Columnistas
¿Arquitectura sin alma? Cuando el diseño olvida la naturaleza
Por: Duqueiro Mora Restrepo
*Arquitecto ibaguereño, egresado de la Universidad Piloto de Colombia.
Residente en Estados Unidos.
Soy arquitecto, y como muchos colegas, alguna vez soñé con diseñar espacios que armonizaran con la vida. Pero en los últimos años he observado, con creciente desilusión, cómo gran parte de la arquitectura contemporánea prioriza el impacto visual, la rentabilidad o la monumentalidad, sacrificando a su paso la naturaleza, la biodiversidad y la salud ambiental.
Bosques arrasados, humedales rellenados, cerros mutilados, aves desplazadas, microclimas alterados… todo en nombre del “progreso”. Pero ¿de qué progreso hablamos si implica destruir aquello que nos da vida?
Recientemente, en mi ciudad, Ibagué, fuimos testigos de la tala de árboles en el histórico Parque Centenario. Un lugar que por generaciones ha sido refugio de sombra, aire limpio y encuentro para la comunidad. La tala no fue solo física, fue también simbólica: una muestra de cómo muchas decisiones urbanas siguen ignorando el valor de lo natural.
- Puede leer: El agua en Ibagué, o Ibagué en el agua
Y esto no es un fenómeno exclusivo de nuestro país. En Estados Unidos, se ha generado controversia por la propuesta de talar al menos 30 árboles nativos en el Estado de Virginia para construir un campus de entrenamiento del equipo de fútbol americano, Los Commanders. ¿Es realmente necesario sacrificar ecosistemas por instalaciones deportivas, cuando existen alternativas más sostenibles?
Mientras escribo esto, recuerdo un libro que me marcó profundamente en mis años universitarios: ´Las ciudades invisibles´, de Italo Calvino. En él, el viajero Marco Polo describe ciudades imaginarias al emperador Kublai Kan, ciudades que no son solo estructuras físicas, sino reflejos del alma humana, de sus miedos, sus deseos y sus contradicciones. Una frase en particular resuena hoy con fuerza:
“Las ciudades, como los sueños, están hechas de deseos y de miedos.”
¿Qué clase de ciudad estamos construyendo cuando nuestros deseos de progreso destruyen la vida que aún nos rodea? ¿Qué miedo nos impide crear sin arrasar?
- Lea también: La Bogotá del miedo
No se trata de demonizar el crecimiento urbano, sino de cuestionar el modo en que lo hacemos. Hay formas responsables de diseñar, construir y habitar. Existen principios de arquitectura sustentable, biofilia, urbanismo regenerativo. Y sin embargo, muchas veces quedan relegados a discursos o proyectos de nicho.
Como arquitecto, me duele ver cómo nuestra profesión, que debería ser puente entre el ser humano y su entorno, a menudo se convierte en instrumento de separación, de daño, de olvido.
No basta con plantar árboles al final del proyecto. No basta con “compensar”. La naturaleza no es un ornamento; es la base. Y cada metro cuadrado que ocupamos sin pensar en ella, es un metro cuadrado robado a generaciones futuras.
Llamo a mis colegas, a estudiantes, a desarrolladores, a quienes deciden desde los escritorios: recuperemos la SENSIBILIDAD. ¡REPENSEMOS EL PAPEL DE LA ARQUITECTURA, que nuestros planos no solo contengan líneas, sino vida!
Porque si seguimos construyendo como si fueramos dueños del mundo, pronto no quedará mundo del cual ser dueños.
(CO) 313 381 6244
(CO) 311 228 8185
(CO) 313 829 8771