Columnistas
Cuando la sociedad civil hace la tarea
Por Elí Zuleta
*Médico cirujano
Hay que hablar de 7.290. Ese es el número exacto de raciones alimentarias entregadas en el último trimestre de 2025 en Villa Prado, Las Delicias y El Bunde. Detrás de ese dato hay 90 niños que tuvieron asegurado casi el 40% de su requerimiento nutricional diario. Este impacto no es un esfuerzo aislado, es el resultado de una alianza estratégica con el proyecto Pan de Vida Kids de la Alcaldía de Ibagué, encabezada por nuestra alcaldesa Johana Aranda y por la Directora de infancia y Juventudes, la Dra. Gloria Ivonne Hurtado.
Quienes lanzaron dicho proyecto convocando a ongs e iglesias, con la finalidad de alimentar a más de 1.000 niños agrupados en 34 comedores, y a su vez integrando a la comunidad para lograr la transformación que nuestra ciudad necesita, dicho llamado no podía pasar desapercibido para la Fundación Dulce Hogar Elohé, quien se movilizó y sin pensarlo dos veces, se integró en la iniciativa con la apertura de 3 comedores en barrios donde el empleo informal y la precariedad son la regla.
Sin embargo, reducir el trabajo de un año a una cifra de almuerzos sería quedarse en la superficie. Lo que ocurrió en 2025 fue el paso del simple asistencialismo a una intervención integral.
La pobreza es un monstruo de varias cabezas. No es solo el hambre; es el rezago escolar, la depresión que nadie trata, la violencia en casa y esa exclusión que parece hereditaria. La apuesta fue atacar varios frentes al tiempo: cuerpo, mente y proyecto de vida.
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Un ejemplo claro: quince personas se lanzaron a validar su bachillerato. Seis lo lograron, y el dato clave es que el 100% de las graduadas fueron mujeres. En una ciudad donde la pobreza tiene rostro femenino, seis diplomas nuevos significan autonomía económica y un golpe seco a los ciclos de exclusión. ¿Hubo deserción? Sí, nueve estudiantes no terminaron, principalmente por la carga del cuidado del hogar y la urgencia de salir al rebusque. Esa realidad no invalida el modelo; al contrario, le pone cara al problema estructural que la política pública todavía tiene pendiente resolver.
Mientras tanto, en Villa Prado, Las Delicias y el Bunde, los comedores infantiles dejaron de ser solo un punto de entrega de comida para volverse una "zona segura". Allí, 90 niños aprendieron en la Escuela de Convivencia que los conflictos no se resuelven a golpes. La combinación fue ganadora: nutrición (vía Pan de Vida Kids) + formación en valores + seguimiento psicosocial. Los resultados fueron directos: menos riñas y más comunicación asertiva.
La salud mental también dejó de ser un tabú. En sectores como Altos de Caracolí y Milagro de Dios, más de 100 personas pudieron conocer de primera mano la ruta de salud mental, y que ir al psicólogo no es una cuestión de locos. Quizás el mayor logro no fue solo identificar casos de riesgo, sino lograr que pedir ayuda psicológica dejara de verse como una debilidad en sectores donde el estigma pesa.
Diecisiete años después de su inicio, la Fundación Dulce Hogar Elohé demuestra que la sociedad civil organizada puede ejecutar con transparencia, medir su impacto y trabajar de la mano con la administración municipal sin perder su esencia, y sin dejarse manosear por la politiquería tradicional. El cumplimiento total de las metas alimentarias y la movilización de voluntarios hablan de una coherencia necesaria entre el discurso y la acción, y claro sin esperar nada a cambio, más que la sonrisa y el agradecimiento de las poblaciones intervenidas.
Claro que hay retos. La tasa de deserción en educación obliga a repensar cómo retener a los estudiantes, y la sostenibilidad siempre será un desafío. Pero lo esencial quedó probado, Ibagué no está condenada a administrar la miseria con discursos. Ya que la ciudadanía se puede organizar junto con sus autoridades para enfrentar con método, indicadores y alianzas sólidas, los problemas que atañen a nuestra ciudad.
Por lo que las raciones de comida dan estabilidad. Los diplomas de bachiller generan movilidad social. Los talleres de salud mental previenen crisis mayores. Pero en un tiempo donde la política suele ser un espectáculo de tarimas y titulares inflados, vale la pena mirar lo que ocurre en los comedores de barrio, en las bibliotecas populares y en las fundaciones. Puesto que allí es donde la transformación social se construye de verdad, así sea con las uñas.
Si usted quiere conocer más de esta labor, síganos en instagram @fundaelohe, revise y pregunte al 350 411 1166. Y si puede, aporte. No se necesita una fortuna; a veces una hora de voluntariado, un mercado o un cuaderno son la razón para que este año podamos seguir ejerciendo la justicia social, porque si Ibagué se une, podremos lograr juntos la transformación que nuestro territorio necesita.
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