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Estabilidad fiscal: un paso valiente, pero con la urgencia de proteger la inversión

Estabilidad fiscal: un paso valiente, pero con la urgencia de proteger la inversión

Por Felipe Ferro


El descalabro financiero y el derroche burocrático que el gobierno anterior nos dejó como herencia exigían medidas urgentes, valerosas y responsables. Por eso, el país recibe con alivio el anuncio del presidente Abelardo de la Espriella, quien a través del Decreto 1585 del 22 de octubre de 2026, oficializó un recorte en el presupuesto de 13,8 billones de pesos.

Esta decisión es un mensaje de seriedad a los mercados, a las calificadoras de riesgo y, sobre todo, a los bolsillos de los colombianos. La estabilidad fiscal de la Nación estaba en juego y este gobierno ha demostrado que no le temblará la mano para poner la casa en orden.

Desde el Centro Democrático respaldamos esta voluntad de austeridad. Como bien lo ha señalado nuestro senador tolimense, Juan Caicedo, celebramos profundamente que dentro de este ajuste se haya logrado un recorte en los gastos de funcionamiento por 1,85 billones de pesos, lo que representa el 13,4 % del recorte total. Es un excelente comienzo para empezar a desmontar esa nociva costumbre de crear cargos innecesarios y gastar a manos llenas los impuestos de la gente trabajadora.

Sin embargo, como partido de gobierno y con el deber de aportar siempre desde la crítica constructiva, no podemos ocultar una enorme preocupación frente a otro componente del decreto: el recorte de 5,92 billones de pesos en inversión, equivalente al 42,8 % del total del ajuste.

La apretada de cinturón, indispensable en este momento histórico, debe recaer mayoritariamente sobre la burocracia y el funcionamiento del Estado, jamás sobre la inversión. La inversión pública es la que hace crecer al país, la que jalona la economía desde las regiones, la que genera empleo en el Tolima y la que actúa como el verdadero motor para la superación de la pobreza. Las obras, la infraestructura y los programas de desarrollo hay que cuidarlos y aumentarlos, no sacrificarlos.

Hoy, la estructura de nuestro presupuesto nacional sufre de un desequilibrio que tenemos que corregir: por cada peso que se destina a inversión, hay 4,5 pesos destinados a funcionamiento. Esta proporción es insostenible si queremos ser un país competitivo. Por ello, insistimos en la propuesta estructural que hemos abanderado desde el Centro Democrático: es imperativo reducir como mínimo el 2 % del Producto Interno Bruto (PIB) en gastos de funcionamiento, lo que equivaldría a un ahorro cercano a los 40 billones de pesos. Ahí es donde está la verdadera grasa que el Estado debe quemar.

El presidente De la Espriella ha dado un primer paso fundamental para salvar la economía nacional tras cuatro años de improvisación y populismo. El rumbo es el correcto y cuenta con todo nuestro apoyo para seguir devolviéndole la confianza al país. Ahora, el gran reto será enfocar la tijera en el gasto improductivo del Estado para que la inversión, que es la sangre que le da vida a nuestras regiones, fluya con más fuerza que nunca.

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