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Opinión

Los planes de Heilbron

Los planes de Heilbron

Por Elí Zuleta
Médico cirujano


No deja de llamar la atención que médicos con gran trayectoria clínica, acostumbrados a que cada decisión puede conllevar aciertos o consecuencias reales en un paciente, busquen intervenir un sistema que desde hace un par de años muestra signos claros de iatrogenia.

Por ello, en una reciente conversación con mi colega, el doctor Oscar Heilbron, cirujano cardiovascular y hoy aspirante al Senado de la República con el #15 de Salvación Nacional, hablamos sin tapujos ni politiquería sobre el estado actual del sistema de salud, desde nuestras propias experiencias y enfocándonos especialmente en la perspectiva de Heilbron.

El médico explicó de manera comedida sus motivaciones para incursionar en la política, como si se tratara de una nota de protesta frente a las reformas diseñadas en el Salón Elíptico, que —según él— ignoran la realidad asistencial.

Una de sus principales críticas apunta a la creciente carga administrativa que enfrentan los profesionales de la salud, obligados a realizar cursos repetitivos que poco aportan a la calidad de la atención y que, por el contrario, se convierten en un gasto rutinario para los profesionales, sin verse reflejado como una oportunidad real para mejorar el currículo.

Consecuentemente, uno de los puntos más interesantes de la conversación fue su postura frente a la estabilidad laboral. A diferencia de otros sectores que reclaman regímenes especiales para todo el gremio, Heilbron rechaza esa vía, considerando que los antecedentes de esquemas diferenciados han generado más distorsiones que soluciones.

Para muestra de un botón, menciona que el régimen especial de los maestros es un claro ejemplo de ello. En su lugar, plantea la necesidad de una formalización real, en la que la vinculación del profesional de la salud quede enmarcada dentro del régimen ordinario, eliminando los contratos por prestación de servicios y la tercerización, prácticas que paradójicamente persisten con fuerza en los hospitales públicos del Tolima.

De la misma manera, el debate sobre la atención rural ocupó un lugar relevante. Heilbron cuestiona el modelo actual del Servicio Social Obligatorio, al que califica como un esquema desactualizado que expone a médicos recién egresados a escenarios de alta complejidad con escaso respaldo institucional, muchas veces inexistente, pues las autoridades territoriales de salud no tienen claridad sobre su función y poco o nada les interesa el bienestar del médico rural.

En departamentos con amplia ruralidad como el Tolima, esta crítica no es menor. Su alternativa consiste en eliminar el año rural como requisito para la obtención de la licencia profesional y reemplazar la obligatoriedad por un esquema de puestos de trabajo atractivos y bien remunerados, capaces de atraer a médicos experimentados a las zonas apartadas del país, fortaleciendo especialmente la medicina familiar como eje del primer nivel de atención.

Por ello, considera que la formación médica debería ser replanteada. Para Heilbron existe una marcada desproporción entre los cupos de pregrado y posgrado en Colombia, situación que alimenta la frustración de miles de médicos jóvenes.

Su propuesta —controvertida sin duda— plantea revisar el rol exclusivo de las universidades en la formación de especialistas y avanzar hacia modelos donde hospitales y clínicas asuman un papel central, similar a lo que ocurre en otros sistemas de salud, en los cuales el residente de una especialidad médico-quirúrgica es un trabajador en formación y bien remunerado.

En el plano político, el diagnóstico que plantea Heilbron es el de una democracia tensionada, pero recuperable. Advierte sobre la ausencia de estadísticas confiables en salud pública y señala el aumento sostenido de las tutelas como un síntoma de la desconfianza ciudadana en el sistema, desconfianza que —según afirma— ha sido incentivada por el gobierno actual.

No obstante, insiste en que cualquier reforma debe preservar las libertades básicas de los usuarios y de los profesionales de la salud, evitando las concentraciones excesivas de poder.

Más allá de las simpatías o reparos que puedan generar sus planteamientos, la conversación con Oscar Heilbron deja una impresión clara: la de un profesional que lleva al debate público preguntas incómodas que el sistema y la sociedad han postergado durante años.

Ahora bien, que esas ideas sean viables, sostenibles y políticamente posibles es una discusión abierta, en la que el elector tendrá la última palabra al elegir y ejercer control político.

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