Periodismo de análisis y opinión de Ibagué y el Tolima

Opinión

Un país de liberal a progresista

Un país de liberal a progresista

Por Carlos Estefan Upegui

*Exgobernador del Tolima 


Lo que en principio podría interpretarse como un pleonasmo, representa nada más ni nada menos que una verdad de a puño equivalente al giro que ha dado el país durante los últimos años, en especial las huestes liberales históricamente movidas por el reclamo de los inconformes por un mundo más justo; pasando a ser esta, al parecer, una consigna de los progresistas y no la suya.

Podría estar equivocado en mi apreciación, ojalá fuese así pero incluso, algunos pueden afirmar que el liberalismo se quedó viviendo de sus laureles, mientras implacablemente la dinámica de otras organizaciones políticas se centra en la bandera de las reivindicaciones sociales y demás peticiones del pueblo.

Realidad que ha de comprobarse en las próximas elecciones del 8 de marzo, cuando desde ahora se sabe que el liberalismo ha dejado de ser la fuerza mayoritaria de otros tiempos, superado por coaliciones de izquierda.

Ha perdido cohesión y se ha declarado independiente del actual gobierno a un alto costo, enfrentando una crisis de representación frente a las nuevas fuerzas que definen la agenda política.

Soy liberal, lo he sido y seguiré siéndolo, pero no comulgo con tan garrafales e insensatas equivocaciones. Y espero que mis puntos de vista no se presten para equivocadas interpretaciones, porque solamente me anima, desde mi sala de estudio, y en estos momentos desvinculado totalmente de la actividad oficial, expresar mi preocupación por el futuro del partido y del país.

Digamos por ahora entonces, que lo sucedido en la colectividad roja a nivel nacional es la consecuencia de una falla estructural, orgánica, más de dirección y de inacción, porque ideológicamente se mantiene el mismo propósito entre los copartidarios, pero no en la cúpula, abriéndole paso al Pacto Histórico como una oportunidad de volver a conectar con las necesidades del pueblo, convocando las grandes mayorías unidas para hacer valer sus derechos.

El político colombiano tradicional y su desconexión con la realidad ha llevado a generar descontento, desinterés y pérdida de identidad en los que votan. 

Entonces, la redefinición del liberalismo debe pasar tanto por el relevo de sus líderes como de sus propuestas, lo cual implica también reconocer y adaptarse a las nuevas dinámicas sociales y políticas del país.

El liberalismo colombiano requiere por lo menos, de un liderazgo fresco y conectado con las nuevas generaciones. Con un enfoque más participativo y descentralizado. Y, por supuesto, con propuestas innovadoras que aborden temas como la desigualdad, el cambio climático y la justicia social, entre otras. Pero por sobre todo que generen confianza y compromiso entre sus seguidores.

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