Opinión
Cuando una mentira se repite hasta parecer verdad
Por María Alejandra Rodríguez
Periodista. Especialista en comunicación digital y magíster en pedagogía. Jefe de prensa Universidad del Tolima.
Seguramente le ha pasado: recibe una información en redes sociales, luego la vuelve a ver en otro lado, después alguien más la comparte… Y, sin darse cuenta, empieza a parecer cierta.
Un audio de WhatsApp, una imagen con datos alarmantes, una noticia que “todo el mundo está comentando”. No importa si viene de una fuente confiable o no; la repetición comienza a darle un aire de verdad.
Pero, ¿Por qué algo que no necesariamente es cierto puede terminar siendo creído por tantas personas?
Una posible respuesta está en entender que las noticias falsas no circulan al azar. Por el contrario, responden a dinámicas muy concretas del comportamiento humano. Como explica Marc Amorós en su libro ‘Fake News: La verdad de las noticias falsas’, muchas de estas informaciones están diseñadas para captar nuestra atención y provocar una reacción emocional. No buscan convencer con argumentos, sino impactar. Y cuando algo nos indigna, nos asusta o nos sorprende, bajamos la guardia y dejamos de preguntarnos si es verdad.
A esto se suma otro elemento igual de importante: nuestra tendencia a creer aquello que confirma lo que ya pensamos. Investigaciones como las presentadas en el estudio ‘Noticias falsas y creencias infundadas en la era de la posverdad’ muestran que las personas son más propensas a aceptar información que encaja con sus creencias previas o que les ofrece explicaciones simples frente a situaciones complejas. En ese sentido, la noticia falsa no solo desinforma, también tranquiliza: le da sentido a lo que muchas veces no entendemos del todo.
Así, entre emoción y confirmación, la repetición hace su trabajo. Ver una misma información varias veces, en diferentes espacios, con distintas voces, reduce la sospecha. Poco a poco, lo que parecía dudoso empieza a sentirse familiar, y lo familiar, muchas veces, se confunde con lo verdadero.
En redes sociales, la repetición puede ser más poderosa que la evidencia. Y en ese escenario, los usuarios dejamos de ser simples espectadores para convertirnos en parte del problema. Cada vez que compartimos una información sin verificarla, contribuimos a su expansión, reforzando esa sensación de verdad que no siempre corresponde con la realidad.
Tal vez el problema no sea solo que existan las mentiras, sino que hemos aprendido a convivir con ellas sin cuestionarlas lo suficiente. Porque en el entorno digital, repetir no es comprobar, pero sí puede ser suficiente para convencer.
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