Opinión
Gloria Beltrán, la ecóloga, la mujer defensora de la casa común
En dos días, la Policía ha incautado grandes cantidades de dinero en carreteras de la Costa Atlántica.
Por Víctor Sánchez
Gestor cultural
La visión mercantil degrada este día histórico para la humanidad. El 8 de marzo se volvió paisaje de centro comercial. Hace 169 años las mujeres de Nueva York se levantaron para exigir igualdad y dignidad en los derechos laborales. Hoy el ecofeminismo, además, expone las conexiones críticas entre la dominación patriarcal de la naturaleza y la subordinación de la mujer.
Un mensaje en redes sociales de una amiga pajarera de la Asociación Tolimense de Ornitología, que invita a voltear los ojos al cielo porque están pasando las “cuaresmeras”, me trajo el recuerdo añejo de la voz y la presencia de una mujer airosa: Gloria Beltrán, la profesora de ecología en la facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad del Tolima, que todos los “Martes de Gloria” en la emisora Ecos del Combeima alertaba a los oyentes sobre el deterioro ambiental, la minería contaminante, el peligro del uso de agroquímicos en los cultivos, la tala indiscriminada de árboles por los urbanistas depredadores y, de tal manera, por su campaña para proteger las aves rapaces migratorias que visitan en esta época de cuaresma el cañón del Combeima, en su ruta hacia el sur buscando refugio por el invierno en la zona norte del continente.

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La distinguí al lado de estudiantes y del profesor Gonzalo Palomino, repartiendo unas hojas amarillas que decían “SOS Ecológico”; mis profesoras de dibujo arquitectónico la miraban perplejas: “tan bonita e inteligente y en esa facha”, comentaban, que abandonó las tardes de piscina en el Club Campestre y se fue a evangelizar y a despertar el interés por los animales silvestres.
Denunció un zoocriadero en Alvarado que se aprovechaba de la pobreza campesina para surtir grandes jaulas de iguanas. “Los zoológicos y zoocriaderos son campos de concentración y de exterminio para los animales”, decía; sus discípulos la seguían. Fundó la Sociedad Protectora de Animales Silvestres del Tolima y creó su propio grupo ecológico de Ibagué, “Sobrevivir”, con quienes realizó campañas contra la caza de las aves peregrinas que recorren de norte a sur el continente americano y que, a su llegada al cañón del Combeima, los campesinos las atrapan y las cazan porque, según dicen, su carne es muy rica y la grasa desenteca a los niños.
Ella nos enseñó qué es una cadena trófica o cadena alimentaria, cómo funciona el control biológico en la naturaleza y cómo ganarle una batalla a la irracionalidad humana que extermina estas especies, que deben volar en paz y cuya caza se logró tipificar como un delito en el Código Penal colombiano.
Sus campañas, su porte altivo y su voz se sentían con respeto entre tanto activista varón y macho del movimiento estudiantil universitario de hace más de cuatro décadas, porque su ánimo no era político: era animadora de la vida cultural. Su bravura de mujer la centró en la causa ecologista, como investigadora que ayudó a divulgar y a generar la sensibilidad necesaria en los estudiantes para defender la vida, la naturaleza, los bosques y, en especial, el agua del río Combeima, al que calificaba como un enfermo grave, al que cada día invadimos con viviendas al borde del río y la sobrecarga de residuos contaminantes.
Hoy que Ataco, el principal municipio minero del Tolima, enfrenta nuevamente un crimen ambiental con la contaminación despiadada de sus ríos por la codicia del oro, recordamos a Gloria Beltrán acompañando la lucha contra la paladraga de Mineros de Antioquia. Sin duda, hoy no alcanzará solo su voz en la emisora para sacar a más de seiscientas dragas ilegales que han abierto piscinas de lodo y de cianuro.
En los comités ambientales, en las escuelas de agroecología, en las personas que protegen la fauna silvestre del país, en los cuidadores y cuidadoras del Parque Centenario de Ibagué, están las evidencias de que la fuerza del conocimiento transforma a las personas. Amansar la conducta humana requiere paciencia y compromiso de la academia. El capitán Palomino y Gloria Beltrán abrieron los ojos no solo a estudiantes y colegas cercanos: son ejemplo para la comunidad global.
El legado de este par de maestros universitarios se manifiesta como una forma de pensar, sentir y vivir, en la ecología profunda, en los proyectos sustentables que reivindican la abundancia, que no se dejan robar la alegría y la esperanza de vivir de otras maneras.
Para Gloria, la ecóloga tolimense, la maestra que vive, canta y pinta en su refugio antioqueño, un abrazo en el Día de la Mujer, que comparto con las mujeres que integran la lista a la Cámara del Pacto Histórico y Alianza Verde por el Tolima; a todas y todos los necesitamos en el Congreso para defender la paz con la naturaleza ante la violencia ambiental que padecemos.
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