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Opinión

Líbano: cinco mil millones de preguntas sin respuesta

Líbano: cinco mil millones de preguntas sin respuesta

Por Paula Andrea Tovar Charry


Durante los últimos meses, el municipio del Líbano ha vivido una de las mayores controversias de los últimos años. El centro del debate ha sido el proyecto de empréstito por cinco mil millones de pesos presentado por la administración municipal, encabezada por la alcaldesa Beatriz Valencia, durante las sesiones ordinarias del Concejo Municipal realizadas en el mes de mayo de 2026.

Desde su presentación, este proyecto despertó un amplio rechazo ciudadano. Y es importante dejar algo claro: la oposición no nació en el Concejo Municipal. Nació en las calles, en la comunidad, en los sectores sociales y productivos del municipio.

Veedores ciudadanos, militantes de diferentes partidos políticos, ediles, presidentes de juntas de acción comunal, comerciantes, empresarios, líderes sociales y habitantes del común, fueron los primeros en expresar públicamente su desacuerdo. La principal razón ha sido la misma desde el inicio: la falta de claridad sobre el destino de los recursos y la ausencia, según quienes se oponen al proyecto, de una estructuración suficientemente sólida que genere confianza.

Nadie puede afirmar que el desarrollo del municipio no sea necesario. Por el contrario, todos queremos un Líbano con mejores vías, mayor inversión y mejores oportunidades. Lo que muchos ciudadanos cuestionan es que se pretenda adquirir una deuda de semejante magnitud sin que exista absoluta claridad sobre la ejecución de esos recursos.

Y las dudas no son gratuitas. Basta recordar uno de los primeros convenios anunciados por esta administración entre la Alcaldía Municipal y el Comité de Cafeteros para intervenir vías del sector de Tapias, una inversión superior a los 200 millones de pesos. Hoy, para muchos habitantes de ese sector, esa vía continúa siendo una de las vías terciarias en peor estado del municipio.

Entonces surgen preguntas inevitables: ¿cuál fue el verdadero impacto de esa inversión? ¿Cómo pedirle hoy a la comunidad que confíe en un nuevo endeudamiento cuando aún existen interrogantes sobre obras ejecutadas recientemente?

No se trata de oponerse al progreso. No se trata de impedir el desarrollo del municipio, como algunos integrantes de la administración y concejales afines al gobierno han querido hacer ver. Se trata, simplemente, de exigir responsabilidad en el manejo de los recursos públicos y transparencia antes de comprometer el futuro financiero del Líbano.

También resulta preocupante que desde la administración se haya calificado el debate ciudadano como "shows mediáticos", "ataques" o "saboteos". Gobernar implica escuchar la crítica y responder con argumentos, no descalificar a quienes piensan diferente.

Durante su campaña política, la hoy Alcaldesa fue una fuerte crítica de administraciones anteriores y utilizó todos los mecanismos democráticos para expresar sus posiciones. Hoy, siendo gobierno, corresponde aceptar que la ciudadanía también tiene el derecho de cuestionar las decisiones de su administración.

Igualmente, preocupa que se pretenda desacreditar a la Mesa Directiva del Concejo Municipal y a los concejales que han manifestado reparos frente al empréstito. No puede interpretarse como falta de compromiso con el municipio el hecho de exigir mayor, información, antes de autorizar una deuda que comprometería las finanzas públicas durante varios años.

Por el contrario, muchos de ellos han manifestado que su deber es escuchar a la comunidad y actuar conforme a las inquietudes expresadas por los ciudadanos.

Llamó igualmente la atención que, durante las sesiones ordinarias, algunos concejales promovieran la conformación de una mesa accidental con el propósito de impulsar el trámite del proyecto. Para muchos ciudadanos, ese hecho reflejó el afán por sacar adelante una iniciativa que aún no lograba generar consenso. Y precisamente allí radica el problema.

Cuando una decisión compromete el futuro financiero de todo un municipio, no puede imponerse con afán. Debe construirse sobre la confianza, la transparencia y la participación ciudadana.

La administración ha manifestado que este empréstito permitirá impulsar importantes obras para el desarrollo del municipio. Sin embargo, buena parte de la ciudadanía continúa preguntándose dónde están los estudios técnicos, cuáles serán exactamente las inversiones y cuál será el retorno social de semejante endeudamiento.

Más aún cuando la propia administración ha informado sobre apoyos provenientes de la Gobernación y del Gobierno Nacional para diferentes proyectos.

Entonces, las preguntas vuelven a surgir: ¿dónde está la gestión propia? ¿Dónde está el banco de proyectos que permita gestionar recursos sin acudir como primera alternativa al endeudamiento?

La gestión pública consiste precisamente en tocar puertas, construir alianzas y atraer inversión para aliviar la carga financiera del municipio. Esa ha sido históricamente la diferencia entre administrar recursos y gestionar oportunidades.

Este debate nunca ha sido entre amigos y enemigos del progreso. Ha sido entre dos formas de entender la responsabilidad pública. Una que considera que endeudarse es el camino más rápido. Y otra que cree que primero debe agotarse la gestión institucional, la planeación seria y la búsqueda de recursos externos antes de hipotecar el futuro financiero del municipio.

Finalmente, resulta equivocado reducir esta discusión diciendo que quienes protestan son "cuatro o cinco pelagatos". Las manifestaciones de rechazo han venido de múltiples sectores de la comunidad, incluyendo ciudadanos que respaldaron electoralmente a la actual alcaldesa y que hoy expresan legítimas preocupaciones frente al proyecto.

Señora alcaldesa, usted quizá no nació en el Líbano, pero este municipio le abrió las puertas, depositó en usted su confianza y la convirtió en su primera autoridad. Precisamente por eso, hoy ese mismo pueblo tiene el derecho de exigirle respeto, transparencia y responsabilidad.

Escuchar a la ciudadanía no es una muestra de debilidad; es la esencia de la democracia. Descalificar a quienes piensan diferente no resolverá las dudas que existen alrededor de este empréstito.

El Líbano ya habló. Lo hicieron quienes votaron por usted y quienes no. Lo hicieron comerciantes, campesinos, líderes sociales, presidentes de juntas de acción comunal, empresarios y ciudadanos que aman profundamente este municipio. Ese mensaje merece ser escuchado.

Defender las finanzas públicas no es oponerse al progreso. Exigir transparencia no es sabotear un gobierno. Pedir explicaciones no es hacer un show mediático. Es ejercer el derecho y el deber de cuidar el municipio que amamos. El Líbano merece respeto.

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