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23 años después, Alberto regresó a Rioblanco

23 años después, Alberto regresó a Rioblanco

Fotografía suministrada por la UBPD

Las calles de Rioblanco fueron el último camino de Alberto. Un féretro avanzó lentamente por el municipio mientras una sirena rompía la rutina. Desde las aceras algunos habitantes se persignaban y otros simplemente bajaban la cabeza. Después de 23 años desaparecido, aquel joven campesino regresaba para ser despedido.

Su historia se remontaba a 2003. Tenía 27 años, era oriundo de Rovira y se encontraba en una finca de la zona rural de San Antonio. Su familia recordaba detalles aparentemente pequeños: una camisa azul, un jean oscuro y un poncho blanco de rayas. Fueron las últimas imágenes que quedaron antes de una ausencia que terminaría extendiéndose por más de dos décadas.

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Siete años después comenzaron a circular versiones según las cuales había muerto en Rioblanco y permanecía enterrado en un campo abierto. La familia no tenía cómo internarse en las montañas para comprobarlo. Saber que posiblemente estaba allí, pero no poder encontrarlo, prolongó la incertidumbre.

Primero acudieron al Comité Internacional de la Cruz Roja. Después, la búsqueda continuó con la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) y la Corporación Humanitaria Reencuentros. Testimonios de habitantes, información de la familia y aportes de firmantes del Acuerdo de Paz permitieron reconstruir una ruta.

Aquel supuesto campo abierto estaba en realidad en el Parque Nacional Natural Las Hermosas Gloria Valencia de Castaño, una extensa zona montañosa entre Tolima y Valle del Cauca. Allí fueron recuperados, junto al de Alberto, los cuerpos de otras personas. Entre ellas había dos adolescentes que, según la información recopilada en la búsqueda, habían sido reclutados forzosamente y murieron tras la detonación accidental de minas antipersonal.

La montaña fue la clave

Entre 2022 y 2025, los equipos de búsqueda realizaron el trabajo de recuperación en una zona de alta montaña. Encontrar los cuerpos fue apenas una parte del proceso. Los restos fueron trasladados al Centro Integral de Abordaje Forense e Identificación (CIAFI) de la UBPD en Bogotá, donde comenzó otra búsqueda, esta vez científica.

El cuerpo de Alberto presentaba una particularidad: todavía conservaba tejidos blandos pese al tiempo transcurrido. Las condiciones del páramo habían favorecido su preservación y permitieron a los especialistas aplicar una técnica de rehidratación de los pulpejos de los dedos para obtener huellas dactilares.

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Esas huellas pudieron compararse con las registradas en su documento de identidad. El trabajo, realizado en coordinación con el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, permitió establecer plenamente quién era aquel hombre que la montaña había guardado durante tantos años.

En mayo de 2026 llegó la noticia que su familia había esperado durante más de dos décadas: los restos correspondían a Alberto. A finales de julio se realizó la entrega digna. Terminaba la búsqueda de un hermano, un tío y un hijo, aunque comenzaba una despedida aplazada durante 23 años.

Los frutos de la vida: Una despedida necesaria

La ceremonia no estuvo marcada solamente por el dolor. Los familiares quisieron recordar al hombre que conocieron antes de que el conflicto lo convirtiera en desaparecido: el hermano protector, el amigo de los consejos y aquel tío que alguna vez apareció de sorpresa en los 15 años de una sobrina.

Durante el acompañamiento psicosocial, un árbol de madera recibió mensajes de la familia. Granadillas y uvas fueron entrelazadas con lana alrededor de sus ramas para representar recuerdos y enseñanzas. Niños, jóvenes y adultos participaron en una actividad denominada Los frutos de la vida”. Después de tantos años buscando respuestas, la familia volvía a hablarle a Alberto.

La entrega se convirtió además en la primera realizada por la UBPD en Rioblanco dentro del Plan Regional de Búsqueda Cordillera Central. En el proceso participaron la Corporación Humanitaria Reencuentros, la Mesa Municipal de Víctimas, la Alcaldía de Rioblanco y firmantes del Acuerdo de Paz.

Pero la historia no terminó frente a la tumba. Después de despedir a Alberto, la familia hizo una nueva petición a la Unidad de Búsqueda: encontrar a otro de sus parientes que continúa desaparecido.

En Rioblanco quedó entonces una paradoja dolorosa. Una familia pudo cerrar una espera de 23 años, mientras otra búsqueda comienza a tomar fuerza. En un territorio donde las montañas todavía guardan historias del conflicto, encontrar a una persona desaparecida significa algo tan elemental como difícil: devolverle su nombre y permitirle regresar a casa.

Nombre cambiado para proteger la identidad de la familia.

Con información suministrada por la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas

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