser superadas con buenas propuestas económicas.
Lo mismo pasó en el proceso de paz, entre Inglaterra e Irlanda, conocido el Acuerdo del Viernes Santo, el 10 de abril de 1998, finalizando tres décadas de conflicto violento entre Inglaterra e Irlanda del Norte, demostrando, por lo tanto, que la violencia es mala consejera para lograr los objetivos altruistas de la paz. La antigua guerrilla católica del Ejército Republicano Irlandés (IRA), se volvió un partido político legal y en los últimos años ha gobernado Irlanda sacándola de su atraso económico y social, hoy la tierra de San Patricio, es una de las naciones que más crece económicamente en el mundo.
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En América latina, también tenemos ejemplos de la importancia del diálogo como parte fundamental para terminar conflictos bélicos, como es el caso de los acuerdos de Chapultepec, firmados entre el gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí, en el año 1992, poniendo fin a doce años de guerra civil, hoy El salvador es uno de los países de mayor desarrollo en Centroamérica.
En el caso de Colombia, los diálogos de paz, se han visto enturbiados por actores políticos de ultraderecha y mafias del narcotráfico, que han impedido la finalización del conflicto social que lleva más de setenta años, los esfuerzos para terminar este conflicto, ha trascendido el marco nacional y han participado como facilitadores, entre otros, países: Suecia, España, Noruega, México, Ecuador y Venezuela, también nuestro vecino Estados Unidos, durante los gobiernos de Bill Clinton (1993-2001) y de Andrés Pastrana (1998-2002), se diseñó el llamado Plan Colombia (1999-2015), cuyo objetivo central era la lucha contra la producción y distribución de estupefacientes, por considerarlos los dos gobiernos el combustible que aviva el largo y degradado conflicto armado, diez años después con miles de muertos y desplazados y con más de cien mil millones de dólares gastados por parte de Colombia, su resultado no es enteramente positivo, aunque se debilitó la as FARC, los cultivos de coca, migraron y crecieron haciendo metástasis por casi toda la geografía nacional, lo mismo que sus efectos colaterales, como la corrupción, violencia y debilitamiento de las instituciones democráticas y en el caso norteamericano, aumentaron los drogadictos y el lavado de dinero.
Después de esta costosa experiencia para los dos países, hay que retomar nuevamente las vías del dialogo directo entre gobiernos y sus presidentes, sin amenazar con aranceles, sanciones pecuniarias y descertificaciones, que antes que ayudar, enrarecen el ambiente, impidiendo ver realmente la luz al final del túnel, que no es otra, que apoyar en el caso colombiano, al gobierno y a la sociedad civil fortaleciendo sus instituciones democráticas surgidas de elecciones limpias e incuestionables y por lo tanto, no se pueden usar como argumentos válidos para solucionar problemas políticos de naciones hermanas como Venezuela, donde se ha querido mezclar el tema del narcotráfico con la necesidad de aprovecharse de sus ricos recursos naturales y además, de la legitimidad de su gobierno.
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Por eso hay que apoyar la cumbre Petro-Trump, que se va a realizar la próxima semana, para ello, hay que dejar en el perchero, todo tipo de prevenciones sobre sus dos protagonistas, ambos temperamentales, locuaces y firmes en defender sus puntos de vista, pero lo cierto es que está en juego mucho más que el apoyo a las viejas y desgastadas élites políticas regionales, es el desbarajuste de todo el sistema internacional de convivencia y cooperación, surgido a partir del periodo de pos segunda guerra mundial y por lo tanto, regresar a la ley de la selva, donde se impone la ley del más fuerte, desestabilizando, de esta manera, la convivencia internacional y la paz mundial.
Por eso se hace urgente, retomar la vía del diálogo sincero y propositivo, necesario para fortalecer nuestras instituciones y lograr la esquiva paz, sin dejarse llevar por los consejos, prevenciones, bulos y esquemas anticuados, propagados por los mismos actores que cuando gobernaron fueron culpables de esta crisis, cerrando con su tozudez los caminos del diálogo entre los actores en conflicto.
Por lo tanto, en Washington se estará jugando la suerte de América Latina y del mundo, pero en especial, el rumbo de Colombia en el siglo XXI, sus resultados marcarán un antes y un después. Esta puede ser una cumbre del diálogo y del respeto entre las partes o al contrario sería una cumbre borrascosa, que en este momento no le sirve a nadie, sólo a los traficantes de todos los pelambres.
ZONA DE DISTENSIÓN: Aparecen las vallas políticas y nos demuestran el nepotismo de las familias que se creen dueñas de los votos. El 29 de enero con Cepeda se llenó la plaza Murillo Toro, sin tamales ni lechona, en el cotarro político tradicional se nota nerviosismo, ¿Será que se les está acabando el negocio?
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