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Opinión

La vida es un hueso duro de roer

La vida es un hueso duro de roer

Por Gentil Gómez Oliveros


Nuestro entorno social y económico lo dinamizan hombres y mujeres anónimos que muchas veces pasan desapercibidos, ya sea porque el afán del día a día o, porque la guerra por la supervivencia no permite detenerse a observar con cuidado y valorar con objetividad el aporte que cada uno hace a los procesos que la sociedad construye, en ese sentido el esfuerzo de cada trabajador constituye la esencia de la verdadera riqueza de naciones.

Quiero recordar la vida de don José Manuel Caballero, quien durante su existencia se dedicó a trabajar en el oficio de la latonería, esta humilde labor que él la sabía distinguir muy bien en el sentido de refaccionar con cuidado y tesón las piezas metálicas que componen un vehículo.  Solía decir que "que una cosa era un latonero, y otra muy distinta un ensamblador de piezas como los actuales”, clarificaba al inicio de cada trabajo que su arte consistía en restaurar la pieza con  tal perfección que podía recobrar su línea estética, así como el color y la luminosidad de su pintura.

En el Melgar de antaño ser latonero era una labor muy importante que solo hombres conocidos como ‘Hueso Duro y Saltarín’ podrían lograr, claro está que ninguno logró recobrar la línea estética de la cabina de la volqueta de Jaime Chilaco 

El oficio  del  latonero no es una tarea fácil, requiere  constancia  y disciplina, solo se hace  una pausa para beber una ‘pola’ y seguir hasta lograr el objetivo; su sobrenombre " Hueso Duro"  fue fruto de las bromas típicas de pueblo, su legado de perfección en el trabajo, precio justo y disposición de servicio lo enseñó e  inspiro  a  su inseparable alumno, quien además es su hijo Lucho quien le heredó  su conocimiento, su sobrenombre y buena disposición a trabajar con vocación de servicio.

Don José Manuel conformó una familia con valores y principios, gente trabajadora y amable, mi padre y yo fuimos sus clientes y amigos, recuerdo su seriedad al hablar y su vocación de servir, cómo olvidar su andar rápido y su postura recta, casi siempre en traje de trabajo con su sombrerito de tela, acompañado de su hijo, buscando trabajar para vivir con dignidad.

Hoy despido otra parte de la historia comunitaria de Melgar, también lo despidieron sus amigos y todo el vecindario allá en el Barrio Galán, donde por décadas construyó su casa que era hogar y taller, así que este fue un espacio de convivencia y enseñanza para muchos, es común ver allí los taxis, las busetas, los camiones de la calle del hambre y todos los vehículos siniestrados de la gente del pueblo que hoy lo despedimos con nostalgia por su ausencia, pero a la vez con la alegría de haberlo podido conocer y ser parte de su paso por la vida .

Debo aclarar a los lectores, que ‘Hueso Duro’ es la denominación costumbrista que se le da a la masilla sintética que se usa para aplicar para dar base y acabado final al proceso de pintar un vehículo después de refaccionar como todo un maestro latonero la pieza afectada por un golpe; es importante resaltar que si el latonero no es experto puede aplicar desproporcionadamente este producto para lograr la línea estética causando afectación al proceso de pintura, lo cual se manifiesta en erupciones que se revientan o escarapelan, como se dice en la jerga popular, afortunadamente, ni Lucho, ni su padre aplican estás técnicas. Paz en su tumba y gracias a Dios por sus buenos recuerdos...

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