Periodismo de análisis y opinión de Ibagué y el Tolima

Historias

Cuatro décadas de la Academia de Historia

Cuatro décadas de la Academia de Historia

Por Carlos Orlando Pardo


Todo pasó hace cuarenta años. Fue cuando bajo la idea y el entusiasmo de Josué Bedoya, hijo de un historiador tolimense y además historiador, nos reunimos un grupo de interesados en el tema con la ayuda del secretario de educación de entonces, Hugo Ernesto Zárate. Éramos todos muy jóvenes, pero con ánimo de trabajo y ahí nació la Academia de Historia del Tolima que cumple cuatro décadas. A casi todos aquellos que empezamos les llegó la hora de su muerte, pero no la del olvido y evocamos por eso a Darío Ortiz Vidales, Armando Gutiérrez Quintero, Josué Bedoya, Eduardo Santa, Alberto Mendoza Morales, Simón de la Pava, Chucho Bejarano, José Ignacio Arciniegas, Camilo Pérez Salamanca y Pedro Bernardino Sosa Rubio.  

Entusiasta fue la respuesta de los convocados como Hermes Tovar, Gonzalo Sánchez y Popeo Jaramillo, por los lados de Bogotá y la de Yolanda Jaramillo, Carlos Gálvez y Jorge Gutiérrez por Ibagué, entre otros, dándonos la tarea inicial de establecer por qué no existía el día del Tolima. Durante meses hubo un encendido debate cuyos mayores y más destacados ponentes fueron Simón de la Pava, José Ignacio Arciniegas y Darío Ortiz Vidales, hasta que por fin se dio y lo hizo oficial por medio de un decreto, el gobernador de entonces Guillermo Alfonso Jaramillo. 

Solo sobrevivimos muy, pero muy pocos de los fundadores y miembros honorarios y llegó la nueva sangre pasando por la presidencia Álvaro Cuartas, Benhur Sánchez y ante todo la tarea de Yolanda Jaramillo, con quien hicimos la colección de pensadores tolimenses, trece libros hechos en Caza de Libros, cuya tarea debe repetir la actual junta directiva. 

La llegada de nuevos miembros como Alberto Santofimio, Carlos Martínez Silva, Guillermo Pérez y Andrés Francel, entre otros, ofrecen una dinámica importante bajo la presidencia de un historiador con experiencia como mi exalumno Hernán Clavijo Ocampo. Nos queda la alegría de la existencia de una academia que ha continuado sus tareas por el bien de la tierra y que seguramente continuará con su misión de estudiar el territorio ofreciéndonos ejemplos.

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