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El agua en Ibagué, o Ibagué en el agua

El agua en Ibagué, o Ibagué en el agua

Por: Gloria Aponte García
Mg. En Diseño del paisaje


El título de este texto - muy simple a propósito- hará pensar a los lectores que se trata de una nueva queja sobre la reiterada falta del “servicio” en algunos barrios, de su ineficiencia, o de colapsos en el alcantarillado. Pero no; el verdadero propósito es un llamado a reflexionar sobre nuestra responsabilidad individual, comunitaria, administrativa y política para con el agua, ese bien sin el que no podríamos vivir. Un bien al que reclamamos tener derecho, pero olvidamos los correspondientes deberes.

Ibagué se ha asentado y continúa desarrollándose sobre el llamado abanico de Ibagué. Una formación geológica triangular, originada por la actividad del Nevado del Tolima (entre 200.000 y 10.000 años) y que alberga el singular acuífero subsuperficial que se extiende de manera radial hasta la formación Gualanday, esas montañitas que hacia el occidente nos separan del río Magdalena y que hacen girar hacia el norte el curso de la quebrada Doima y del río Opia.

Acuífero de Ibagué. Fuente: Cortolima 2014

La morfología de nuestro territorio es muy particular y diversa, y por lo mismo, al no ser fácil la comprensión de su lógica desde una geometría simple, se ha preferido ignorarla. En la academia, y por supuesto en la práctica profesional, se definen acciones desde la somera mirada bidimensional y desde la ocupación urbana con prelación del vehículo, convencidos de que el incremento de motorizados es desarrollo y competitividad.

Las numerosas quebradas que configuran y alimentan el acuífero han desaparecido de la vista, en canales, tubos y box culvert y, además, las superficies selladas para todo uso, impiden la percolación y las debilitan progresivamente. Solo se nombran las quebradas, para culparlas, cuando se presenta abundancia de lluvias que, al no encontrar su antiguo lecho, por dónde permear y circular, inundan los usos indebidos que se han apropiado de sus rondas (vías, viviendas, industrias).

Pendientes suaves a ligeramente inclinadas en la geografía, se vuelven muy representativas en la escala humana. La altura equivalente a uno o dos escalones puede convertirse en un problema para el desplazamiento o para el libre flujo del agua.

¿Qué nos corresponde entonces? Pues prácticas sencillas, que sumadas contribuirán a recuperar y mejorar el ciclo natural del agua, ese mismo que aprendimos en la primaria, pero que la irresponsabilidad, el egoísmo y la insensatez han ido diluyendo de la mente y conciencia ciudadana. Para empezar, se me ocurren las siguientes prácticas:

  • Diariamente recoger el agua de la ducha, esa que dejamos escapar mientras sale la caliente, y usarla ya sea en el sanitario, para lavar el piso o para regar las plantas.
  • En lo posible, recoger agua lluvia en los patios con los mismos fines.

Y no es para bajar $500 pesos en la cuenta, sino para una mejor cobertura en la distribución del líquido.

  • Exigir que los lavaderos de carros y motos se sirvan de agua lluvia y dejen de emplear agua tratada, para un oficio que no la requiere.
  • En el diseño y ejecución de vías y andenes, facilitar la llegada de agua lluvia y escorrentía a los árboles y plantas, evitando el uso de agua tratada para este fin. Igualmente, facilitar la percolación, mediante superficies permeables pero caminables donde se pueda.
Superficies permeables: 1) Parqueadero que usa gravilla, contenida con excedentes plásticos de fábrica de tapas. 2) Gramoquín. Fotos propias. 

Esto, por supuesto debe ser promovido por la administración pública, pero PRINCIPALMENTE:

  • La recuperación de las quebradas y ríos en zona urbana, su reconocimiento y señalización, principalmente en la intersección con vías principales. Por ejemplo, las cinco quebradas que son atravesadas por la Calle 60, el río Chipalo cuando es atravesado por la Calle 69, el río Opia cuando es atravesado y totalmente oculto por la Av. Pedro Tafur. Que la comunidad sepa qué son y por qué importan esas intersecciones con lo que mal llaman “caños”.

El reconocimiento, comprensión y divulgación del sistema hídrico que nos soporta y acoge, es el primer paso para respetarlo y aportar a su rehabilitación.

Disposición de basura y aguas servidas sobre la quebrada Guabinal, a pocos metros de la glorieta de la Calle 60 con Av. Ambalá. Foto propia.

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