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La Odisea. Lo que importa es el viaje
Por Ricardo Oviedo Arévalo
*Sociólogo, investigador y docente
“Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias”.
Konstantino Kavafis
La importancia de este relato se debe, ante todo, a que representa la lucha interior de un héroe ordenador del mundo contra sus propios temores. Esta travesía transcurre en medio de una sociedad de clanes en transición hacia Estados mucho más centralizados y, por lo tanto, poderosos.
El relato tiene como eje central el amor del protagonista por su familia y su pueblo, elementos también representados en la mítica Troya y sus invencibles murallas, las cuales solo pudieron ser vulneradas mediante el engaño y la astucia, por medio del caballo de madera lleno de feroces guerreros.
De regreso a Ítaca —después de veinte años de ausencia—, la lucha por el poder se había centrado en la conquista de su esposa, Penélope, por parte de numerosos pretendientes. Ella se dedicaba a guardar fidelidad a su esposo y rey, Ulises, comprometiéndose a casarse con el mejor de ellos una vez que terminara de tejer el sudario de Laertes, el cual tejía de día y desbarataba de noche, haciendo que la ansiedad inquietara la ambición de los pretendientes.
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En su camino, Ulises debe luchar, sobre todo, contra las consecuencias dejadas por la guerra, convirtiéndose en un náufrago de sus propios temores. Estos se ven representados en su combate polifacético contra todo tipo de monstruos y en su regreso del inframundo. Así, la obra no es solo un relato de viaje, sino, ante todo, un tratado ético sobre la condición humana que intenta restablecer un orden social profundamente profanado por la bestialidad de la guerra y la lucha por el poder. Por lo tanto, el sufrimiento aquí no es solo un castigo de dioses caprichosos, sino también responsabilidad de los propios hombres.
La paciencia y la mesura de nuestro héroe son virtudes que Atenea- diosa griega de la sabiduría, la estrategia militar, la justicia y las artes— agradece y forman parte de su éxito al regresar a su reino para gobernar junto a su esposa y su hijo, Telémaco. De este modo, los dioses valoran a un guerrero mucho más racional que Aquiles y lo premian con el retorno al poder tras restablecer el orden alterado por las bajas pasiones humanas.
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Esta narración, construida hace cerca de tres mil años, ha perdurado en el tiempo por representar, ante todo, el espíritu filosófico de lo que hoy conocemos como Occidente; fue fuente de sabiduría para los grandes pensadores de la Grecia helénica y es, por lo tanto, la base de nuestra cultura.
Esto es lo que conduce al éxito de la película del director inglés Christopher Nolan: no solo representa las prevenciones y temores de Ulises, sino también sus propias aprensiones como un europeo que forma parte de las influencias históricas de este relato, convertido en una superproducción cinematográfica. Aunque las críticas forman parte de su propuesta cinematográfica, estas enriquecen el universo homérico de la creación de Europa como un continente cultural.
También hay que destacar la actuación del actor colombiano John Leguizamo, quien interpreta al fiel y humilde Eumeo, encargado de custodiar la memoria del rey de Ítaca en su ausencia.
Por último, como nos dice el poeta egipcio, Kavafis, antes que llegar apresuradamente a una meta, lo importante es gozarse el viaje.
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